Dando ánimos

post_ánimos

Hoy vengo cargado de ánimos, de buenos ánimos, aunque ahora que lo pienso creo que no existen malos ánimos, más bien los hay o no los hay, así de sencillo, por lo que eso de “buenos ánimos” queda un poco redundante y carente de sentido. ¿Y a cuento de qué vienen estos ánimos hoy?, podréis preguntaros con toda la razón del mundo… ¿acaso tendrá que ver con la llegada de la inminente primavera, que baña todo de luz?, ¿o tal vez sean las cercanas fiestas de Semana Santa, que con sus días festivos y de descanso hacen ver todo con un mayor optimismo? Quizá algo de todo eso forme parte de esos ánimos, aunque el motivo real va por otros derroteros.

Esos derroteros tienen mucho, pero mucho que ver con el Medio Maratón de Murcia, celebrado el pasado domingo, día 13 y que supuso su edición número XXXVII. Un medio maratón que allá por el año 2002 acudí a ver como un espectador más y que cambió mi vida para siempre. Fue entonces cuando vi la grandeza, los valores y la sencillez de este deporte y cuando decidí atarme unas zapatillas por primera vez, comenzando así a dar zancadas que a día de hoy, 14 años después no he dejado de dar, salvo en aquellos períodos en los que alguna lesión me lo ha impedido, como me pasa en la actualidad y que tan bien sabréis quienes me leéis de manera habitual.

Con la excepción de un solo año, si la memoria no me falla, nunca he dejado de correr esta prueba, por lo que asistir como espectador a ella era una mezcla de sentimientos: por una parte iba a echar mucho de menos no poder tomar la salida como un corredor más y por otra parte me ilusionaba la posibilidad de estar cerca de tantos amigos y conocidos que esa mañana intentarían alcanzar sus metas. Metas que a buen seguro serían muy distintas entre unos y otros, pero cuyo denominador común era el mismo en todos los casos: conseguir aquello por lo que habían entrenado, aquello que en voz alta o en silencio seguro que se habían dicho para sí mismos.

El día despertó espectacular, ideal para correr, con una temperatura fresca y un cielo limpio de nubes que hacía presagiar una mañana de esas que enamoran, sobre todo si es en Murcia y en las calles ya se empieza a oler a azahar. Y yo, contagiado por el optimismo de esa agradable climatología, llegué hasta el lugar de la salida cargado de ánimos para repartir entre tantos amigos con los que compartimos esta pasión y que representa la parte más valiosa de este deporte, concediéndole un mayor sentido a esta sana locura. ¿Cargado de ánimos?, así creía ir yo…

Pobre ingenuo, yo, que sólo esperaba animar y desear suerte a unos y otros, me encontré con un torrente de muestras de cariño que me desbordaron e inevitablemente me emocionaron. Estúpido, que creía haber llegado hasta allí para dar ánimos, me vi agasajado por sorpresa con palabras, gestos y continuos deseos de recuperar cuanto antes la lesión por la que atravieso. Yo, a quien me había costado tomar la decisión de acercarme hasta la carrera por ser consciente de que iba a estar rodeado de runners y no poder ponerme mis zapatillas, me encontraba recogiendo ánimos y gestos de cariño.

Agradecido y emocionado guardé todas aquella palabras como el mejor de los regalos, pero aquel no era mi momento, sino el de todos los que se arremolinaban bajo el arco de salida a la espera del comienzo de la prueba. Así, paseé por la acera, contemplando la masa de atletas, que en número superior a los 3.500 comenzarían a correr en apenas unos minutos y me alejé más de trescientos metros de la línea que ponía el freno momentáneo al ímpetu de los corredores y allí, en la distancia, presencié el inicio de la carrera… el público empezó a aplaudir y los ánimos se empezaron a oír.

Acostumbrado a ser protagonista y no espectador me recreé escuchando cuantas palabras de ánimo otorgaban quienes a mi lado presenciaban, como yo, la carrerauna madre callada, una novia de mirada iluminada, un joven padre con su bebé al que nada entretenía, un matrimonio de edad avanzada, un grupo de amigos que hablaba y hablaba… todos esperando su momento, ese en el que entregar con sus palmas, sus gritos y sus gestos, los ánimos que llevaban guardados para ellos. Ellos animaban, yo los miraba y pensé:

Esos ánimos son el mejor avituallamiento de una carrera y su efecto supera con creces los del mejor gel recuperador que se pueda ingerir.

Y comenzaron a pasar amigos, a los que también animé yo, dando palmadas que ayudaran a mover sus piernas, diciendo sus nombres y chocando mi mano con algunos de ellos. Disfrutaba de verlos correr y apoyado en la valla metálica que impedía el acceso a la carrera, me parecía sentir sus pulsaciones, esas aceleradas de cuantos se esforzaban en cada metro que avanzaban. Algunos, los más concentrados, simplemente escuchaban, otros me miraban, también estaban los que sonreían y todos, todos, seguían corriendo, llevando consigo esos ánimos que a todos nos ayudan y nos gusta recibir.

Ánimos que mientras los daba también me ilusionaron y me hicieron comprender la fuerza, la magia y el sentido que podemos encontrar en una palabra o en un simple gesto, aparentemente insignificantes pero capaces de sacar lo mejor de cuanto llevamos dentro de nosotros. Ellos corrían, yo los miraba y pensé (de nuevo, pensé):

¡Ay!, si recibiéramos esos ánimos todos los días en esta carrera de fondo que es la vida

Murcia dejó escrita la huella de un nuevo medio maratón y sus calles quedaron sembradas de los ánimos de todos aquellos que habían vuelto a correr con el deseo de llegar en primer lugar, de ser capaces de mejorar o simplemente de conseguir terminar. Ánimos que les ayudaron, que les motivaron, pero que de nada les habrían servido si ellos y sólo ellos no hubieran hecho algo tan sencillo y tan grande como lo que esa mañana se habían propuesto hacer: CORRER.

post_ánimos

Dando ánimos

Qué importancia y qué valor tienen unos ánimos, pero no sólo para el que los recibe, sino también para quien los da. Es el valor de la reciprocidad, el principio de “acción-reacción” en las Leyes de la Física, pero aplicado en el día a día. El domingo fui a dar ánimos y me vine cargado de ellos… ¿compartes conmigo este punto de vista? Si es así, deja tu opinión y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

¡Comparte!

Deja una respuesta