Relatos

Liliana

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– Que tengas felices fiestas, Liliana – dijo Alberto.

– Gracias, igualmente – contestó la entrenadora, con la frialdad que le caracterizaba y en un castellano que aún seguía dejando ver su origen extranjero, rumano concretamente – cuídense de excesos y nada de chocolates y dulces, que luego me toca a mí ser la mala.

– Descuida, Liliana, lo vigilaré de cerca – respondió Alberto con una sonrisa, mientras con su mano derecha cerrada llevaba sus dedos índice y corazón a sus ojos...

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La armónica

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– Ya puede dejar la armónica, ha entrado casi todo el mundo y deben estar a punto de llegar – le dijo amablemente Juan, con su característico timbre de voz, que parecía modulado de fábrica y era capaz de hacer sonar todas sus palabras siempre con la misma intensidad y entonación.

– Salgo en un minuto… vaya abriendo mientras las puertas, por favor.

– Sí, no se preocupe, iba a hacerlo una que vez saliese de avisarle.

Juan – le dijo antes de que el anciano saliese por la puerta – gr...

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La Calle del Idiota

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En la calle del idiota no había una placa que rezara como tal:

Calle del Idiota

No, claro que no, pero todo el mundo se refería a ella de esa manera y a nadie hacía falta darle señas de dónde se encontraba. Incluso los había que desconocían cuál era su verdadero nombre, sobre todo entre los más jóvenes del pueblo, para quienes el idiota que daba nombre a esa calle era bien conocido y sin embargo se habrían quedado totalmente perplejos de haberles dicho alguien que esa no era su verdad...

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La nevera

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La puerta de su nevera estaba completamente repleta de imanes; parecía una pequeña exposición de esos pequeños trocitos de formas y colores tan dispares, adheridos a la puerta de color blanco de su electrodoméstico, y puestos de manera ordenada, en tal número que se podían contar por decenas. Sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra el mueble cacerolero y abrazando las piernas flexionadas contra su cuerpo, miraba fijamente aquel mural en el que parecía haberse convertido la viej...

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Salta

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Salta, no esperes más, rompe con todo y salta… ¿acaso necesitas esperar más tiempo? – le decía una voz dentro de su cabeza.

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Llegó a la vida en plena mañana de San Juan, tras poco más de dos horas de dilataciones y contracciones, con una facilidad no exenta de complicaciones, pero con una rapidez que sorprendió tanto al ginecólogo como a la comadrona que asistió al parto. Nació en esa época en la que los hospitales estaban reservados sólo para unos pocos y donde lo normal era...

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Un día más en la vida

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Se despertó como cada día, cuando su cuerpo abandonó voluntariamente su estado onírico, sin tener la necesidad de escuchar el sonido de despertador alguno y, como cada día, con los ojos entreabiertos entró en el baño. Su vejiga estaba a punto de explotar y sin darse cuenta, de manera automática, levantó la tapa del inodoro y se sentó sobre él: orinaba.

Para cualquier hombre miccionar sentado podría parecer una ofensa, pero él estaba acostumbrado desde sus años de matrimonio con Ele...

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Palabras

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Él la miraba, viendo cómo salían de su boca palabras, palabras y más palabras; lo hacían sin parar, mientras se apresuraba en atar sus zapatillas y salir a la calle cuanto antes… gafas de sol, gorra y “pies para qué os quiero”; cerró tras de sí y salió disparado como un cohete. Estaba molido, tras una jornada de más de diez horas de trabajo en la fábrica donde trabaja como encargado de producción...

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El regalo

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– Vengaaaaa, chicos, se ha hecho tarde, cerrad las libretas y os lleváis las divisiones para hacerlas en casa, y las corregimos mañana. Ahora dejad las mesas libres y vamos a terminar de hacer el regalo del Día del Padre, que mañana tenéis que llevároslo a casa.

El silencio de clase se rompió por un suspiro de alivio generalizado de la mayoría y a continuación se produjo un vocerío cada vez más intenso...

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No le enamoró…

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No le enamoró el color de sus ojos… de un negro intenso, más parecido al color de ese carbón, que después de haber aportado todo su calor a una lumbre durante una noche de invierno, es mojado para apagar cualquier rescoldo de sus llamas, antes vivas y alegres…

No le enamoró su larga melena… ondulada, espesa y con un tono rojizo que le recordaba aquellos paisajes de otoño, cuando visitaba el nacimiento del Río Mundo, en aquellos días fríos, grises y en los que los tonos de los árbole...

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Miedo

miedo

[…

Siempre tuvo miedo, de hecho había nacido con él aunque no lo supiera y quizá por eso estaba tan acostumbrada a vivir con ese sentimiento que era algo innato, a pesar de no reconocerlo como tal. Sin embargo, en contra de lo que pudiera parecer, ese miedo producía un efecto de seguridad y confianza en sí misma que le hizo sortear cuantas dificultades se presentaron en su joven vida, sin esfuerzo alguno… nadie habría apostado porque sobreviviera, al ser la más pequeña de una camada de nue...

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