A fuego lento

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– Abuela, tienes el fuego muy bajo – recuerdo haberle dicho.

– La comida se hace a fuego lento, “abonico”, para que vaya haciéndose poco a poco. Así es como más rico sale – me contestó y explicó amablemente, siempre con la sonrisa y la amabilidad que le caracterizaba.

Sin comprender muy bien aquella explicación la dejé grabada en mi memoria, guardándola en esa parte donde solía dejar todo aquello que tal vez un día tuviese su sentido, aunque al día de la fecha no se lo encontrase. Además, un consejo de una persona mayor siempre era escuchado con máxima atención, sobre todo si éste venía de boca de mi abuela… a fuego lento.

Sí, esta vez voy a meterme entre fogones, pero sin dejar de calzarme las zapatillas, para poner a fuego lento algunas de aquellas lecciones que escuché entonces y que he ido aprendido con el paso del tiempo, sin apenas darme cuenta, cocinándose precisamente así, a fuego lento, tal y como deben cocinarse los verdaderos manjares, otorgándoles el tiempo, la paciencia, la atención y el cariño que merecen.

Cada vez son más los restaurantes o establecimientos de comida llamada rápida, en los que no sólo se elaboran sus platos a la velocidad del rayo, sino que éstos se degluten aún más rápido. ¿Y los platos preparados para cocinar en nuestra propia casa?…

[…] Su sopa hecha con el tradicional caldo de ave casero en tan sólo 5 minutos; deguste la mejor paella con auténtico arroz valenciano en 3 minutos; su chocolate a la taza de sabor tradicional al instante […]

Va a llegar un momento en el que antes de pensar lo que vamos a cenar ya habremos hecho la digestión, o sino al tiempo.

¿Qué me decís de las recetas para cocinar en casa?, hay diferentes maneras de clasificarlas, según autores, pero casi siempre suelen centrarse en el coste económico de los ingredientes que lleve, en la dificultad de elaboración y cómo no, en el tiempo de preparación. La mayoría de las veces, por no decir siempre, lo que prima es ese último factor, determinante para decantarse por una receta y otra…

[…] ¡¿Dos horas y media para hacer un cochinillo asado al horno?! Calla, calla, para eso me cojo el coche y me voy a Segovia, mira otra… ¡¿Una hora y media en hacer un potaje de garbanzos?! ¿Estamos locos?, saca la olla rápida y en veinte minutos tenemos los garbanzos hasta sin piel y la otra hora que nos sobra te doy yo a ti potaje del bueno […]

Bromas aparte y sin exagerar (o sí), creo que todos estaréis de acuerdo conmigo que un buen plato de comida debe preparase a fuego lento, dándole el tiempo que sea preciso, para que todos los ingredientes saquen bien sus sabores y la mezcla de los mismos se produzca de forma gradual y homogénea, consiguiendo de esa manera un manjar en cada plato que cocinemos, aunque sea una simple tortilla de patatas (aunque eso de simple prefiero cogerlo con “pinzas”).

Y sí, al igual que sucede con la comida, si aplicamos la máxima del fuego lento para todo aquello que hagamos, conseguiremos siempre unos resultados excelentes, aunque bien es cierto que el fruto tardará más tiempo en llegar. Porque decidme, ¿no os parece que la vida es un plato de comida que debe cocinarse despacio, “abonico”, como decía mi abuela e ir saboreándolo poco a poco?

Toda ascensión rápida tiene una caída aún más vertiginosa y todo aquello que se consigue poco a poco, despacio, pasando desapercibido, es lo que cuela, cala y queda para siempre o ¿qué opináis de la erosión del aire o el agua sobre una roca?, su efecto no llega a percibirse, pero su resultado es indiscutible.

Como podéis imaginar, ahora es cuando me refiero al protagonista en torno al cual gira este blog: el running. Él es como ese plato que cocinamos al amparo de la lumbre más suave, con mimo y dándole el tiempo que requiere para conseguir sacarle su sabor y todo su jugo… a fuego lento. Cuando comenzamos a correr lo hacemos despacio, sin prisa y así debemos seguir haciéndolo, no despacio desde el punto de vista de la velocidad en sí, pero sí desde la concepción de lo que vamos creciendo, deportivamente hablando.

Para crecer y conseguir avanzar en este deporte tenemos que ser constantes, pacientes y disciplinados, cualidades a las que tantas veces me he referido y que bien podemos comparar haciendo este símil culinario. No hay nada como echar en una misma olla todos los ingredientes y darles el tiempo que requieren, para que el guiso salga en su punto. Si combinamos y cuidamos los distintos tipos de entrenamiento, fortalecemos nuestra musculatura y cuidamos nuestro cuerpo, estaremos siguiendo al pie la letra la mejor receta para ir creciendo dentro de este querido deporte, igual como si cocinásemos nuestro plato preferido… a fuego lento, siempre a fuego lento.

Sí, nos gusta correr y unos lo hacemos más rápido o más lento, pero eso no importa, porque lo importante no es esa velocidad, sino no dejar de comprobar por nosotros mismos el efecto de darle al running lo que él requiere, tiempo, dedicación y paciencia, mucha paciencia. A partir de ahí, él nos concederá los mejores manjares deportivamente hablando que jamás hayamos saboreado.

Y ahora, después de tanto fuego lento, tanto correr y tanto puchero, es cuando vuelvo a recordar las palabras de mi querida y recordada abuela:

– La comida se hace a fuego lento, “abonico”, para que vaya haciéndose poco a poco. Así es como más rico sale… y nunca, nunca, dejes de remover, así evitarás que se pegue.

Creo que todo lo que pueda añadir a esa recomendación sería estropearlo y lo único que se me ocurre decir es:

Que os aproveche, el plato está servido.

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Los mejores platos se preparan… a fuego lento

¿Estás de acuerdo conmigo con la comparación en torno a la cual gira este post?, ¿crees que a fuego lento siempre obtendremos los mejores platos, los mejores resultados o realmente crees que no es necesario? Anímate, deja tu punto de vista y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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