Relatos

Un atardecer de octubre y el recuerdo de Tía Carmen

octubre

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Era otoño, octubre para más señas y jueves, como día de la semana. La tarde caía lentamente sobre los tejados y allí estaba él, mirando a un lado y a otro del horizonte. El paso de una efímera tormenta había calado hasta los huesos de la vieja ciudad que, cansada, se refugiaba en las horas postreras de una siesta con regusto a sémola en su paladar. Sentía la humedad de sus zapatillas subiendo por su espalda y de manera inútil subió el cuello de su camisa de manga corta, para intent...

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Un dolor cualquiera

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El dolor de la cadera volvió a despertarlo una vez más. Apenas llevaba cuatro horas durmiendo y las molestias volvían a repetirse una noche más y ya eras muchas, demasiadas. Por más vueltas que le daba a su cabeza, no encontraba la explicación que diese una respuesta concluyente del origen de aquella situación que se repetía, noche tras noche, desde hacía casi tres meses.

Pasaban cuarenta minutos de las cuatro de la mañana y el silencio de la noche era el único ruido que se escuchaba, ...

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Caminos

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– La vida tiene cientos, miles, millones de caminos, tantos como personas habitamos este planeta y tantos como los pensamientos que pueden pasar por nuestras cabezas a lo largo de nuestra existencia. En definitiva, existen infinitos caminos, de ahí que el hecho de coincidir tú y yo en este mismo instante, en este punto del camino sin importar por dónde hayan ido nuestros pasos antes de este momento, ni dónde irán mañana...

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Se paró

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Se paró… la noticia del fatal accidente, radiada en el parte de noticias de mediodía, le erizó la piel sin ningún tipo de fundamento y como si de una trágica premonición se tratara se bajó de la carretilla en la que se pasaba ocho horas al día y aun con la carga de un camión frigorífico a medio completar se marchó para casa

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Se paró… tan solo llevaba cuarenta minutos de su entreno de domingo, pero se paró...

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Comida internacional

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– Ummm, qué rico… Virgen Santa, qué placer para los sentidos, bendito Diosssss –decía en voz alta con auténtico fervor, a pesar de encontrarse sólo en casa. Sentado sobre uno de los tres taburetes altos que vestían el rincón de la enorme cocina, degustaba con verdadera pasión una Mousaka griega que él mismo había preparado el día anterior; cualquiera que lo hubiera oído y no visto, habría jurado sin titubear que aquel varón de edad adulta estaba experimentando un orgasmo de duración ...

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Un otoño para Samuel

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Y el otoño tiñó de ocre todo a su paso…

Tal vez porque los árboles que siempre tuvo frente a su ventana fueron de hoja caduca, tal vez porque creció, sin saberlo, con la costumbre familiar de mudar la ropa de su armario el primer sábado de octubre, tal vez porque sentía de idéntica manera la ilusión y el hastío por cada cambio de estación meteorológica, tal vez porque había aprendido a reconocer las distintas tonalidades de azul de ese trozo de cielo que cubría su cabeza...

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Abracadabra: por arte de magia

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– Recuerda, Carmela, todo es magia, sencilla y pura magia, no hay nada más –le dijo la vieja.

– Abuela, ¿magia de esa que hacen los magos, cómo si sacaran un conejo de su chistera?, ¿ese tipo de magia? –preguntó ingenua y despistada la niña.

– No, cariño, no, de esa no… eso no es magia, eso son nada más que trucos, mejores o peores, capaces de engañarnos a todos y hacer, ante nuestros ojos, que las cosas parezcan lo que no son. La magia a la que yo me refiero es a esa que aparece ...

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El sobre de azúcar

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– Un solo sin azúcar, por favor –pidió nada más sentarse sobre el único taburete que quedaba libre en la barra del bar. Un bar que pese a lo temprano de la hora y del día, ocho y media de la mañana de uno de los primeros domingos de primavera, estaba abarrotado de gente, con un mismo denominador común: iban vestidos con ropa de deporte, concretamente con ropa de running.

El camarero pasó la bayeta sobre la porción del frío acero donde se apoyaban sus brazos y con detenimiento observó...

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Melchor

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– El de la barba blanca es Melchor, ¿no? Pues ese voy a ser yo –apuntó José.

– O Melchor o Gaspar, no sé, pero el negro es Baltasar, eso seguro y yo no me pringo la cara de Conguito ni de coña –añadió Emilio de inmediato.

– Joder tíos, ¡qué plastas sois!, ¿qué más da quien seamos cada uno?, si lo sé digo de vestirnos de muñecos Michelín y a tomar por culo. Que es solo una carrera, ¡pijo! –se lamentó, sobreactuando en su comentario Santi y dejando escapar una carcajada al ...

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El sueño de Andrés

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– Esta tarde no creo que tenga mucho sueño –dijo Montse, la monitora más joven de cuantas estaban al cuidado.

– ¿Y eso? –preguntó Andrea con una media sonrisa, mirando a la chica con curiosidad.

– Pues porque después de la hora del almuerzo se ha sentado en el sillón y no ha levantado cabeza. Vaya un dormilón está hecho –contestó, mientras le entregaba la pequeña mochila con sus pertenencias.

– ¿Sabes lo que pasa? –preguntó respondiéndole al mismo tiempo –que por la noche ...

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