Correr, pensar, correr: lo que pienso mientras corro (I)

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Correr, pensar: imposible entender lo primero en ausencia de lo segundo. Cuando corres la mente también lo hace, pero por caminos distintos a los que te llevan las piernas y así, en cada salida, en cada carrera, piensas y esos pensamientos van quedando unidos a un deporte, que deja de convertirse sólo en deporte, para ser una terapia.

Este domingo, como cada semana (unas veces sábado, otras domingo) fue el día de la tirada larga, el día de la salida con mayor carga de kilómetros. Tocaban noventa minutos de ritmo suave, con pulsaciones no superiores a 130 ppm. Salida a las ocho de la mañana, con calles prácticamente vacías, cielo con algo de nubes y una temperatura alrededor de los 12 grados.

Cuando corres, disfrutas, pero obviamente no es lo mismo salir a hacer series, cambios de ritmo o carrera técnica, puesto que en esos casos tienes unos “deberes” que cumplir y no puedes perderte en tus pensamientos y sí debes centrarte en el tipo de entrenamiento que estás realizando.

Por ese motivo, cuando salgo “simplemente” a correr, como este domingo, es cuando mi cabeza se toma la libertad de dejarse llevar, mientras mis piernas se van centrando en hacer kilómetros y aquella se pierde en pensamientos. Puede ser un olor, un sonido o una imagen que se cruza en el camino y de repente ¡zas!, salta el automático y los pensamientos brotan.

Apenas llevaba unos doce minutos de carrera, iba escuchando música (como siempre) y me cuestionaba si tal vez debería haber salido con una camiseta de manga corta, puesto que notaba algo de fresco y un poco de viento molesto, en lugar de ir en tirantes… de repente me embargó un olor, estaba pasando junto a un huerto de limoneros y sus flores perfumaban el camino.

Se perdió la música y el frío dejó de serlo, dejó de ser frío…

Ese olor me trajo el sonido de los tambores de Semana Santa, de procesiones vestidas por túnicas de colores y caramelos de mil sabores. Días calurosos que terminaban en tardes de rebeca, caminando sin soltarme de la mano, entre el bullicio de gente que, apresurada, se agolpaba para ver pasar a la Dolorosa o al Cristo de la Sangre.

Mis piernas seguían su camino, con sus continuas y monótonas zancadas y mi mente, mi mente, no dejaba de viajar

Recordé la imagen de un vaso con agua, junto al fregador, haciendo de improvisado florero de un pequeño ramillete con flores a medio abrir, unas, cerradas otras. Sentado a la mesa de la cocina, entre oraciones de lengua, problemas de matemáticas y esquemas de naturales; tal vez soñando con ser mayor o tal vez, sin saberlo, ya lo era.

Un cruce de carretera demandó mi atención y tras esperar el paso de dos coches y una furgoneta, proseguí con mi marcha. Había dejado de sentir el fresco inicial y el sol comenzaba a abrigarme de forma generosa, que no calurosamente. Continuaba mi camino y mi mente el suyo…

Ahora sudaba y corría, con la camisa por fuera, entre “pasa, tira, chuta…”, un balón quedó atrapado en la rama de un limonero y provocó la caída de decenas de flores al suelo. Trepé por él para poder seguir con el partido y al subir sentí el roce de sus flores en mi pelo, me paré y respiré hondamente su olor, como queriendo guardarlo para siempre: “venga, cógelo, ¡¿pero qué haces!?”

Transcurrido el entrenamiento, el camino me llevó de regreso a casa; detrás había dejado kilómetros, que no conté, mientras recuerdos dormidos brotaron a mi conciencia. Recuerdos que me hicieron sentir y vivir momentos de una infancia que pasó, pero que latente, asoma en ocasiones intentando ocupar un tiempo, que en parte perdió.

Esta vez fue un olor, la fragancia de una flor, la que me hizo “perderme”. Quien visite Murcia en primavera descubrirá que tiene un olor inconfundible, un olor que quedará ligado a las imágenes que se lleve de esta ciudad y que no es otro que el que desprende la flor de azahar.

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Lo que pienso mientras corro: La flor de azahar

 

Salir a correr es más que un deporte, al menos para mí y para ti, ¿también lo es?; comparte este artículo si te ha gustado. Muchas gracias.

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2 comentarios a Correr, pensar, correr: lo que pienso mientras corro (I)

  • anuskijester  dice:

    De verdad te leo, y me apetece ponerme a correr. Lo haces parecer fácil, verdaderamente te apasiona, es tremendo¡¡

    Que sepas que leyéndote he olido la flor de azahar, y pocos escritos consiguen que sus palabras enlacen tan rápidamente con los sentidos. El frío, el calor, y el maravilloso olor de la flor de azahar tan típico de nuestra ciudad.

    Gracias.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Buenas noches, Esther!

      ¿Sabes?, encontrarme con comentarios como el tuyo es lo que me anima aún más a seguir practicando esos dos “mundos”, tan diferentes, con los que me siento a gusto: correr y escribir. Muchas gracias, de todo corazón, Esther.

      Creo que puedo decir que para cualquier murciano, ese olor es parte de nuestra identidad, de nuestra vida y con ella seguro que a todos nos vienen a la memoria momentos que jamás olvidaremos y que nos ligarán a nuestra querida tierra. Y eso, humildemente, es lo que he pretendido con este texto.

      Respecto a lo de correr… tal vez sea fácil o no, dependerá de cada uno, pero sí te puedo asegurar que cuando hacemos algo que nos reporta satisfacción, algo con lo que nos sentimos bien, por mucho que nos cueste, lo haremos, ¿verdad?; si mis palabras te despiertan ese instinto de salir corriendo, pruébalo, tal vez tu cuerpo, tu mente, te lo estén pidiendo veladamente: dales una oportunidad. Yo, ni decir tiene, que te animo con todas mis fuerzas.

      Un abrazo,
      Paco.-

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