Correr y el efecto sobre la función digestiva (trabajando el esfínter)

post esfínter

Quizá debáis lavad vuestras manos después de leer el post de esta semana, porque hoy la cosa viene de culo o dicho más educadamente, el tema va de esfínter… bueno, de esfínter y por supuesto, de correr, que nadie se lleve a engaño o a malas interpretaciones.

Dicho de manera tan directa quizá invite a pensar que hoy vengo con la intención de volverme un poco escatológico, pero si bien es cierto que hoy el protagonista es él, el esfínter, comprenderéis que él mismo, por sí solo, no puede acaparar toda la atención si detrás no existe un aparato digestivo que le haga todo el trabajo sucio, nunca mejor dicho, para que sea él quien, al final, se cubra de gloria (ups, esto se me pude ir de las manos, a ver si lo reconduzco…).

Veamos, en esta ocasión tan solo pretendo destacar un beneficio más de los múltiples que nos aporta la actividad deportiva de correr. De todos es sobradamente conocida la eufórica y placentera sensación que nos aportan nuestras queridas endorfinas, una vez concluida nuestra ingesta de kilómetros; a nadie escapa la mágica comunión con la soledad que experimentamos al correr; todos conocemos los lazos de amistad y compañerismo que se establecen entre quienes nos ponemos unas zapatillas; quienes corremos, además, experimentamos un aumento de la autoestima y la mejora de nuestra confianza; también conseguimos estilizar de manera indiscutible la forma física… todos estos son beneficios, tantas veces referidos, ¿verdad?

Hasta ahí nada nuevo y con toda certidumbre sé que estaréis de acuerdo conmigo, pero en esta ocasión quiero dar un paso más adelante… aunque quizá sea más correcto decir que voy a dar un paso más atrás, concretamente el que me separa de mi esfínter, el que nos separa de nuestro esfínter. Sin meter los pies en el barro, ni pisar charcos que me puedan salpicar, solo volveré a referirme a él, al esfínter, como esa puerta al exterior que pone el punto y final a un sistema fundamental de nuestro organismo: el digestivo.

Sin pretensiones médicas (porque soy un completo profano en la materia), tan solo quiero recordar unas simples nociones, aprendidas en aquellos movidos años de EGB (ni mucho menos comparables actualmente con los de la ESO… hasta el acrónimo es desafortunado, recórcholis). A lo que iba… nuestro organismo está compuesto de diversos sistemas, cada uno de los cuales está formado por órganos semejantes, encargados de desempeñar una función distinta y fundamental dentro de nuestro cuerpo. Así, dentro de todos esos sistemas, tan solo me voy a centrar en uno, cuya misión es la de realizar la degradación de los alimentos a nutrientes, para luego asimilarlos y utilizarlos en las actividades que desarrolla nuestro organismo. Sí, es el sistema o aparato digestivo.

Este sistema lo compone, de manera ordenada, desde la lengua y la boca, pasando entre otros por esófago, hígado, páncreas e intestinos, hasta terminar en él, en el ano o esfínter. Este último es el que pone la nota melancólica, el que dice adiós sin más a los alimentos que, horas antes, recibieron la bienvenida por parte de una apetente boca. Entre un instante y otro, se resume y se entiende la misión del mencionado sistema digestivo. Un sistema que desde el punto de vista de su funcionamiento será más o menos eficiente, en función de la alimentación que mantengamos. Dicho de otra manera, cuanto mejor sean nuestros hábitos alimenticios, mejor debe funcionar nuestro sistema digestivo y como consecuencia, mayores serán los beneficios que obtengamos de él.

Dentro de ese sistema, existen dos partes bien diferenciadas y que, dicho de un modo cañí, sería algo así como:

Lo que le echamos al buche y lo que éste no se deja dentro.

Muy importante pues lo que expulsa a través de su esfínter, vamos. Es precisamente el viaje de la comida ingerida, antes de su último adiós, el que será más o menos ligero, más o menos ágil o más o menos pesado, en función de los alimentos tomados (por aquello de sus cualidades, que estriñan más o menos) y también, de manera muy importante, en función de la actividad física a la esté acostumbrado nuestro organismo y más concretamente, nuestro sistema digestivo.

Expresado de manera muy burda y para que todos me entendáis:

El ejercicio físico ayuda a nuestro sistema digestivo en el procesado de los alimentos y facilita al intestino en el tránsito de los desechos hacia el esfínter. Sí, la actividad física del cuerpo colabora de manera eficiente, por la simple ley de la gravedad, para que los sobrantes sean expulsados de manera más… alegre.

Una cuestión de Perogrullo, ¿verdad? Sí, completamente de acuerdo, pero esa obviedad es algo de que he tenido la oportunidad de comprobar en primera persona cada vez que una lesión me ha apartado de mi rutina de correr, durante un período de tiempo que ha ido más allá de las dos o tres semanas. En esos casos, ese espacio de tiempo consigue provocar una alteración en mi sistema digestivo, afectando en la rutina diaria de mi esfínter… dicho de manera fina y en modo concluyente: un colapso intestinal.

Sí, tal vez, vosotros también lo hayáis sufrido en vuestras propias carnes, dejar de correr no solo nos paraliza las piernas, también adormece nuestro intestino y la falta de alegría que concede hacer kilómetros se contagia no solo en el ánimo, sino también en la sala de máquinas de nuestro organismo. Por eso, más allá de la ingesta de kiwis, naranjas o semillas en ayunas, no hay nada como salir a hacer unos kilómetros para empezar el día y experimentar cómo nuestras endorfinas, además de alegrarnos el sistema nervioso, también dibujan una sonrisa en nuestro silencioso (a veces) amigo… en nuestro esfínter.

Y como punto final para esta entrada arriesgada, nada como hacerlo con un par de pareado descarado:

Sentarnos a hacer de vientre es un placer,

sobre todo, cuando terminas de correr.

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Esfínter trabajando…

Bromas aparte, está plenamente comprobado que el ejercicio físico es un perfecto aliado de nuestro sistema digestivo y correr, un buen ejemplo de ello. Y tú, ¿qué piensas al respecto? Pierde la vergüenza y deja tu punto de vista y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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