Correr, pensar, correr: lo que pienso mientras corro (III)

Correr_ pensar (iii)

Correr, pensar: no importa donde estés, donde vayas; no siempre que piensas, corres, pero sí siempre que corres, piensas. Este fin de semana pasado, con un día más de fiesta por ser el lunes el Día de la Región de Murcia, lo pasé en la playa, inaugurando así la temporada veraniega de este año y lo que en condiciones habituales habría aprovechado para disfrutar corriendo junto al mar, se convirtió en un simple paseo por la orilla y en un nado tranquilo de algo más de 40’.

El domingo se cumplieron cuatro semanas arrastrando una lesión de lumbares que, desde el pasado 11 de mayo en el Medio Maratón de Albacete, me ha tenido y me tiene en reposo total y absoluto. Son ya 30 días en los que no he podido volver a ponerme las zapatillas y que he podido ir sobrellevando gracias a ese otro deporte que practico: la natación.

Era temprano, aún faltaban algo más de veinte minutos para que dieran las ocho de la mañana y el sol, madrugador, escondido tras unas nubes ya asomaba por encima del horizonte de La Manga. Metí los pies en el agua, en un mar totalmente en calma, inerte, callado, sereno. Me puse el gorro y las gafas y comencé a andar hacia el fondo, esperando que me abrazara por algo más de la cintura y entregarme a él, poniéndome entre sus brazos y dejando que mis pensamientos se empaparan de él.

Era un pequeño bañador verde, estampado con aviones de grandes hélices, la orilla tenía restos del oleaje de días anteriores y al tocar el agua, enturbiada con algas, recuerdo dar un brinco, erizarse mi piel y correr, saltar, reír… un olor rancio a sal, a mar, a un mar cansado de acariciar una y otra vez ese límite invisible con la tierra y que unas veces le come terreno y otras lo deja avanzar, cediéndole parte de tu reino… “Paco, saaaaal, que es tardeeeee”.

El fondo, arenoso, salpicado de algas y con algunos asustadizos peces, iba pasando bajo mi atenta mirada, que sólo desviaba para coger aire, ver el gris del cielo y sentir la caricia de la fresca brisa. Sin reloj, ni cronómetro que me atara al tiempo, con el repetitivo movimiento de mis braceos y pensando cuánto echaba de menos correr. Sin darme cuenta me comportaba de la misma manera, pero había cambiado las zapatillas por el bañador.

Pensaba en toda la temporada, en cómo había comenzado septiembre lesionado por la fisura en una costilla y como la he terminado, sin poder doblar mi espalda. A diferencia de los tres últimos años, en los que tuve la fortuna de no sufrir lesión alguna, en esta ocasión he tenido que levantarme tres veces y volver a retomar los entrenamientos y la forma física. Es algo normal, con lo que tiene que convivir cualquiera que hace deporte de manera diaria, pero por mucho que uno lo sepa, nunca, nunca se acostumbra a eso de estar lesionado.

También pensaba en lo relativo que es todo y en lo irónica que puede llegar a ser la vida… lo que para unos puede resultar un drama, por estar lesionado, otros lo verán como algo carente de importancia. Todos deseamos aquello que no tenemos o mejor dicho, todos deseamos aquello que hemos tenido y que por algún motivo hemos perdido de manera momentánea o para siempre.

Así, el que tuvo dinero anhelará volver a disponer de él, el que perdió un amor lo recordará casi a diario, aquel que se encuentre enfermo deseará recuperar su salud cuanto antes, una amistad perdida por no haber sabido cultivar jamás se olvidará, la infancia pasada siempre permanecerá guardada y en ocasiones saldrá para recordarte que jamás se marchó por completo, a pesar de ya no estar…

Un plato de almendras sobre la barra, unas patatas fritas y un Bitter Kas; subido a una silla, con los pies manchados aún de arena, miré el ventilador de aspas del techo, como si su cometido fuera el de agitar el fuerte olor a aceite que salía de la cocina, mientras el griterío de la gente se mezclaba con el golpeteo que hacían los vasos de cerveza, llorosos de espuma, al dejarlos sobre el mostrador de cristal.

Más algas, el agua que se había rizado un poco, alguna medusa que otra y el continuo braceo, con el intermitente giro de cabeza, inspiración y el lento avance de la marcha. Perdido bajo un cielo aún más gris, con una brisa que parecía ser más fresca, sintiendo el contraste de la temperatura del mar al pasar por distintas zonas, una más frías y otras más cálidas. Con pensamientos tan escurridizos como algunos de los peces que veía, intentaba recordar qué acababa de pasar por mi cabeza, pero resultaba complicado, imposible.

Una botella de plástico en el fondo, cubierta casi por completo de algo parecido al musgo, me hizo pensar en cómo había llegado ese trozo de plástico hasta allí, si fue arrojada de manera voluntario o fortuita, si quien la dejó que se hundiera en el agua era consciente de ello o no y simplemente fue una botella que el mar arrastró desde la orilla y quiso guardar dentro de él.

Como nuestros sueños y nuestros recuerdos, que de manera voluntaria o no, quedan guardados dentro de ese mar que todos llevamos dentro, algunos en la superficie, manteniéndose a flote, otros por en medio del mar, a medio camino entre la superficie y el fondo y otros, otros, simplemente escondidos entre las rocas, como queriendo no volver a ser vistos, pero que de una manera o de otra, siempre, siempre estarán ahí, guardados y listos para salir a flote en cualquier momento.

El olor a comida se escapaba por la puerta entreabierta y bajaba escalera abajo, haciendo inconfundible el plato de guiso que esperaba ya sobre la mesa… “muchacho, corre, lávate los pies y cámbiate el bañador, que se te va a enfriar la comida, ¿cómo has tardado tanto? Venga que ahora vienen los titos y tenemos que comer los mayores…”. El plato de arroz y habichuelas había dejado de humear y junto a él, una ensalada aceitosa con tomate y un cuenco con ajo. La boca se me hizo agua

Llegué hasta la orilla, donde ya casi tocaba con las manos el fondo en cada movimiento de mis brazos y posé los pies sobre la arena. Fue como despertar, como abrir los ojos tras una noche de sueño profundo. Había sido un rato reconfortante, placentero y mi espalda, de nuevo, me trajo a la realidad.

Correr_ pensar (iii)

Pensar, correr… nadar

Esta vez quizá debería haber titulado este escrito “lo que pienso mientras nado”, pero he querido recogerlo bajo el mismo encabezado porque en el fondo es similar, nadar también es mucho más: son esos mismos pensamientos, esas ideas que van y vienen, mecidas por el mar. Si te ha gustado este escrito, compártelo. Muchas gracias.

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6 comentarios a Correr, pensar, correr: lo que pienso mientras corro (III)

  • Cristina  dice:

    Muy emotivo para alguien q ama correr , siento q lo estés pasando mal pero todo llegara , ya vas a ver , sigue recuperandote q al final es lo q importa , ánimo CAMPEÓN

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Cristina! Muchas gracias por leer mi post y animarte a dejar tu comentario. Por lo que dices, creo que he conseguido transmitir en mis palabras ese sentimiento y esa pasión que me produce correr y que ahora, por la lesión que padezco, no puedo disfrutar. Tu ánimo es una palmada en la espalda que ayuda mucho y confío que en breve esté de nuevo con las zapatillas puestas. Por lo que deduzco, también eres una persona a la que le gusta este deporte, sano, bendito y loco deporte y espero que con él disfrutes cada día de su fuerza, su energía y su magia.

      Un abrazo y espero que sigas asomándote por este rincón, ¡¡besos!!

      Paco.-

  • guerreras running  dice:

    Por un momento he sentido que yo tambien nadaba en esa playa y podía ver esa botella…
    Mucho ánimo! La recuperación está cada vez más cerca.

    Un beso!!

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Guerrera! Ha sido toda una alegría y un regalo encontrarme con tus palabras, muchas gracias. Me alegra saber que mis palabras te han hecho sentir como si también hubieras estado sumergida en el agua, nadando y soñando. Muchas gracias también por tu ánimo, como siempre digo, esos ánimos son grandes empujones que ayudan a sobrellevar un estado de ánimo en el que uno se encuentra cuando está lesionado. Espero que quede poco ya para volver a sentirme bien.

      Un fuerte abrazo y felices kilómetros, GRANDES GUERRERAS. ¡¡Besos!!

      Paco.-

  • Angel Sanchez  dice:

    Hola! Aterrizo por aquí por recomendación “guerrera” para felicitarte por este contenido,no se sí me gusta más el fondo o la forma…;) Estoy escribiendo un post sobre lo que sí se puede hacer cuando un corredor está lesionado y la natación forma parte de esas cosas…uno de los párrafos irá inspirado ,te nombrare…;) Salud y kms (o millas náuticas)

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Ángel! Muchas gracias por tus palabras, me alegra que hayas aterrizado por este rincón (utilizo tu expresión aeronáutica ;-)), siguiendo la sugerencia de las incombustibles Guerreras. Estas chicas son todo un ejemplo de fuerza, coraje y su espíritu contagia.

      Como has podido leer, coincido contigo al decir que la natación es un deporte que puede ser idóneo como sustitutivo del running, cuando estamos lesionados (siempre que no nos perjudique a esa lesión) y al mismo tiempo como disciplina complementaria, cuando estamos en perfecta condiciones. A mí el nado me aporta relajación en la musculatura, la tonifica y encima me ayuda a tener la mente “descargada, relajada”.

      Será todo un placer y un honor aparecer mencionado en tu post, así que cuando lo tengas házmelo saber. Por cierto, si eres tan amable dime cuál es tu blog, para poder asomarme yo también por él y poder compartirlo.

      Estamos en contacto, mientras tanto sigamos contando kilómetros, marcándonos metas y escribiendo sensaciones.

      Saludos y gracias repetidas.

      Paco.-

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