Año nuevo

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En la televisión emitían el famoso Concierto de Año Nuevo, desde la capital austriaca, como cada uno de enero. Los chicos apenas hacía un par de horas que habían regresado de dar la bienvenida al nuevo año y dormían profundamente, Adela seguía descansando y aprovechaba la soledad de la cama para estirar sus brazos hasta el lado que ocupaba él cada noche y la zalamera Cloe, una pequeña gata siamesa de color gris, se rozaba entre sus piernas.

Sentado en el sillón, enfundado dentro de su bata azul marino y con un vaso de leche en su mano, miraba la pequeña pantalla sin percibir las imágenes que salían de ella. En su cabeza resonaban, sin justificación alguna, las palabras que meses atrás le había dicho José Ángel, un viejo amigo cardiólogo, durante un chequeo rutinario:

– Tu electrocardiograma presenta una pequeña insuficiencia coronaria, provocada por una vejez prematura en tu corazón. Debes perder peso, hacer algo de ejercicio físico y por supuesto, controlar tu alimentación, puesto que tu elevado peso es un lastre que sólo puede agravar más tu salud – dijo el especialista, sin dejar de mirarle a los ojos, mientras sobre su mesa descansaba el sobre cerrado con el informe de la prueba de esfuerzo.

– Pero, ¿es grave? – preguntó Julio, con la angustia y preocupación que siempre le producía escuchar las palabras de un médico, por muy amigo que fuera, ya que ver esa bata blanca y estar sentado al otro lado de la mesa le provocaba un miedo injustificado que nunca podía controlar. No importaba lo que le fueran a decir, él siempre sentía ese miedo, incluso cuando les dijeron que esperaban mellizos, recogió aquella noticia aferrándose al reposabrazos de la silla.

– A ver – continuó diciéndole – no es grave y no te vas a morir de esto, al menos a corto plazo, jajajaja… es una broma. Relájate, que te noto preocupado y aunque es serio tiene solución, pero eso sí, tienes que concienciarte que si continúas con la misma rutina de vida vas a empeorar tu estado físico; debes controlar tu alimentación y empieza a moverte: comienza a andar, sal en bicicleta o apúntate a natación, en definitiva, haz algo de ejercicio. Cuarenta y cinco años son pocos años para “dejarte” como lo estás haciendo, así que ponte las pilas desde ya. ¿Me has entendido?

Sí, sí le había entendido, le había entendido perfectamente, pero a pesar de sentirse preocupado por su salud, no veía manera de cómo podría salir de esa rutina que marcaba su día a día. “Tal vez, si en vez de una gata, tuviera un perro, con el que me obligase a salir a pasear”, pensó mientras la felina pasaba su lomo entre sus piernas, como si supiese que por su cabeza estaba pensando en llevar otra mascota a casa.

“Hacer ejercicio”, sólo de pensarlo se sentía cansado y lo peor de todo era que no tenía ni idea de qué era lo que podía comenzar a hacer… el concierto de música le estaba provocando un dulce sueño y antes de caer en sus brazos cambió el canal de televisión. Un esquiador, con un casco amarillo y un mono de color verde se preparaba en lo alto de la rampa, esperando que le diesen la señal para deslizarse por la pista y saltar al vacío. El blanco de la nieve daba una mayor luminosidad a la imagen que se reflejaba en su cara. Cloe, hay que tener muchos huevos o estar muy loco, para dejarse caer a la velocidad del rayo y volar como un pájaro, antes de tocar el suelo… mira, mira, mira cómo salta, le dijo a la gata.

Las preocupantes palabras de su amigo, unos meses antes, habían quedado olvidadas por el sabor dulce del cuarto cruasán de chocolate, que comenzó a morder sin apartar la vista de la pequeña pantalla. Ensimismado, observaba los tradicionales saltos de esquí que cada año se repetían una y otra vez y que en esa ocasión emitían desde Oslo. Su pequeña amiga dio un brinco y se puso sobre sus muslos, mirándole con ojos de misericordia, que le pedían calladamente que compartiera con ella lo que se estaba comiendo. “No me mires así que ya te he dado antes… anda, golosa, toma, que te gusta más que a mí. A ti también te voy a mandar hacer ejercicio, jajajaja”, rió al tiempo que la gata se relamía los bigotes, que habían quedado impregnados del azúcar glas que recubría el cruasán.

Cloe subió hasta su barriga, para hacer de aspiradora y comerse los pequeños restos del hojaldre que habían ido cayendo descuidadamente en cada bocado. Apartó la mirada del televisor y se quedó mirándola, observando su lento y delicado movimiento, comiendo cada pequeña miga, una a una, hasta que no quedó ninguna. Ésta levantó su cabeza mirándolo, como pidiéndole más y ante la ausencia de más golosinas, se puso cómoda y acurrucó su cuerpo en el hueco que quedaba entre el lateral del sillón y él, pulsando el botón del mando a distancia y cambiando de manera involuntaria los saltos por el canal de noticias 24 Horas.

“Anoche se celebró la San Silvestre más multitudinaria de los últimos años, en la que más de cuarenta mil personas se dieron cita en la capital para despedir el año corriendo. Esta tradicional carrera se ha convertido en mucho más que una prueba deportiva, es toda una fiesta, donde muchos de los corredores se disfrazaron y contagiaron con su alegría a todo el público que, por miles, abarrotó todas las calles del recorrido…” – decía la presentadora, poniendo voz a unas imágenes donde corredores y más corredores sonreían y saludaban ante la cámara que los había grabado.

– Mira Cloe y encima van riéndose, con lo que cansa y aburre correr… y todos ahí, tan felices, todos a correr, a correr, están como cabras – dijo, acariciando su lomo, sin darse cuenta que la gata hacía minutos que había cerrado sus ojos y dormía una pequeña siesta.

La preocupación que rondaba por su cabeza una hora antes, con banda sonora a cargo de la Orquesta Filarmónica de Viena, se había dejado caer por la esbelta rampa sueca, cayendo sobre un frío manto de nieve que heló parte de esos pensamientos. Unos pensamientos que se colaron en su barriga, junto al sabor de un chocolate que endulzaron la digestión de aquellas palabras que, a esas alturas no fueron capaces de ver en aquellos miles de corredores una manera de empezar a cuidar su salud.

Bebió el último sorbo de leche, dejó el vaso junto a la pequeña mesa de cristal que tenía a su derecha y sin dejar de acariciar a su compañera, comenzó a dejarse vencer por el sueño, mientras imágenes desde diferentes capitales de los cinco continentes, mostraban a gente brindando por la llegada del nuevo año.

Había comenzado un nuevo año, pero eso sólo representaba el cambio del calendario que había colgado en la pared de la cocina. Adela seguía durmiendo, disfrutando de la libertad que le daba estar sola en la cama, soñando con algo que, como siempre, no recordaría. Los chicos tardarían horas en recuperar el desgaste de toda la noche, casi tanto como el tiempo que tardasen sus cuerpos en asimilar el alcohol consumido y la televisión era ignorada a los ojos de Julio, que junto a Cloe, habían sucumbido al tedio y el aburrimiento.

Su pereza y su falta de voluntad para romper su rutina eran mucho peor que esos kilos de más o esa prematura vejez de su corazón, pero su carácter conformista por naturaleza no lo harían cambiar de la noche a la mañana. Había cambiado el año, pero nada más, sólo era un nuevo año, el resto seguiría igual

Sin llegar a despertar sintió un fino dolor que le provocaba la vía que tenía colocada en su mano derecha. Una mascarilla le ayudaba a respirar y el mecánico y rítmico pitido de la máquina que había a su izquierda terminó por sacarlo de su estado de somnolencia. El techo era blanco, con amplias placas metálicas desmontables, a ambos lados había cortinas de color verde que le concedían una cierta intimidad y al frente un ventanal le permitía ver una sala donde varios enfermeros entraban y salían.

En la sala de espera Adela y los chicos aguardaban recibir noticias, Cloe, sola en casa, bebía agua y de nuevo se acurrucaba sobre el sillón de Julio y éste, en una cama de la UCI, acababa de sobrevivir a un infarto que pudo costarle la vida, pero que en esta ocasión le había dado una segunda oportunidad, que ayudó a matar para siempre aquella pereza y que le hizo ver que debía cambiar.

Cerró los ojos y a su mente le vinieron las últimas imágenes que recordaba antes de haberse dormido frente al televisor: aquella gente, aquella marea de gente corriendo se mostraba feliz, alegre, contenta… y se volvió a dormir. Esa vez no soñó, no pensó, nada ocupó su mente, sólo durmió. Ahora sí que había comenzado un nuevo año y en sus manos estaba empezar una nueva vida. Quién sabe si una vida a la que ponerle unas zapatillas, con las que echarse a correr y agradecer esa segunda oportunidad.

Un nuevo año no tiene por qué ser un motivo de cambio en nuestra vida, pero sí que la vida puede darnos un motivo para afrontar de distinta manera un nuevo año. Adela, los chicos, Cloe y sobre todo Julio, habían recibido ese motivo.

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Año nuevo

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3 comentarios a Año nuevo

  • Fernando  dice:

    Propósitos que no duran más que las campanadas o cambios que nos transforman la vida, la diferencia está en saber disfrutar del camino, no solo desear llegar a la meta

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Fernando! Gran alegría “verte” por este rincón; muchas gracias por asomarte y dejar tus palabras. Como bien dices, algunas buenas intenciones se consumen con la uva de la última campanada y a veces nos encontramos, sin esperarlo, con cambios que nos marcan la vida. En cualquier caso lo importante es, simplemente “eso”, disfrutar del camino y no olvidar que el itinerario hasta llegar a nuestras metas es el verdadero triunfo… si después podemos llegar, genial, pero sino lo conseguimos, al menos lo habremos disfrutado, ¿no?

      Aquí tienes tu casa.
      Un abrazo, salud para las “patas” y felices kilómetros.

      Paco.-

  • Cristina  dice:

    Hola Paco:
    Feliz año!!! Para empezar.
    Tarde pero llega no?
    Bueno respecto al relato , ha muchos les abra pasado pero esperemos que muchos cabo en sus hábitos por una vida sana .
    Yo no he cambiado mis hábitos pero si casi mi vida por completo y para mejor espero , así que en mi si se refleja eso de…… Año nuevo vida nueva!!
    Saludos y besos a tus niñas y a tu mujer.

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