Cuando el Romanticismo se ata a los pies

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El Romanticismo fue un movimiento cultural que se desarrolló en Europa, durante los últimos años del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, como una opción contraria la Neoclasicismo existente por entonces, ensalzando la libertad creativa y dando rienda suelta a la fantasía y a los sentimientos. En un romántico se aunaban rasgos como la valentía, la sentimentalidad excesiva, la nostalgia, la originalidad, la creatividad, el gusto por lo imperfecto, lo inacabado, por un final abierto, por lo trágico… lo racional cede su hegemonía a lo instintivo y lo sentimental.

Hoy en día, hablar de Romanticismo puede resultar caduco, rancio e incluso casposo, pero por suerte si hay algo que caracteriza a la sociedad en la que vivimos es que, pese a las habituales y periódicas modas que nos gobiernan, todo tiene cabida, cualquier tipo de manifestación está permitida o al menos no se llega a ver como algo alejado de la realidad, como tampoco es preciso tener una mirada lánguida, ni un aspecto bohemio. Por ello, permitidme que esta semana nos dejemos contagiar un poco por ese Romanticismo.

Sí, hoy quiero mezclar Romanticismo y correr, meter en un mismo saco esos dos mundos tan antagónicos, tan distintos y buscar qué puede haber del primero en el segundo. No, no me toméis por loco, porque seguro que alguno de vosotros habréis sentido en más de una ocasión ciertos sentimientos al correr que bien podrían acercarse a algo parecido al Romanticismo. ¿Y esto a cuento de qué?, os preguntaréis…

Durante los dieciséis años que llevo atándome unas zapatillas de correr y teniendo en cuenta que no empecé en ello siendo un quinceañero (estaba a punto de entrar en la decena de los treinta), creo que he pasado por todas las etapas que pueden asociarse a este deporte, que van desde la inicial de enamoramiento, en la que lo descubres y quedas atrapado por él, hasta la actual de carácter familiar, donde todo parece de sobra conocido. Entre medias, épocas más o menos dulces, con mejoras físicas evidentes; épocas de estancamiento, con un camino que parecía no conducir a ningún lugar; épocas amargas, con lesiones que han obligado a separarme de él; y sí, también a veces, épocas de rechazo, de cierto hastío, donde la pereza y la desgana han intentado, sin éxito, alejarme de él.

Sin embargo, si eres de los que para ti correr es algo más que kilómetros, tiempos, ritmos, algo más que carreras, podios, medallas, algo más que entrenamientos, rutinas, esfuerzos, si para ti correr es algo más que todo eso, es muy probable que albergues esa extraña manifestación del Romanticismo. Sí, está claro que correr es todo eso y más, por eso a un romántico de este deporte también le gustará pensar y obsesionarse por todo lo dicho: kilómetros, tiempos, entrenamientos, etc.

No sabría responder si este petulante Romanticismo que manifiesto se apoderó de mí con el paso del tiempo y de los kilómetros o simplemente se instaló en mí desde aquella mañana de marzo, cuando vi por primera vez a cientos de corredores terminar un medio maratón. La verdad es que no es algo que me preocupe y sí le doy importancia a ese sentimiento que provoca en mí este deporte, que me tiene enganchado a él como un novio entregado (encelado), que le echa de menos cada día que no lo disfruta y es incapaz de esconder su sonrisa cada vez que se siente junto a él.

Sí, como ya escribiera en un par de post, correr es poesía, de la misma manera en la que correr es puro Romanticismo

Romanticismo que nace de ese deseo que albergas en tu interior por salir a correr y que comienza con una simple emoción, la de atar los cordones de tus zapatillas. Correr es esa primitiva e irracional libertad de moverte, sin más. A partir de eso te vuelves parte de lo que te rodea, te mimetizas con tu entorno, te pierdes entre edificios, caminos o montes, tus ojos se embriagan de paisajes que pasan desapercibidos, unos, o de otros que te atrapan para siempre. Sientes el frío, el calor, la lluvia, la nieve o el viento, la luz de la mañana y la oscuridad de la noche, y en todos esos escenarios estás tú, corriendo, simplemente corriendo… es puro instinto animal, donde se aúna lo sentimental.

Olvídate de carreras, de arcos de salida, incluso de metas (por muy necesarias que sean), ata tus zapatillas y sal a correr, sin más. Sal a correr, siéntete, escúchate, encuéntrate y pregúntate entonces si correr no es también puro Romanticismo… valentía, sentimentalidad excesiva, nostalgia, originalidad, creatividad… ¿acaso puedo estar perdiendo la cabeza? No, no y mil veces no, tan solo me gusta correr y si a ti también te pasa lleva cuidado porque un día, cuando menos te lo esperes, sucederá y no habrá marcha atrás:

El Romanticismo se atará a tus pies.

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Romanticismo… parte de correr.

Y tú, ¿le has encontrado también esa parte romántica a este deporte o para ti solo tiene sentido el aspecto deportivo, físico, de esfuerzo y sacrificio, unido al afán de superación? Deja tu punto de vista, anímate y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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