Cuestión de suerte… y de carencias

suerte & carencias

Hay que tener suerte hasta para morirse.

Esa fue la afirmación que me dijo un amigo, de esos que te echas en el gimnasio cuando coincides a menudo en el vestuario, vistiéndote para ir a hacer tu actividad o ya en labores de limpieza, en ese momento en el que una buena ducha es lo que mejor sienta tras el ejercicio realizado.

No pude evitar soltar una carcajada y darle la razón, por tan rotunda afirmación. Sí, es cierto, todo en esta vida requiere de ese punto de suerte, que podrá venir en cantidades más o menos grandes, más o menos pequeñas, pero que estará ahí queramos o no. No es menos cierto también que aumentaremos la probabilidad de que esa suerte se fije un poquito en nosotros si nuestro comportamiento va encaminado a dar con ella. Así, un aspecto que es conocido de sobra y que viene como anillo al dedo, por aquello de ser un buen ejemplo, es que podremos pasarnos toda una vida participado en juegos de azar y no vernos nunca agraciados, claro que también coincidiréis conmigo en que si no jugamos, jamás veremos la sonrisa de la Diosa Fortuna, ¿verdad?

Siguiendo con esa frase del amigo de gimnasio…

Y después de muertos, ¿qué nos importa ya a nosotros si hemos tenido suerte o no, en ese último trámite de nuestra vida?

Me pregunté, una vez que ya había abandonado el gimnasio e iba de camino a casa. De nada, la verdad es que no importa nada, total, una vez que la espichamos todo deja de contar, todo deja de importar. Sin embargo, mientras que estemos pululando por aquí seguro que todos buscaremos o al menos, desearemos, que nuestra suerte sea lo máxima posible y cómo no, de las buenas, de las mejores.

Por lo tanto, como he dicho anteriormente, la suerte nos vendrá a visitar por casualidad, como fruto del azar o será el resultado, la consecuencia de nuestra actitud, de nuestro trabajo, la evidencia que se ve materializada en aquella frase que todos hemos escuchado alguna vez:

El que la sigue, consigue.

Ahí tendrá que ver y mucho, nuestro afán por alcanzar aquello que deseamos, por perseguir y luchar por lo que nos hayamos propuesto.

Es decir, que daremos con la suerte por pura casualidad o haremos que las leyes de la probabilidad nos sean favorables, si contribuimos a ello haciendo aumentar nuestras papeletas como fruto de nuestro afán y de insistir e insistir. Perfecto, buscadla, vamos, buscadla y tentadla, pero ojo, no os olvidéis de algo que es aún más importante que lograr aquello por lo que jugamos, por lo que apostamos: nuestra capacidad para saber aprovechar, rentabilizar y multiplicar esa suerte.

¿Y cómo conseguiremos eso?, o mejor preguntado, ¿qué puede hacer que desaprovechemos nuestro golpe de suerte (más o menos buscado, más o menos merecido)? Muy sencillo, nuestras carencias. Ellas serán las máximas responsables de arruinar la gracia de una suerte que durará el mismo tiempo que tarden esas carencias en desaprovechar esa oportunidad. Sí, algo tan sencillo y tan difícil de ver o de aceptar como nuestras carencias, esas que debemos ser los primeros en identificar y en asumir, y que se convertirán en una potente motivación si las vemos como un argumento de superación.

Dicen que todos somos capaces de conseguir aquello que nos propongamos, que las limitaciones no existen y que las carencias son, únicamente, el fruto de la falta de confianza en nosotros mismos, que nos hace perder la fe en la consecución de nuestros objetivos. Pues no, me vais a perdonar, pero ni todos somos capaces de lograr todo lo que nos propongamos, ni las carencias son un motivo de decepción o hundimiento personal, ni mucho menos. El ser humano quizá sea el animal más perfecto de la creación, pero en su propia perfección están sus defectos, sus excesos y también sus carencias.

Con todo eso, nada como saber quiénes somos, dónde estamos y de dónde venimos, solo así nuestras carencias no tendrán nunca un efecto devastador en nuestra suerte y solo si somos tan ingenuos o tan soberbios como para no identificarlas, malgastaremos lo que nos tenga preparado el destino.

No, no se trata de dejar pasar un tren, sino de subirse a él y descubrir si debemos continuar ese viaje o bajarnos en la próxima estación. La suerte puede estar en uno de sus vagones o quizá no viajar en él, por eso lleva bajo un brazo todas tus virtudes y bajo el otro, tantas carencias como atesores, porque unas y otras te ayudarán a llegar y a no desaprovechar aquello que la vida te ponga en el camino o tal vez, saber qué debes dejar escapar.

¿Y correr?, ¿dónde se ha quedado esta semana nuestro correr?… correr era el pasajero que se sentó a mi lado aquel día que cogí ese tren. Allí, mientras nos alejábamos, se puso a hablar de él y me contó tantas cosas como me podía ofrecer. A él no le importaban mis carencias, como tampoco prestó atención a mis capacidades, tan solo me miró a los ojos y para terminar de hablar me susurró:

No quiero ganadores y sí a los que no se rinden, no castigo a los perdedores, pero doy la espalda a los que no lo intentan, no ofrezco el olimpo, pero sí la gloria… tu gloria.

En la siguiente parada se bajó de estación y yo… yo me bajé con él.

Aquel día cambió mi suerte, y mis carencias… mis carencias siguieron siendo mis carencias y con ellas empecé a correr.

suerte & carencias

Entre suerte y carencias

Nada como tener suerte en esta vida, y nada también como ser conscientes de nuestras carencias, para evitar que esa suerte deje de ser tal. Anímate y da tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

¡Comparte!

Deja una respuesta