Con “C” de coraje, de cojones… con “C” de correr

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Esta semana la cosa va de cojones o mejor dicho, de echarle cojones… manera un poco grosera de comenzar un post, lo sé, pero que sigue, sin proponérmelo a priori, la estela de la entrada dejada la pasada semana, en la que recogí un decálogo de buenas prácticas para quienes tenemos la afición, la sana afición, de correr.

¿Y por qué?, ¿a cuento de qué vienen ahora estos cojones?, podréis preguntaros con toda la razón del mundo. El motivo que da respuesta a esa pregunta es doble y en ambos casos viene derivado simplemente de leer y escuchar. El primero de esos dos motivos me llegó de un buen amigo, incondicional de este deporte y de este blog, que con la naturalidad, la sinceridad y la confianza que tiene conmigo me espetó un escueto y directo:

Te han faltado los cojones.

En clara alusión a los diez aspectos tratados en ese decálogo y que a su entender había quedado incompleto al faltar esa característica que hace referencia al atributo masculino y que de manera clara habla de coraje, de garra, de valor, de fuerza… de cojones, en una palabra.

El segundo motivo que me llevó a la cabeza los cojones, fue durante la conversación con un amigo, referente dentro de este mundo, un número uno, campeón dentro y fuera de nuestra Región, y cuyo palmarés no es fruto solo de una condición física favorable, sino también del resultado de su tesón y empeño por ser uno de los grandes. Sus palabras, como una lección, quedaron resonando en mi cabeza:

Cuando en un maratón vas a corriendo a 3’20’’ y te quedan cinco kilómetros para terminar, crees que vas a morirte, pero entonces te dices: Si bajo el ritmo 5’’ ó 10’’ tendré la misma sensación de agonía y además, de esa manera solo conseguiré alargar el sufrimiento 25’’ ó 50´´ más, por lo tanto, sigamos como vamos y terminemos cuanto antes este calvario.

La lectura está clara y no deja lugar a una interpretación distinta, en esos momentos tan solo es cuestión de echarle cojones, muchos cojones y seguir adelante, ¿no os parece?

Más allá de la distancia que estemos corriendo, del ritmo que nos propongamos, de si estamos en una carrera o un entrenamiento, de la hora que salgamos, del tiempo que haga fuera, más allá de cualquier factor que nos venga a la cabeza y que tenga que ver con este deporte, una cosa está clara y es que será nuestra fuerza, nuestra capacidad de sacrificio y nuestras ganas de superarnos lo que quedará englobado en esos imaginarios cojones y que de manera inequívoca van ligados a correr.

Aunque sea una obviedad, siempre me estoy refiriendo a esos cojonesreaños, como dice mi madre… cuando nuestra condición física no está mermada por una lesión o dolencia, en cuyo caso esos cojones no solo serán una temeridad, sino una estúpida torpeza; tan solo me estoy refiriendo a esa capacidad de sufrimiento y lo subrayo, porque si algo tiene que quedar siempre atado a nuestras zapatillas es la sensatez y la cordura, evitando exponernos a situaciones de riesgo con las que únicamente saldremos perjudicados.

En los deportes individuales, como correr, a diferencia de cualquier disciplina colectiva o de equipo, todo cuanto hay detrás, como entrenamientos, motivación, disciplina, esfuerzo, sacrificio, etc. cobran una mayor importancia por aquello de depender únicamente de nosotros mismos, de ahí que resulte fundamental nuestra garra para sacarnos el máximo partido. Dicho de otra manera y con alusión directa al tema de hoy: dependerá de los cojones que le echemos.

Otra diferencia sustancial entre los deportes individuales y correr, es que en este último, salvo que formemos parte de esa élite que lucha por los podios en las pruebas, no debemos vencer a nadie, por lo que no tendremos esa componente de vernos superados por otro rival que nos va a hacer morder el polvo si es mejor que nosotros. No vamos a perder, nunca perderemos y siempre podremos superarnos si así nos lo proponemos, tan solo será cuestión de educar nuestra capacidad de sufrimiento y comprender que después de ese infierno transitorio hay una dulce gloria, tal vez insignificante, pero que alcanzaremos si le echamos… sí, cojones.

Por último y como algo que doy por supuesto, no quiero que mis palabras se impregnen de cierto tufo machista, nada más lejos de mi intención, ya que esos cojones, figuradamente hablando, no pretenden excluir al mal denominado sexo débil, que de sobra ha demostrado desde el comienzo de los tiempos una elevada dosis de testiculina en su fuerza y capacidad de lucha, por lo que el hecho de dar esta simple explicación me produce rubor en las mejillas.

Y recuerda, cuando corras, como en todo aquello que hagas en la vida, no importa cuánto hayas entrenado, cuánto te hayas esforzado, cuanto te hayas preparado, cuánto hayas estudiado o cuánto hayas trabajado, no importa nada de eso, porque si llegado el momento no eres capaz de dar lo mejor de ti, no habrá valido para nada y entonces cobrará sentido esa castiza frase que dice aquello de:

No es lo mismo hacer las cosas por cojones, que con cojones.

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Cuestión de CORRER

Sí, es probable que haya quedado un post algo vulgar, pero esa vulgaridad se debe transformar en coraje cuando queramos sacar lo mejor de nosotros y evidenciar que todo lo que se esconde en los kilómetros que hacemos cada día es fruto de nuestra garra, de nuestros cojones y de nuestro amor por este deporte. Anímate, deja tu punto de vista y si te ha gustado este post compártelo. Muchas gracias.

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