Asansilvestrados… terminando el año

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El año llega a su fin, esto se acaba, el 2015 nos dice adiós y como decía aquel, no hay más cera que la que arde. Una cera justita que se va a consumir en las pocas horas que quedan de este viejo año que habrá sido muy diferente para unos y otros, dependiendo de cómo les haya ido a lo largo de sus 365 días. En cualquier caso, sea con nostalgia, con pena, con alegría o con tristeza, lo cierto es que una vez más estamos a punto de despedir un año y recibir con los brazos abiertos y cargados de ilusión al nuevo año.

Y por supuesto, como cada final de año y dado que somos animales de costumbres y tradiciones hoy es uno de esos pocos días del año en el que casi todos haremos lo mismo a la vez (como decía aquella famosa canción del grupo Mecano) y así, cuando suenen las doce campanadas nos comeremos una a una (o dos a dos, que suele pasar) las uvas de la suerte, teniendo una copa de champán, de cava o de lo que quiera cada uno a su lado. Copa con la que brindar y en la que es muy probable que los más supersticiosos echen un anillo como augurio de buena suerte, a pesar de correr el riesgo de poder tragárselo entre chinchín y chinchín y cómo no, también es muy probable que muchos de nosotros coincidamos luciendo en la intimidad una prenda de color rojo, lógicamente por aquello de la suerte y porque, no nos engañemos, con la excusa uno puede ver a su pareja con una prenda roja y eso es algo… ¡algo que me desvía del tema!, y no van por ahí los tiros, ni mucho menos.

Siguiendo con las tradiciones y al margen de la suerte o no suerte que nos empeñemos en ligar con la entrada del nuevo año, algo que por cierto es totalmente subjetivo, lo que no necesita de interpretaciones y sin duda es toda una costumbre, es el hecho de ponernos las zapatillas y hacer una vez más lo mismo que hemos repetido tantas y tantas veces a lo largo del año que finaliza y que no es otra que cosa que CORRER. Sí, claro que sí, hoy 31 de diciembre es un día en el que correr tiene un sabor y un sentido muy especial, diferente al de todas las carreras que se celebran durante el año, porque hoy nos toca correr la San Silvestre y eso… eso son palabras mayores.

La San Silvestre es una carrera que cuenta con una larga tradición, celebrándose por centenas a lo largo de toda nuestra geografía, lo que le confiere el honor de ser la prueba más popular de cuantas celebran y que tiene la particularidad de congregar en la misma a los corredores más experimentados y preparados, junto con aquellos que hacen de ella su única carrera del año y en la que su triunfo y disfrute es poder correrla una edición más, sin más pretensiones que celebrar de esa deportiva manera el paso hacia un nuevo año.

El éxito de esta carrera no radica sólo en la masiva participación que presenta, sino que buena parte de esa culpa la tiene la calurosa acogida que tiene entre el público que acude a ser espectador e improvisado protagonista de una prueba donde la gran mayoría de quienes toman la salida lo hacen ataviados con los disfraces más variopintos e insospechados que se puedan imaginar, dando colorido y alegría, haciendo que el ambiente pase a ser catalogado como ambientazo y donde la algarabía y el disfrute es recíproco entre quienes corremos y quienes aplauden y animan.

Sí, lo sé, estaréis pensando que a estas alturas de la película, como vulgarmente podría decirse, qué sentido tiene que escriba sobre algo que todo el mundo ya sabe, ¿verdad? Sí, es cierto, no estoy descubriendo nada nuevo, ni sorprendiendo a nadie, pero es que esta carrera no necesita hacerlo, ni mis torpes palabras lo pretenden, simplemente porque esta prueba tiene, como he dicho anteriormente, un sabor, un sentido y si se me permite, un sentimiento especial.

Llamadme nostálgico, soñador o simplemente flipado, como queráis, pero para mí esta carrera no es sólo colocarse un dorsal y ponerse a quemar suela, no, claro que no, esta carrera va un poquito más allá. Va un poquito más allá porque mientras corro puedo sentir el calor de la gente que abarrota las calles, la ilusión que invade todo el ambiente, como si fuera una espesa niebla que impide ver más de allá de aquello que nos hace iluminar la mirada. Una mirada que se emborracha, en cada zancada, de cuantas imágenes de un año se suceden como evidencia de todo lo vivido, antes de quedar guardadas para siempre en ese lugar del que, caprichosas, se suelen asomar para hablar a mi conciencia. Y cómo no, ente medias, se mezclan ilusiones, deseos y sueños puestos en un nuevo año al que ya se oye llamar a la puerta.

Tal vez sean el gentío y el bullicio los causantes de mis oníricas sensaciones o tal vez el hecho de poder celebrar que un año más sigo disfrutando de este deporte, quién sabe si quizá sea el efecto que provocan las miles de luces que iluminan y adornan las calles o todo se deba simplemente a que por arte de magia la alegría gana la batalla de los sentimientos y por unas horas se convierte en la única protagonista de cuantos participamos y asistimos a esta carrera

Sí, nostálgico, soñador o simplemente flipado, como queráis, pero esta tarde, si acudís a una San Silvestre, ya sea como corredor o como espectador, tomaros un minuto y mirad a vuestro alrededor, observad todo cuanto os rodea, inspirad profundamente y comprobad por vosotros mismos que esta carrera no es una carrera cualquiera y dejaros abrazar por un sentimiento que calará más allá de vuestra ropa. Sí, hoy dejémonos contagiar y todos juntos seamos unos asilvestrados… mejor dicho o peor dicho, seamos unos:

asansilvestrados… yo ya lo soy, ¿y tú?

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Y tú, ¿eres un asansilvestrado?

¿Participas tú también en una San Silvestre?, si es así, disfrútala, celebra corriendo aquello que te haga feliz y que el nuevo año venga preñado de buenos momentos, bonitos recuerdos y de muchos, muchos kilómetros. Anímate, deja tu punto de vista y cuenta qué te inspira esta prueba. ¡Ah!, y si te ha gustado este último post del año, compártelo. Muchas gracias.

Feliz San Silvestre y feliz 2016, salud.

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