Cánones de belleza

post_belleza

Hace apenas unos días, mientras comía, vi en el informativo de mediodía la noticia que hablaba de la nueva colección de ropa presentada para el próximo año, de cierto diseñador de renombre, en la no menos afamada semana de la moda de nuestra capital. Una semana que en esta ocasión se ha adelantado a la fecha habitual en la que solía celebrarse, permitiendo ver durante los siete días las tendencias de lo que, presumiblemente, vestiremos el año que viene.

Pero no solo nuestra capital celebra su semana de culto a la moda, también se organizan eventos de similares características en cualquier gran ciudad que se preste y cómo no, presuma de serlo… lo de gran ciudad, me refiero. Importantes urbes con no menos importantes semanas en las que la moda y la belleza son las protagonistas, acaparando flashes, portadas de revistas y llenado minutos de programas televisivos.

Está claro que la moda y la belleza venden y mucho –pensé. Y me vino a la cabeza lo particular, lo peculiar, que es esa moda y por extensión, el concepto de belleza. Las modas marcan el camino y está claro que ellas nos dictan los cánones de lo que entendemos como belleza. Sin embargo, la belleza como tal, no siempre ha estado ligada a la moda, aunque no debemos olvidar que cuando una belleza se ha generalizado podría decirse que se puesto de moda, sin más.

Ya os habéis dado cuenta, ¿verdad?… efectivamente, hoy la cosa va de belleza. Una belleza que quizá también lleve asociado algo de moda, pero que no le restará el protagonismo que se merece. Sigamos con esa sobremesa de hace unos días…

Una vez concluido mi tiempo para comer y mientras me tomaba un helado, rindiendo así buena cuenta a la época del año en la que nos encontramos, me vinieron a la cabeza las imágenes de las escuálidas chicas que acababa de ver luciendo diseños de esos que jamás veremos en un escaparate. Cuerpos delgados, de piernas kilométricas y peinados que hacían realzar aún más sus finas siluetas. Los chicos, atléticos y de músculo marcado, pero alejados del exceso, mostraban un aspecto más sanote que las chicas y mientras que cualquiera de ellas llamarían la atención si las viésemos en traje de baño, ellos no nos sorprenderían por su delgadez, sino por su homogénea figura.

No pretendo, con ello, hacer diferencia entre el aspecto físico de un sexo y otro dentro del campo de la moda, aunque lo haya, simplemente me fijo en la belleza, entendida tal y como hoy se concibe. Una belleza que, nos guste o no, siempre ha mirado y perseguido más a la mujer que al hombre y no siempre con los mismos patrones. O si no, decidme cuántos majos desnudos nos legó Goya o qué esbeltas siluetas tienen los protagonistas de los famosos cuadros del colombiano Botero, por ejemplo. Vale, una cosa es cierta si hablamos de arte, Miguel Ángel nos hizo el impagable regalo de un David que recoge en él la perfección del físico masculino, tal y como podría estar representado, en su versión femenina, con la Venus de Milo (aunque sea sin brazos, lo sé).

En cualquier caso, y tras echar esa breve y osada mirada al mundo del arte, lo que tengo muy, pero que muy claro, es que la belleza, como tantas otras cosas, es totalmente subjetiva… y gracias a Dios, porque si a todos nos gustase lo mismo, apañados estaríamos. Pero sigamos con la belleza, que por algo es la elegida hoy. Aquellas imágenes de moda, junto con mi rápido repaso mental al arte, me hizo detenerme en la belleza o más bien, en el aspecto físico que se repite entre quienes pertenecen o pertenecemos a un mismo gremio o colectivo, sobre todo si este tiene en común la práctica de alguna actividad deportiva. Así, coincidiréis conmigo en el patrón de belleza de aquellos que practican, entre otros, deportes tan diferentes como, por ejemplo:

halterofilia, natación, baloncesto, balonmano, danza, piragüismo y cómo no, atletismo o más en concreto, carrera de fondo.

En cada uno de esos ejemplos la belleza presenta un mismo prototipo y cuanto mayor sea la práctica que se haga de ese deporte en cuestión, mayor serán los rasgos que definan esa guapura. Unas guapuras muy diferentes y claramente identificables, de entre las cuales me quedo con una solo, con la belleza del:

corredor de fondo.

Vaya por delante, antes de nada, que ni muchos menos todos los que corremos tenemos o llegaremos a tener el patrón físico de un corredor de kilómetros o kilómetros, pero sí coincidiréis conmigo en cuáles son las señas de identidad más significativas. A saber:

Extremidades delgadas y fibrosas, delgadez generalizada, rostro enjuto, tez morena, cierto encorvamiento del tronco superior, mirada penetrante.

Vistos así, a bote pronto, esos seis rasgos destacados, cabe pensar que un corredor de fondo es lo más parecido a un galgo, pero en la raza humana y no, no es para tanto la cosa… pero casi. Bromas aparte, lo que sí está completamente demostrado es que el hacer kilómetros, y siempre que las cualidades físicas del sujeto acompañen, esa media docena de características irán inherentes en él.

Por eso, si eres de los que corren y mucho, seguro que reunirás más de uno y más de dos de esos rasgos, y tu aspecto físico, tu belleza entendida como tal, será la de un corredor. Una belleza no siempre entendida, no siempre apreciada pero que para quienes corremos es toda una satisfacción y si no, basta con encontrarnos con algún amigo corredor al que hace mucho que no hemos visto y descubrir con agrado cuál es su estado de forma con tan solo verlo físicamente:

Qué fino te veo, Daniel Jesús, está más fuerte que el vinagre, seguro… qué gusto me da verte.

Y el amigo Daniel Jesús está hecho un palo, consumido por los kilómetros que lleva en las patas, fruto de la preparación del maratón que correrá dentro de dos semanas, y con la piel más negra que los jornaleros del campo. Probablemente no haya estado tan feo en su vida, pero tanto él, como quienes entendemos y amamos este deporte, lo vemos hecho un pincel, nunca mejor dicho, y representa a la perfección las señas de identidad de la belleza del corredor de fondo.

Sí, lo sé, de nuevo vuelvo a exagerar, pero seguro que más de uno y más de dos me habréis comprendido perfectamente, ¿a que sí? Por todo esto, cuando terminé de comer mi helado, pensé en los kilómetros que haría durante la mañana siguiente y me repetí para mis adentros:

Vale, Daniel Jesús estaría para pegarle siete tiros, pero joder qué gusto dar estar y sentirse así.

En resumen, no son solo cánones de belleza, es mucho más y si somos capaces de leer en el físico que tenemos delante lograremos tener mucha más información de lo que nuestros ojos son capaces de ver, sin olvidarnos nunca que la belleza es, como tantas otras cosas en esta vida, relativa.

post_belleza

Pura belleza…

Si corres seguro que sabes de lo que he escrito en esta ocasión y si no corres, pero tienes cerca a alguien que lo hace, también es muy probable que lo sepas. Para ti, ¿qué otros rasgos forman parte de la belleza del corredor de fondo?, ¿estás de acuerdo con los que aquí he señalado yo? Y tú, ¿quizás te ves identificado con alguno de ellos? Deja tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

¡Comparte!

2 comentarios a Cánones de belleza

  • Fernando Murcia  dice:

    Buenas noches, Paco. Yo que debo ser uno de los corredores más feos, dulcifiquémoslo diciendo menos bellos, según esos estándares de belleza del correr de los que hablas y de los que, por supuesto no soy ajeno… a veces pienso que tengo un físico más dotado por ejemplo para el rugby pero no elegí que me gustase correr. A veces pienso en negativo y creo que los “galgos” como tu y los… “bulldogs” (por ejemplo) como yo, no practicamos el mismo deporte… solo uno de las dos categorías es perro, el otro debe considerarse otra cosa. Los días buenos me doy cuenta de que tu y yo nos llevamos lo mismo de este deporte del correr, que es grandes satisfacciones personales, ni premios ni trofeos ni, por desgracia, dinero… por lo tanto, disfrutemos del deporte los guapos y los feos, que estamos aquí para eso!!
    Un abrazo.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Fernando! Todo en la vida tiene un patrón de belleza, ese que un día se estableció y en ocasiones ha perdurado inalterable en el tiempo o ha evolucionado, en función de modas y tendencias. Una belleza derivada, en parte, de los cánones o modelos asociados a determinados comportamientos o actividades físicas que hacen que ellas modelen nuestros cuerpos en función del ejercicio que realizamos; sin embargo, ¿existe una regla fija o algún impedimento que nos prive a cualquiera de nosotros de practicar aquello que nos gusta y nos hace felices? No, claro que no y pese a que nuestro físico no cumpla con el estereotipo esperado para el deporte que realizamos, no existe nada, ni nadie, que nos impida llevarlo a cabo, ni decirnos si estamos acreditados o no para ello. Así, querido Fernando, tan solo quiero decirte que más allá de galgos, bulldogs o podencos y por encima de cualquier raza, estamos nosotros, los que disfrutamos practicando ese deporte que nos colma de satisfacción… me río yo de los guapos y esbeltos, como de los bajitos y rechonchos, porque al final todos somos iguales, aunque por fuera se nos vea diferentes.

      Por último, una apreciación: todos los días, buenos y malos, no olvides que tanto tú como yo, no ganamos absolutamente nada y nos llevamos exactamente lo mismo: nuestra satisfacción personal y el disfrutar junto a personas que hacen de este deporte uno de los mejores argumentos para no dejar de practicarlo.

      Muchas gracias, por dejar tu comentario y por supuesto, por asomarte por este rincón. Un fuerte abrazo y nos vemos en el agua, el próximo domingo 😉

      Paco.-

Deja una respuesta