Confesiones de un corredor cortocircuitado

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Sucedió el pasado sábado, mientras me despachaban en un puesto de carnicería del murciano Mercado de Verónicas, del que soy un asiduo cliente. Eva, trabajadora de este establecimiento y amiga a la que también le gusta el mundo runnero, me preguntó, esbozando una tímida sonrisa:

¿Ya no escribes crónicas?

Dos semanas antes, aproximadamente, un querido y apreciado amigo, excompañero del club de atletismo al que he pertenecido durante las dos últimas temporadas, celebraba un año más el doble cumpleaños de él y de su encantadora esposa. Tras el cruce de varios mensajes telefónicos, iniciados con mi felicitación, concluyó con el siguiente deseo, de modo amistoso:

Si vas a correr este domingo a Abarán, nos veremos.

Hace apenas tres días, un amigo surgido gracias al plano laboral y yo, intercambiábamos impresiones de lo difícil que resulta tener tiempo para practicar deporte, cuando la paternidad se ve enrolada en la crianza de criaturas de corta edad, que absorben el tiempo que resta más allá de las obligaciones profesionales. Él, sabedor de mi querencia a correr, preguntó dando por afirmativa la respuesta:

Y tú, esta mañana, ¿a qué hora te has levantado para salir a correr?

Retrocediendo un poquito más en el calendario, sin llegar a las tres semanas de distancia, mientras compraba unas zapatillas como regalo de cumpleaños para mi madre, el dueño y buen amigo de la tienda se interesó por el resultado que estaba teniendo con mi última adquisición:

¿Cómo te va con tus nuevas zapatillas?, habrás notado que son más rápidas, ¿verdad?

Todas esas cuestiones, inocentes y amables cuestiones, cortocircuitaron mi razón, sacudiendo la realidad de la misma manera que un infante golpea, privado de visión, una piñata de barro colgada del techo y en cuyo interior encierra decenas de golosinas y caramelos, que saltan por los aires, salpicando todo el suelo, gracias al acierto del palo que ase entre sus manos al impactar contra el insolente recipiente que espera ser acertado.

Mazazos ingenuos, que dejaron caer sobre mi espalda un chaparrón de fría realidad, marcada por una nueva lesión, que en esta ocasión me mantendrá apartado de esa pasión llamada correr durante, al menos, los tres próximos meses. Con ella no solo digo adiós a 2018, deportivamente hablando, sino que además le concede el honroso premio de convertirse en el año durante el que más tiempo he estado parado, con menos kilómetros corridos y con la participación más pobre en carreras y eventos deportivos… aquellos en los que correr siempre es un motivo de reunión.

Pero, ¿acaso importa la lesión? No, claro que no, ni mucho menos. El motivo que importa es volver a estar parado y volver a perder la oportunidad de disfrutar de todos esos placeres que van ligados a este deporte y que, por mucho que explique y repita, quizá no siempre llegan a comprenderse y cuestan entender. En cualquier caso, una lesión siempre tiene lecturas positivas y negativas, como debe ser, pero existen muchos pequeños detalles diarios que provocan ese efecto del corredor cortocircuitado.

Sí, una lesión es como un cortocircuito, que altera el flujo normal de la corriente eléctrica en una instalación, afectando al funcionamiento normal de todos los equipos y aparatos dependientes de ese eléctrico fluido. Dicho de otra manera, una lesión corta en seco el funcionamiento normal de nuestro cuerpo, modificando en este su instalación para volver a ponerse en movimiento, evitando en la medida de lo posible que esa nueva puesta en marcha deje las menores secuelas posibles… aunque esto sea inevitable.

Escribiendo en primera persona, no importa esta nueva lesión, o sí, vaya uno a saber… sino el cúmulo de ellas, que vienen repitiéndose de manera intermitente y variada durante casi tres años. Un período asfixiantemente largo, demasiado largo, que poco a poco está haciendo añicos mi rutina diaria y destrozando mi estado anímico, ávido por correr y sentir el cansancio y el agotamiento que preceden a un entreno de zapatillas y kilómetros.

Mi razón se mentaliza de estar solamente ante un nuevo parón en el camino, un período salpicado de curvas, que impiden mantener continuidad en la marcha y mientras mi cuerpo intenta buscar alternativas con las que suplir esas carencias y evitar, a toda costa, que las consecuencias de la inactividad sean lo menor posible. Pero no nos engañemos, cuando uno se siente corredor, no hay deporte que le deje una sensación completa de entrega y realización personal y las piernas, por mucho que se cansen, no siente lo mismo cuando lo que han estado haciendo ha sido dar zancadas.

Sí, reconozco que todo esto resulte estúpido, que sea lo más parecido al pataleo de un niño mimado en medio del recreo, pero lo cierto, lo único cierto, es que vuelvo a estar alejado de hacer lo que me gusta, de aquello que me hace sentir vivo y por eso, aunque esté concienciado de ello me resulta jodidamente costoso. Por todo esto, permitidme esta pequeña concesión que me he tomado esta semana y que utilice este rincón simplemente para compartir las confesiones de un corredor loco por volver a:

Correr.

cortocircuitado

Cortocircuito

Cortocircuitado o simplemente parado, no hay más. Y tú, ¿también tienes sensaciones parecidas a las que he dejado plasmadas en este post? Anímate y cuenta cómo te sientes cuando te ves obligado a parar y si te ha gustado esta entrada, compártela. Muchas gracias.

¡Comparte!

2 comentarios a Confesiones de un corredor cortocircuitado

  • Rafa Marín  dice:

    Mucho ánimo Paco!! La verdad es que cuando los runners nos lesionamos y tenemos que estar parados durante un tiempo parece que el mundo se nos cae encima. Hay gente que no nos entiende, pero es así.
    Un abrazo!!

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Rafa! Muchas gracias, por tus ánimos, pero sobre todo, muchas gracias por tu comentario. Cierto, para quienes corremos, lesionarnos es como si nos mataran… o casi. Nos entendemos quienes amamos este deporte, y no resulta extraño que para el resto seamos un poco exagerados, ¿verdad? En fin, sigamos corriendo, siempre que las lesiones nos lo permitan 😉

      Encantado de contar con tu presencia por este, tu rincón. Un abrazo.

      Paco.-

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