Lo que pienso mientras corro (V): Las lágrimas de San Juan

San Juan

Anoche, cerca de la medianoche, cuando el lunes agonizaba y un martes impaciente esperaba bajo el umbral de la hora bruja, anoche, cuando San Juan comenzaba a dejarse oír con lejanos sonidos de cohetes y petardos, anoche, decidí que esta mañana saldría a correr, temprano, muy temprano, para volver a sentir la soledad y el silencio de la horas que preceden al amanecer.

El sueño me venció sin esfuerzo alguno, fui una víctima fácil y en apenas uno minutos perdí mi conciencia, quedando en manos de ese mundo paralelo que nos aleja de la realidad cada vez que cerramos nuestros ojos y dormimos. Unas veces somos capaces de robar algunas de las imágenes de ese otro mundo o eso creemos, cuando en realidad nos la ponen en el bolsillo para que sepamos, una vez despiertos, que hay otra vida diferente a la que conocemos.

El sonido de la lluvia me ha despertado antes de la hora que tenía programada en el despertador y he vuelto a cerrar los ojos. Aún quedaba una hora más de sueño, una hora de descanso y el intenso murmullo del agua al caer ha servido de arrullo para volver a dormirme en apenas unos minutos. Segundos más tarde o eso le ha parecido a mi percepción, ha sonado la alarma y me ha traído de súbito de ese mundo escondido.

La presencia de charcos ha sido una señal inequívoca que me ha hecho saber que la lluvia no sólo llevaba tiempo cayendo, sino que lo había hecho de manera intensa. La temperatura era fresca y el agua seguía precipitándose de un cielo aún ennegrecido por el efecto de la noche. He comenzado a correr, con un ritmo suave y he comenzado a mojarme, lentamente. La noche era mía y yo era suyo, nos teníamos ambos, solos en el silencio y la quietud de esas horas en las que parece que todo se paraliza.

Los faros de algún que otro coche me han hecho poner los pies el suelo, sabiendo que no me encontraba sólo y el olor a tierra mojada ha dejado de ser perceptible a medida que ha aumentado la intensidad de la lluvia… una lluvia que minutos más tarde de comenzar a correr ha empezado a caer con más fuerza. El agua sobre el asfalto se hecho difícil de esquivar, por lo que he dejado de prestar atención al suelo y mis zapatillas se han ido empapando completamente, resignadas al momento.

La noche, con su temperatura y la copiosa lluvia, era más propia de la primavera que de la recién estrenada estación estival. Se me ha hecho extraño recordar un día de San Juan con semejante climatología y de repente han aparecido en mi cabeza las hogueras que apenas unas horas antes ardían en miles de lugares, algunas de las cuales hasta incluso era probable que aún tuvieran rescoldos de ese fuego purificador.

Ese fuego que desde hace miles de años ha venido uniendo en torno a él a los seres humanos. La atracción y el misterio del fuego, magnético, temido, respetado, adorado y hasta buscado, un símbolo de poder, de supremacía y de desarrollo para la raza. El fuego como excusa para reunir a las personas en un acto mágico, siguiendo una tradición pagana de origen ancestral y echar en él todo aquello que nos es negativo, expulsando así los malos espíritu y dejando arder todo lo viejo, como intentando recobrar nuevas energías.

Lejos de ese fuego, llovía, el agua seguía cayendo con fuerza y junto a mí ha pasado otro noctámbulo caminante, que bajo un paraguas negro se refugiaba del fuerte chaparrón… apenas he girado mi cabeza para mirarlo y he imaginado que era muy probable que se acabase de preguntar qué demonios estaba haciendo yo, vestido de corto, corriendo bajo la lluvia y calado hasta los huesos. Si mentalmente hubiese podido responderle le habría dicho que esa lluvia, a pesar de caer desde el mismo cielo, se siente de manera diferente: él se protegía y yo me entregaba a ella.

Hacía meses que no salía a correr a esas horas y muchos meses más que no disfrutaba de hacerlo bajo la lluvia, por lo que el momento se ha convertido en algo muy placentero. Y otra vez me ha venido a la mente San Juan y sus hogueras, un San Juan que este año parecía como si hubiese querido empezar su día regalándonos sus lágrimas, unas lágrimas con las que apagar esos otros fuegos que arden sin ser vistos, esos que silenciosos consumen y mortifican. Fuegos que se extienden y corren devastando todo a su paso, sin poder ser controlados y dejando una estela de cenizas.

Y llovía, seguía lloviendo y sin haberlo percibido la oscuridad de la noche había dado paso a un gris plomizo, mientras mis pensamientos saltaban las brasas de las hogueras y mi cuerpo se bañaba en lágrimas caídas del cielo. He seguido corriendo y entonces me he percatado que en esta ocasión la paleta de colores azules y naranjas, que preceden al amanecer, se ha quedado guardada para otro día. Pero no importa, porque hoy, hoy es el día de San Juan.

San Juan

Lo que pienso mientras corro (V)

Hoy mis kilómetros se han visto sorprendidos por la lluvia y la magia de la noche de San Juan. Y esa magia y esa lluvia me han hecho vivir un momento cargado de sentimientos, que dejo guardados en estas palabras. Si te ha gustado este escrito, compártelo. Muchas gracias.

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4 comentarios a Lo que pienso mientras corro (V): Las lágrimas de San Juan

  • guerreras running  dice:

    Fantástico el post! Enhorabuena y felicides kilómetros

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Guerrera! Muchas gracias por tu presencia por este rincón, siempre es un placer contar con una Guerrera entre los lectores y si encima me encuentro con un comentario, entonces es doble satisfacción.

      Un abrazo y felices kilómetros, sigamos corriendo.
      Saludos.

      Paco.-

  • Cristina  dice:

    Hola Paco:
    Aquí otra vez , ya se está convirtiendo en una costumbre ehh; ha sido una sensación increíble , al ir leyendo este post , ya que era como si estuviese viviéndolo en ese mismo instante , ha sido genial y a la vez compartido ya que hace no más de una semana sentí lo mismo y es fantástica esa sensación , además por supuesto de tu buenisssima escritura y encantadora historia , gracias y hasta la próxima .

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Cris! La verdad es que me tienes acostumbrado a tus comentarios y cuando no los veo los echo en falta, muchas gracias, de corazón. El correr bajo la lluvia puede parecer una locura, según a quién se lo digas, pero para quienes nos gusta correr es una experiencia muy bonita, totalmente recomendable y que ayuda a dejar volar la imaginación, como me pasó a mí en esta ocasión.

      Saludos y como tú dices: “Hasta la próxima”. Espero seguir contando con tu presencia.

      Paco.-

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