Cuestión de cabeza

cabeza

Por todos es sabido que en la vida todo nos funciona mucho mejor cuando le ponemos un poco de cabeza, ¿verdad? Lógicamente no estoy refiriéndome a ella en el plano literal de la palabra, es decir, que no importa para nada que nuestra cabeza sea más o menos prominente, más o menos homogénea, ni que tenga más o menos pelo; todo eso influirá en tener un aspecto estético más o menos bonito, más o menos agradable, pero nada más allá y lejos quedan esos cariñosos piropos tipo: “cabezón, general de la legión”, “tienes más cabeza que espalda”, cabeza-buque” y otros tantos que me vienen a la mía, a mi cabeza.

Así, dejando a un lado esas letanías, que a más de uno nos habrá arrancado alguna sonrisa fruto de recuerdos de años lejanos, me quedo con el aspecto “serio”, con la parte con más seso. Y es que por diferente que sea aquello que hagamos, todo, absolutamente todo tendrá un mejor resultado si ponemos nuestra cabeza en ello. Algo tan obvio y elemental, pero que en ocasiones tal vez no reciba toda la atención que se merece, de ahí que la expresión “tiene una cabeza muy bien amueblada” sea siempre recibida con mucha atención y tenga carácter de excepcional o extraordinario.

No nos engañemos, a menudo no solemos emplear nuestra cabeza en todo lo que hacemos y luego, como consecuencia, podemos encontrarnos unos resultados que quedan lejos de las expectativas que nos habíamos marcado, con las consiguientes consecuencias que ello puede tener… consecuencias de una mayor o menor magnitud, en función de a lo que nos estemos enfrentando.

Y puestos a referirme a algo importante, pero importante de verdad y donde se requiere de un poquito de cabeza, lo hago en nuestro querido y amado running. Bromas aparte, nuestro deporte, sin llegar a la categoría de primera necesidad (o casi), aunque sí que podemos llegar a catalogarlo como algo con un peso fundamental en nuestra vida, de ahí que debamos tratarlo de la manera que se merece y siempre en función de hasta dónde queramos llegar y qué queremos obtener de él.

En cualquier caso y con independencia de nuestro nivel como corredores, en todos los casos y siempre que queramos ir mejorando en él, deberemos tener muy presente que nuestra cabeza será la mejor aliada para la consecución de cuantas metas u objetivos queramos marcarnos. No bastará con ponernos a correr como almas que lleva el diablo y dejar temblando a nuestras piernas, tras someterlas día sí y día también a una buena dosis de kilómetros, no, claro que no.

A lo largo de los años que llevo atándome las zapatillas, he intentado mantener, en la manera de lo posible, una misma mentalidad, aunque es cierto que no siempre he ido obteniendo resultados similares, fruto de períodos en los que los entrenamientos eran más escasos o fruto de que éstos eran de menor calidad.

Son esas fluctuaciones en nuestros logros, las que puede hacernos vacilar en nuestro romance con el running, y donde cabría pensar que es ahí donde nuestra cabeza debe ayudarnos a superar ese pequeño bache de resultados, ¿verdad? Pues sí, en parte esa es una de las misiones de nuestra cabeza, pero sería un error tremendo pensar que ésta está fundamentalmente para esas “cosas”, sencillamente porque nuestra cabeza es:

TODO, simplemente, TODO

Y gracias a ella seremos mejores corredores y tendremos mejores resultados. ¿Así de sencillo?, imagino que os estaréis preguntando, ¿con eso basta? Evidentemente no, por supuesto que no, ni mucho menos. Términos tantas veces usados por nosotros mismos y escuchados en bocas de otros corredores revolotean a nuestro alrededor y son fundamentales si queremos ir mejorando en este deporte, pasito a pasito. Esos términos a los que me refiero no son otros que:

confianza, motivación, disciplina, constancia

Si nuestra cabeza es capaz de jugar bien esas cartas, tendemos un póker de ases, pero lógicamente, nos faltará una figura para conseguir alcanzar la mejor calificación: el repóker. Y es ahí donde entra la parte física, ahí es donde nuestras piernas deben empezar a “hablar” y poner sobre la mesa toda su fuerza y sus ganas. De esa manera tendremos unas magníficas cartas en nuestras manos y saber jugarlas bien nos dará la posibilidad de llevarnos la partida.

Es más que evidente que si perdemos alguna de esas cincos cartas no conseguiremos el resultado que anhelamos, por lo que nuestra cabeza debe ser lo suficientemente hábil de emplear las dosis justas de todas ellas, combinándolas de manera que consiga un equilibrio casi perfecto, en función de nuestro nivel de exigencia con nosotros mismos. De esta manera, deberemos “aplicarnos” más en función de lo alto que queramos llegar y menos, en un sentido menor.

Como podéis imaginar y volviendo al símil del famoso juego de cartas, sólo por meras reglas del mismo, sabremos que con un as o dos, no ganamos la partida, o dicho en “cristiano”, de qué nos vale tener mucha confianza en nosotros mismos, si luego no somos capaces de meterle “caña” a nuestras patas, o si eso de “bueno, ya salgo mañana, que hoy hace un aire…”, es una frase que nos decimos a menudo. ¿O de qué servirá ser unos portentos físicamente, si luego somos indisciplinados o carecemos de motivación? La respuesta en todos esos casos está clara: nada, no, nos servirá de nada.

Pero nuestra cabeza no sólo es fundamental en el arte para saber barajar de manera magistral esas cualidades, junto con nuestra parte física, sino que también es parte primordial en la toma de decisiones más triviales, como la elección de nuestra ropa para correr, decidir cuál es el horario que mejor nos viene para hacerlo o qué alimentos favorecen nuestro rendimiento, entre otras cosas.

Y algo que no quiero omitir es su poder mediador, ese que nos permitirá encajar y sobreponernos a esa sensación de fracaso que nos puede embargar cuando no logremos alcanzar un objetivo o, en el lado opuesto, saber asimilar y digerir el éxito de conseguir un triunfo (basta con supernos nosotros mismos, nada de tener que subirnos al podio), de manera que no nos haga caer en la complacencia y la relajación, que sólo nos haría dar un paso atrás, tanto física, como mentalmente.

En resumen y de manera muy breve: tengamos cabeza, seamos sensatos y eduquémonos para llegar hasta donde queramos, seguro que lo conseguiremos… y es que el running es como la vida y en esta vida, con cabeza, llegaremos lejos y con nuestras piernas, más lejos aún.

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Cuestión de cabeza

¿Coincides conmigo en darle el papel más importante a nuestra cabeza?, ¿cuánto de ello representa en nuestros logros como runner? Anímate, deja tu punto de vista. Muchas gracias.

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4 comentarios a Cuestión de cabeza

  • Fernando Murcia  dice:

    Paco, coincido plenamente contigo en el papel que le das a la cabeza para todos los aspectos de la vida y, como no, también para el correr. Además, es exáctamente igual de importante sea cual nuestro nivel físico o competitivo, sean cuales sean nuestras metas. Importante saber templarla cuando las cosas van bien y se quiere “venir arriba” e importante cuando no te salen las cosas (sea lo que sea, una marca, un objetivo, simplemente haber podido correr) y parece que todo se derrumba.
    Sin duda alguna (y no quisiera caer en la adulación gratuita, sinceramente lo pienso) eres uno de los corredores que más “cabeza” le pone a esto del correr y, a las pruebas me remito, ¡hay que ver qué buenos resultados te da!
    Un fuerte abrazo.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Fernando! Cómo me gusta “tenerte” en este rincón y leer tus comentarios, muchas gracias… creo que dentro de poco tendré que pensar en abonarte algunos honorarios por todo ello ;-P Bromas aparte, sabes que es una satisfacción y un honor contarte entre quienes soléis entrar por aquí, y eso es algo que agradezco y mucho. Respecto al comentario en sí, lo has resumido a la perfección y efectivamente, el papel de nuestra cabeza es exactamente igual, independientemente de cual sea nuestro nivel físico o competitivo, o nuestra meta, por lo que ella nos podrá ayudar a “ganar” o “perder” (entrecomillo ambos verbos, porque ambos sólo están referidos a hacerlo con, contra, nosotros mismos, sin más). Por último, te agradezco mucho que me consideres un corredor con “cabeza” y sé perfectamente que lo haces de manera sincera, lo sé… tal vez se deba a ese ramalazo técnico o analítico de mi forma de ser, que me hace intentar controlar cada prueba, como si fuera algo pautado y medible, aunque todos sabemos que es algo más que eso, y que sobre el papel hay muchas variables que entran en juego e influyen.

      Gracias, una vez más y no dejes de correr, porque tu cabeza está hecha para ello (para correr) y ante eso, no hay marcha atrás.

      Un fuerte abrazo.

      Paco.-

      • Fernando Murcia  dice:

        Es una de mis principales metas en esto del correr, seguir corriendo. Auténticamente un fin en sí mismo. Obviamente todos queremos mejorar, hacerlo cada vez más rápido, incluso cada vez más distancia (en este punto se nos va un poco la “cabeza”, aunque eso daría para otro post entero, tal vez sea yo el que me anime a escribirlo…jejeje). Pero correr equilibra mi vida y mi cabeza. Vertiente negativa del “asunto” cuando no corro estoy más irascible, necesito mi chute de endorfinas…

        Un fuerte abrazo, amigo.

        • Paco Molina  dice:

          ¡Hola, Fernando! Sí, claro que todos queremos mejorar, es parte de este deporte y un rasgo del carácter humano, pero siempre sin perder la cabeza… por cierto, a ver si te lanzas a escribir ese post, porque a buen seguro que merecerá mucho la pena (a la espera quedo). Mientras tanto, sigamos corriendo, sigamos disfrutando y evitemos esa irascibilidad que nos acompaña cuando no lo hacemos (creo que a todos nos pasa).

          Un fuerte abrazo y gracias, de nuevo, por tu “presencia” y comentario.

          Paco.-

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