Abracadabra: por arte de magia

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– Recuerda, Carmela, todo es magia, sencilla y pura magia, no hay nada más –le dijo la vieja.

– Abuela, ¿magia de esa que hacen los magos, cómo si sacaran un conejo de su chistera?, ¿ese tipo de magia? –preguntó ingenua y despistada la niña.

– No, cariño, no, de esa no… eso no es magia, eso son nada más que trucos, mejores o peores, capaces de engañarnos a todos y hacer, ante nuestros ojos, que las cosas parezcan lo que no son. La magia a la que yo me refiero es a esa que aparece sin darnos cuenta, sin esperarla, sin buscarla y te atrapa por completo –aclaró la abuela, ante la atenta mirada de la niña.

– ¿Y cómo puedo saber que tengo esa magia?, ¿cuándo aparece esa magia? ¿Tú tienes esa magia, abuela… y mamá, también la tuvo? –la pequeña estaba ávida por saber y su ansia la turbaba.

– Lo de tu madre fue de todo, menos magia… jodida zorra. No temas, cuando la magia llegue a ti lo sabrás, pero no tengas prisa por ello… y recuerda que la magia puede ser buena o mala. Solo la magia que llegue a ti sin desear, sin esperar, sin necesidad de tenerla será la buena y aquella que busques, aquella que anheles y necesites será la peor que puedas soñar… la magia te buscará, no tengas prisa y si de verdad la mereces, la tendrás. Todo lo demás será mentira, una simple y gran mentira –concluyó la abuela de la pequeña.

[…]

La magia puede ser buena o mala… te buscará, no tengas prisa y si de verdad la mereces, la tendrás. Todo lo demás será una gran mentira.

– Puta vida, puta jodida vida –se repetía una y otra vez, mientras en su cabeza resonaban, como un eco interminable las palabras que quedaron grabadas en su interior cuando apenas había cumplido su primera decena de años.

Ahora, cercana a alcanzar la cuarta decena y con evidentes señales del paso del tiempo en su rostro se preguntaba por qué extraña razón había sido un potente imán capaz de atraer tan solo aquella magia que debía haber mantenido muy, muy alejada de ella, tanto como lo inversamente proporcional que la había tenido desde sus primeros años de pubertad. Tal vez fuera ese exceso de fuego que siempre había tenido entre sus piernas

Carmela, recuerda que los hombres son los peores depredadores, capaces de oler el olor de tu coño a tres manzanas de ti y como noten que eres tan ingenua como ardiente te van a usar a su antojo. No seas puta o al menos que no se te note, ni seas tonta y no les des aquello que vayan a buscar o de lo contrario terminarás tirada y olvidada en la cuneta de cualquier camino… recuérdalo.

De nada le habían servido aquellos consejos de su recodada abuela, tan acertados como poco delicados, pero incapaces de encontrar asiento en una cabeza donde los pájaros de la infancia habían volado demasiado rápido para alcanzar una magia que buscó en las braguetas de redomados malnacidos; canallas que la utilizaron una y otra vez a su antojo, incapaces de ver en sus bondades nada más que el capricho de sus deseos y en su ingenuidad el abono perfecto para germinar un palmo de tierra lleno de mentiras que tan solo ella creía y terminaban haciendo que siempre se sintiera de la misma manera: engañada y abandonada.

Cuatro niños de tres parejas diferentes, engendrados de seis relaciones mantenidas, un apartamento propio con tres habitaciones heredado de su vieja consejera, cuya imagen gobernada desde el fondo del pasillo que se veía nada más entrar a la casa, y un trabajo como asistenta de limpieza en una explotadora empresa de mantenimiento, concesionaria del ayuntamiento para velar por la higiene de los tres centros deportivos de la pequeña ciudad.

Fue en uno de esos centros donde conoció a su última conquista: un yonqui de clembuterol venido a menos, que años atrás había llegado a ser campeón de la comarca de halterofilia y que ahora se había autoimpuesto el título de entrenador personal y monitor de running, gracias al visto bueno de un amigote, miembro de la dirección del centro.

– Puta vida, puta jodida vida –se repetía una y otra vez, mientras caminaba entre la multitud. Aún se preguntaba qué demonios hacía allí, pero al mismo tiempo intentaba buscar una respuesta que diese sentido a esa magia que nunca había conocido y que había terminado por comprender que tan solo formaba parte de la imaginación de una vieja chocha que había querido con toda su alma, pero que también había jugado, sin querer, con esa ingenuidad que le caracterizaba… se cogió el dorsal torpemente a su camiseta con tres imperdibles.

En casa todos dormían: la mayor, inconsciente, a medio tapar y desnuda de cintura para abajo, el mediano, con la camiseta de la selección española de fútbol, dormido profundamente sobre la colcha de color granate y junto a él, los dos pequeños en la litera contigua, con los pañales como única prenda de ropa. Los rayos de sol se colaban por la persiana a medio bajar y una leve brisa suavizaba el calor acumulado de las primeras noches de verano. En el dormitorio principal un gran charco de sangre empapaba el colchón de matrimonio, sobre el que yacía inerte el monitor, despojado de parte de sus genitales, con los ojos cerrados y una camiseta gris con la leyenda:

JUST DO IT.

El arco de salida se encontraba a poco más de cincuenta metros y bajo sus gafas de sol se ocultaba una mirada perdida, que por primera vez había dejado de buscar aquella ansiada magia. Sus manos, limpias, recién lavadas, no escondían la sangre de su ira y sus piernas tan solo querían comenzar a correr para dejar atrás de una vez por todas esa estúpida creencia de mágicas y desafortunadas consecuencias.

Sabía lo que le esperaba al final de aquellos 10K, cuál sería su hogar en los próximos años, pero lo que no podía imaginar es que el destino por fin había reparado en ella… el mediano se había despertado para beber agua y alertado por la gran cantidad de sangre avisó al Servicio de Emergencia que milagrosamente consiguieron salvar la vida de aquel reincidente pederasta; Carmela quedó exenta de cargos gracias a un jurado popular entregado y los niños dejaron de conocer nuevos padres adoptivos.

[…]

El fuego de su entrepierna se había apagado para siempre y a partir de entonces comenzó a atraer, sin darse cuenta, una magia que le cambiaría la vida para siempre, mientras corría cada martes, jueves y sábados en la pista del barrio, donde un separado de poco más de cuarenta años comenzó a darle consejos para mejorar su zancada… esa con la que, sin saberlo, había comenzado a caminar en su nueva vida.

– Puta vida, puta jodida vida –se repitió mientras se ataba las cordoneras de sus zapatillas, ahora que ya había comprendido que no hay como no desear absolutamente nada para que todo llegue a ti como por arte de magiasonrió y empezando a correr se dijo:

Abracadabra: puta magia.

Y corrió

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Magia, puta magia… pura magia

En ocasiones la magia no necesita de una varita, ni de la destreza de un mago más o menos cualificado, tan solo basta con creer en ella y esperar sine díe a que esta llegue a ti… los consejos de su abuela fueron la mejor herencia o quizá su peor condena, en cualquier caso imaginó, soñó con esa magia y al final esta llegó a ella justo cuando todo parecía perdido. Si te ha gustado este relato corto, compártelo. Muchas gracias.

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