Un año se va, que el nuevo año te pille…

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El año está a punto de consumirse y un nuevo año nos espera, nos mira desde la acera de enfrente y tan solo nos resta cruzar la calle para llegar hasta él, como un paso más en nuestro camino, en nuestro continuo camino. Crucemos, caminemos…

Como siempre echaremos la vista atrás, para mirar de reojo todo cuanto ha quedado prendido para siempre en estos últimos doce meses; aquello que de una manera u otra nos ha hecho sentir, emocionar, ya sea de alegría o de tristeza. Momentos dulces, amargos, eternos o efímeros, momentos para no olvidar jamás y momentos para nunca volver a recordar. Una gran parte de nosotros, de nuestra vida, lleva una etiqueta donde figuran escritos los cuatro dígitos de este año que se va y todo eso quedará guardado en un trastero imaginario en nuestro interior, archivado y almacenado por si algún día queremos abrir su puerta y mirar dentro de él… eso quedará tan solo para alimentar momentos nostálgicos.

Es precisamente esa nostalgia la que se mezcla de manera irremediable con los sentimientos de ilusión y esperanza que siempre van ligados a ese paso imaginario que damos para cruzar de un año a otro. El día parece tener una luz diferente, el color del cielo no importa cómo sea, porque se percibe de manera distinta al del día anterior, el aire, la brisa, el viento o la lluvia se sienten de otra manera cuando empieza un nuevo año y hasta nosotros sentimos por un momento que hay algo nuevo en nuestro interior. Es el comienzo del nuevo año.

Propósitos, planes, deseos, promesas… es el momento de sentar las bases para todos los días que nos esperan por delante y en los que confiamos encontrar un buen año. El sonido de las campanadas y el dulce sabor de doce uvas, desatan nuestra alegría, nos emocionamos y brindamos. Reímos, lloramos, nos abrazamos y los besos se convierten en los primeros protagonistas de año que acaba de nacer. Celebramos la entrada en un nuevo año y en nuestra mirada resulta imposible disimular el brillo de aquello que esperamos alcanzar. Y así empieza otro año

Otro año para llenar de ilusiones y buenas intenciones… todo ello tan solo por pasar de diciembre a enero, de treinta y uno a uno, tan solo por cruzar esa línea mágica de un nuevo año, pero decidme, ¿de verdad creéis que es necesario eso para encontrar un motivo con el que soñar?, ¿qué hay de nuevo o de diferente entre ese día o cualquiera de los días en los que sale el sol?, ¿acaso no amanece de la misma manera, no vuelve a ser el cielo ese mismo techo que nos protege cada día? Sinceramente, todo es igual, no hay nada que lo haga diferente, salvo un motivo externo que nos hace pararnos y pensar, detenernos y confiar en lo que puede pasar, sin darnos cuenta que solo nosotros tenemos la llave que nos abrirá la puerta de allá donde queramos entrar.

Por todo ello, que este nuevo año te pille haciendo aquello que te gusta, eso que te mantiene vivo, que te alimenta el alma, en definitiva, que te hace feliz. Sí, que el nuevo año te pille ensimismado en tu quehacer más apasionado, que te sorprenda entregado a aquello que es capaz de hacer viajar a tu imaginación, dibujar una sonrisa en tu rostro, divertirte y por qué no, enamorarte. No importa lo que sea, ¿qué más da cuando lo realmente importante es lo que ello provoca en ti? No esperes a encontrar el momento para hacerlo, propóntelo y hazlo, no confíes en que alguien venga a entregarte ese instante, cógelo tú y regálatelo, no creas en la casualidad, haz que la protagonista sea la causalidad.

Y sí, claro que sí, si correr es lo que causa en ti esos efectos, corre, ponle las zapatillas a este nuevo año y corre, no dejes de hacerlo… que no importe el momento, la hora, ni el lugar, no dejes de correr. Corre tras de ti, búscate en cada kilómetro, entrégate en cada zancada y allí te hallarás. No sabemos qué nos espera, qué nos depara el nuevo año, pero sí sabemos qué podemos hacer para tener en él a un buen compañero de viaje y recuerda, con año nuevo o sin él, solo nosotros somos capaces de decidir qué hacer para que cada día nos pille haciendo aquello que nos gusta… y sí, si lo tuyo, igual que a mí, es correr, corre, no dejes de correr, corre y que la vida te pille corriendo, porque eso es lo verdaderamente importante, que la vida te pille haciendo aquello que te gusta:

Que la vida te pille… viviendo.

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Por un nuevo año…

Doce meses nos esperan con el nuevo año, llenémoslo de propósitos y buenas intenciones, pero sobre todo llenémoslo de buenos momentos, de esos que dejan un poso de dulce sabor y mejor recuerdo y entre tanto, corramos, no dejemos de correr. Si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias y feliz año.

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