Cuestión de tiempo

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Sería imposible saber cuántas veces nos hemos dicho o hemos oído decir frases como: no tengo tiempo; date prisa, que no hay tiempo; cómo ha pasado el tiempo; no lo intentes, no te va a dar tiempo; llegué sin apenas tiempo… o tantas y tantas otras. En todos los casos el tiempo nos marca de forma continua, nos gobierna y de alguna manera nos hace ser esclavo de él, como sumisos pupilos a los que tiene a su merced, siempre pendientes de él.

El tiempo es el bien más equitativo que nos concede la vida cada día, ya que no hay nada que condicione el que podamos disponer de una mayor o menor cantidad. No importa la clase social, el sexo, raza o religión, todos, absolutamente todos disponemos de la misma cantidad de ese mismo bien: 24 horas diarias. Y a partir de ahí, como cada cual lo emplee es cosa suya, por lo que según el uso que de él se haga podremos sacar un mayor o menor aprovechamiento, en definitiva un mayor o menor beneficio.

Por las mañanas un despertador, a las órdenes de los dígitos de un reloj, suele ser el artefacto que nos saca de nuestro dulce dormitar; escuchamos las noticias donde repetidamente dan la hora, para que a nadie se le haga tarde; en la cocina tenemos un reloj al que no le quitamos el ojo mientras desayunamos a la carrera; en nuestro coche un display luminoso en el panel de mandos nos mira de manera dócil y penetrante, clavando los minutos en nuestra retina; y hasta nuestra muñeca luce un bonito reloj que va con nosotros a todos lados… el tiempo, siempre el tiempo, como si se fuera a gastar y mañana ya no tuviéramos, sin darnos cuenta que al día siguiente volvemos a tener nuestros bolsillos llenos de él.

Y cómo no, ese tiempo, presente en toda nuestra vida, no podía estar ajeno en el plano deportivo. Sin él el deporte no tendría la misma concepción o mejor dicho, no tendría sentido, puesto que gracias a él se puede medir la duración del enfrentamiento entre rivales y él es también el único juez que determina quién debe ser el ganador de una prueba en la que se compite por conseguir un menor valor suyo. Lógicamente ese tiempo también está en nuestro querido running.

No importa que no compitamos, da igual que no formemos parte de ningún equipo, ni que no nos midamos ante otros, porque simplemente nosotros mismos ya comenzamos a “jugar” con él, con el tiempo, desde ese primer día en el que nos atamos unas zapatillas y salimos a correr. Aquel día, quizá nos pusimos un reloj o un cronómetro y nos marcamos un límite y paramos: “5 minutos y me vuelvo”; y tal vez así lo estuvimos repitiendo hasta ver que poco a poco podíamos estar más tiempo manteniendo una carrera continuada, ¿verdad?

Después seguro que llegó esa época en la que poder estar un buen rato corriendo ya no era problema y entonces comenzamos a marcarnos distancias, en lugar de tiempo… pero claro, también es probable que una cosa llevara a la otra y entonces entráramos en una tercera etapa, que no fue otra que aquella en la que empezamos a querer conseguir mayores distancias con menores tiempos… y que nadie me diga que no, porque lo pongo en duda muy seriamente.

Y de repente entramos en esa dinámica de querer mejorar nuestro rendimiento, para lo cual comenzamos a entrenar y correr a unos ritmos mayores e intentamos que los tiempos disminuyeran. Fue entonces cuando oímos, nos aconsejaron o leímos que un reloj no sólo debía marcar el tiempo, sino que también debía marcar nuestras pulsaciones, para llevar el control de nuestro ritmo cardiaco y no andar “jugando” con nuestra salud, porque “ya hacía algún tiempo que habíamos dejado de ser chavales y no estaba de más mirar por uno mismo”, ¿a que sí?

Dicho y hecho, nos hicimos con un reloj que no sólo marcaba ya el tiempo, sino que también marcaba nuestras pulsaciones y aprendimos que hay un umbral en el que nos debíamos mover, desde ese punto de vista cardiaco, para conseguir mejorar nuestra forma física, recorriendo mayores distancias en menor tiempodistancia y tiempo. Si a esas alturas no teníamos ya un reloj que además de marcar el tiempo y las pulsaciones, también nos marcara la distancia es que algo fallaba, puesto que controlar todo eso significaba tener todas las cartas en las manos para poder jugar en serio la partida.

Sí, vale, es cierto, esa progresión de la que hablo era la que había antes, hace unos años (no tantos, la verdad) y en la actualidad, con los móviles que existen, un corredor novato puede tener desde el primer día todo eso, además de descargar su ruta en un programa informático o subirlo a una nube, ir escuchando a David Guetta, hablar con su primo que está en Amberes, sacar unas entradas para la función de The Hole y reservar mesa en un japonés, todo desde el mismo dispositivo, sin despeinarse y casi al mismo tiempo, ah, y corriendo.

Bromas aparte y siguiendo con el tiempo (que me lío y os lo hago perder), sólo él es el único que puede conceder o negar medallas, el único que puede otorgar a un corredor un día de gloria si éste ha conseguido hacerle un guiño, al ganarle la partida y detenerlo por debajo de ese guarismo que marca la diferencia entre estar en la tierra o en el cielo. Tal vez restemos importancia al mero hecho de ser capaces de completar una distancia y valoremos realmente si esa distancia hemos sido capaces de recorrerla mejorando nuestro anterior tiempo o no.

Pero en parte es normal, no nos engañemos, tener ese incentivo y querer mejorar personalmente es lo que nos anima a superarnos cada día, ya que de lo contrario nos faltaría motivación, ¿no os parece? Como consecuencia hay algo que está muy claro y es que todo es cuestión de tiempo y lo que tal vez comenzó simplemente siendo cinco minutos de carrera, es muy probable que se haya convertido en querer conseguir el menor tiempo posible en cualquiera de las distancias que corramos.

Sin duda es muy acertada esa frase que dice que “el tiempo es oro”, por eso tal vez cuando corremos, cuando participamos en una carrera, intentamos que él sea el menor posible, para no gastar mucho y que nos quede el mayor de ese tesoro en nuestros bolsillos, sin darnos cuenta que a la mañana siguiente, al despertar, volveremos a ser “ricos”…

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Cuestión de tiempo

¿Eres de los que salen a correr por tiempo o tal vez sales a hacer una distancia en el menor tiempo posible?, ¿piensas que en ocasiones se le da demasiada importancia al tiempo que empleamos en una prueba o crees que eso es fundamental para crecer en este deporte? Anímate, deja tu punto de vista. Muchas gracias.

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Un comentario a Cuestión de tiempo

  • Cristina  dice:

    Hola , querido Paco:
    Bufff ! El tiempo!! Nos hace ir a toda máquina y a contra reloj, pero Q importante es porque como bien dices es oro y pasa volando.
    Creo q Tod@s salimos unas veces con tiempo y otras para simplemente disfrutar.
    Hasta gero .

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