Actitudes que motivan, motivos que hacen cambiar de actitud

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Desde un tiempo a esta parte se recurre con frecuencia, con demasiada frecuencia, a hacer referencia a la actitud, con el propósito de adoptar posiciones encaminadas a mejorar nuestra predisposición frente a problemas que puedan surgirnos o simplemente a sobrellevar el día a día, sin más.

En la sociedad en la que nos encontramos parece como algo cada vez más habitual mostrar una actitud basada en la fuerza, imprescindible para salvar cualquier escollo o mantener el paso firme. Pero no es una fuerza física, de esa que muestra un cuerpo de acero, desde el punto de vista muscular perfectamente armado y con una apariencia de cachotas envidiable, no claro que no. Esa actitud basa su fortaleza en los principios más elementales y en las cualidades que todo ser humano tenemos, pero no todos somos capaces de desarrollar o explotar.

Sí, de la mano de la actitud va, indudablemente, la confianza, como no podía ser de otra manera. Confianza en uno mismo, en nuestras capacidades y en nuestras posibilidades, sin dejar de lado la objetividad y nuestra capacidad de análisis y conocimiento propio, fundamentales para saber dónde estamos y hasta donde podemos llegar, porque como dije no hace muchos días, la palabra imposible por supuesto que existe y no creamos que vamos a ser capaces de lograr todo aquello que nos propongamos, porque entonces nos vamos a llegar un varapalo de esos que hacen historia.

La actitud, la buena o mala actitud, esa predisposición natural, es algo con lo que se nace, aunque también es cierto que esta puede y debe educarse, no solo de manera autónoma, sino también gracias a quienes nos rodean, viendo en ellos un ejemplo claro de lo que se puede llegar a conseguir con nuestra actitud. Está claro que los ejemplos de Pepito o Juanito que han logrado este o aquel premio son claves para comprender que con trabajo, constancia y confianza pueden conseguirse los objetivos marcados, aunque resulte más que evidente que no siempre todo lo que intentemos lo conseguiremos.

Y más allá de nuestra actitud, nada como ser espectadores de actitudes ejemplares, esas que representan en toda su magnitud la consecución de metas impensables por sus protagonistas, bien por su envergadura o bien porque, sin ser aparentemente grandiosas, sí lo suponen por la dificultad que entrañan para las personas capaces de llevarlas a cabo. Estoy poniendo mi foco, lógicamente, en el mundo del deporte en general y en nuestro running en particular.

Todos o la gran mayoría, recordaréis ese eslogan publicitario de cierta bebida isotónica que hace años apelaba la capacidad del ser humano para ser extraordinario y es que, más allá de esa campaña de marketing, es cierto que el ser humano es extraordinario, capaz de lo mejor (también de lo peor), y para ello tan solo necesitamos ver algunos ejemplos, los cuales ponen de relieve actitudes que motivan y despiertan la admiración de cualquiera…

En este punto tenía recopilados cinco ejemplos, con nombres y apellidos, capaces no solo de provocar nuestra admiración, sino también de arrancar un sonoro aplauso. Unos son ejemplos de simples personas, protagonistas por ser capaces, con su actitud y determinación, de conseguir retos deportivos formando parte de la, a veces mal llamada, tercera edad; otros son valientes y esforzados luchadores, incapaces de rendirse ante una enfermedad, un accidente o un revés físico que de la noche a la mañana se ven imposibilitados para seguir desarrollando su actividad deportiva y que pese a ello, también gracias a esa actitud y empeño de los que hacen gala, siguen haciendo aquello que les gusta siendo un ejemplo aún más valioso para todos aquellos que los rodean o llegan a conocer. Son, en definitiva, actitudes que motivan, actitudes que enganchan, que contagian… o así deberían serlo para todos.

Pero no miremos solo al deporte, al ejemplo de la superación física, para ver en él modelos que nos ayuden, que nos sirvan de espejo, no, no es necesario, basta con mirar a nuestro alrededor para descubrir los motivos que mueven a tantos superhéroes cotidianos y que, pese a su esfuerzo, su coraje y su tesón, nadie aplaude, nadie reconoce, nadie felicita. Son todas esas personas, anónimas, que no necesitan buscar entre sus bolsillos para sacar motivos que los hagan cambiar de actitud, porque saben que, sencillamente, tienen que seguir para adelante.

Problemas, grandes y pequeños, de cualquier índole y naturaleza, desde el más insignificante hasta ese de imposible solución. En cada uno de ellos existe un motivo y detrás de ese motivo la explicación de una actitud. Motivos que se acaban, otros nuevos que surgen, ellos son nuestro motor y con estos nada como ella, la actitud. Esa que nos hace encontrar el camino que consideramos acertado, seguir cuando las fuerzas escasean, creer cuando la fe se consume… en definitiva seguir, despertarnos, echar la pierna al suelo y seguir, porque siempre hay un motivo, al menos uno, para mantener o cambiar nuestra actitud.

Cuántas veces escuchamos la palabra actitud en boca de la gente y qué pocas veces nos fijamos en ellos, en los motivos, ellos son la verdadera razón y los que ponen a la actitud su traje de realidad.

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Actitudes y motivos

Hoy me han sobrado motivos para hablar de actitud, los dos protagonistas de hoy; un binomio inseparable… y tú, ¿lo crees así? Anímate, deja tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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