Decálogo para una runner consorte

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Hace mucho tiempo aprendí que consorte (término sinónimo de cónyuge) es un vocablo que lleva inherente una implicación mucho mayor que la de aquella romántica y ñoña expresión que todos habremos escuchado alguna que otra vez, sobre todo en el comienzo de una relación: Contigo pan y cebolla, en la que todo parece quedar referido al amor, cariño, armonía y entendimiento. Sin embargo, todos sabemos o deberíamos saber que ser consorte es algo más que eso, tanto como estar al lado de esa persona con la que compartimos nuestra vida, ya sea en las buenas como en las malas, en las duras y en las maduras, y de una manera u otra conseguir compenetrarnos entre ambos.

Con independencia del grado de compenetración entre cónyuge y consorte, aquellas palabras que ceremonialmente pronunció el sacerdote: … prometéis amaros y respetaros, en la salud y en la enfermedad todos los días de vuestra vida… y que parecieron sacadas únicamente de su misal para ser dichas en voz alta solo en esa ocasión, comienzan a tener sentido cuando, tras un par de semanas, la persona con la que solías acostarte también empieza a despertarse junto a ti y además sueles encontrártela en cualquier rincón de una casa bajo cuyo techo tomas conciencia que, ahora ya sí, compartís. Es el momento en el que comprendes que, casado o no, tienes consorte.

Por eso, cualquier cónyuge o consorte comparte, en mayor o menor medida, muchos puntos en común con su media naranja y a pesar de lo diferentes que podemos llegar a ser unos de otros, siempre existen aspectos que nos hacen estar unidos a esa persona con la que convivimos en nuestro día a día. Además, por regla general, también solemos preocuparnos para que las aficiones de nuestra pareja sean de alguna manera también nuestras aficiones, compartiéndolas en conjunto, aunque no es menos cierto que puede darse el caso de no llegar a tanto y simplemente ser suficiente, al menos, con entenderlas y respetarlas.

Aficiones tan variadas que pueden ir desde coleccionar soldaditos de plomo, que previamente se han pintado con esmero (gracias a la cual tendremos una vitrina repleta de inmóviles figuritas de una realismo diminuto e inverosímil); hasta practicar el relajante deporte de la pesca (lo que nos habrá reportado algún que otro atracón de truchas o doradas); pasando por dominar como nadie el arte del dominó, nunca mejor dicho (algo que lleva implícita la sagrada partida de los sábado a mediodía, con cerveza incluida); o ser un cinéfilo empedernido de películas de autor (lógicamente acostumbrado a maratonianas sesiones de cine doméstico con manta y zapatillas), entre otras.

Sea cual sea esa afición, lo que está claro es que nuestra pareja consorte se verá salpicada por ella y con un mayor o menor entusiasmo se tendrá que comer con patatas lo que a nosotros nos gusta… claro que siempre podrá comerse esas papas o tirarlas a la basura y pasar olímpicamente de nosotros y de nuestra afición. Sin embargo, el tema es un poco más peliagudo cuando esa afición en cuestión salpica ciertos aspectos del día a día, más allá de tener una vitrina inutilizada o echarse una siesta un sábado por la tarde, mientras cuatro vietnamitas discuten en su idioma original y sin subtítulos (ahí es nada, María Luisa).

Una de esas aficiones que supone un mayor contagio o intoxicación para nuestro consorte es, sin duda alguna, nuestro querido running y es que, no nos engañemos, practicar el deporte de la zapatilla y la carrera continua no es algo que se quede en salir un rato y punto, por supuesto que no. Por eso y tras los muchos años que llevo en esto de correr, me he percatado que vivir al lado de un espécimen como nosotros no es algo que sea difícil, pero que a veces sí requiere de cierta dosis de paciencia y templanza, de ahí que si tú eres un damnificado por este deporte, por esta afición, y quieres sobrevivir a un runner, tal vez te convenga leer el siguiente decálogo y tener muy claro, desde el principio, a lo que te enfrentas cuando a tu lado duerme cada noche un pirado de correr.

Por lo tanto, si quieres acercarte a esa bendita afición y compartir al máximo con tu corredor particular este deporte, toma nota de estos diez puntos y conviértete en una runner consorte en toda regla:

1.- Hablar el mismo idioma (o al menos entenderlo): aprender, dominar el lenguaje runnero es fundamental para comunicarte con tu pareja. Términos como series, cambios de ritmo, intervalos, geles, pulsaciones, tendrán un nuevo significado para ti y te ayudarán a establecer una conversación fluida con él. Si aún así, en algún momento te sientes perdida de lo que te está diciendo mírale atentamente, como si supieras qué demonios está diciendo y notará que se siente escuchado, es infalible y te aseguro que no lo notará.

2.- Los fines de semana han cambiado: olvídate de aquellos sábados y domingos donde las salidas, con comidas y cenas incluidas, marcaban el programa de ocio para terminar la semana, en el que no podían faltar copichuelas y trasnoches hasta altas horas de la madrugada. No significa esto que el final de semana se convierta en un velatorio, ni mucho menos, porque un runner calibrará las consecuencias de los excesos culinarios-festivos en su plan de ejercicio de esos dos días y evitará, salvo días señalados, pasarse de la raya.

3.- Se acabaron los churros: como continuación del punto anterior, deberás tener muy claro que los domingos es el día de la tirada larga por excelencia, por lo que no esperes despertarte junto a él el último día de la semana; algo que por extensión convertirá en tarea casi imposible eso de desayunar churros con chocolate… claro que siempre se podrá dar alguna excepción, aunque eso será algo que nunca podrás precisar con exactitud.

4.- La sección de deportes: salir de tiendas una tarde nunca estará completa si no pasas por la sección de deportes de unos grandes almacenes o por su tienda de running habitual. No importará que necesite algo o no, que compre o no, que hayan recibido zapatillas nuevas o no, solo el hecho de encontrarse en su hábitat es motivo suficiente para darse una vuelta por el territorio runnero y mirar por enésima vez los artículos entre los que siempre esperará encontrar alguna novedad. Tú respira hondo y relájate…

5.- La importancia de la empatía: deberás aceptar de buen agrado que su estado de ánimo vendrá marcado a menudo por su condición física, por lo que debes estar dispuesta a soportarle su euforia, derivada de una mejora en su rendimiento, así como su desánimo, sobre todo en las épocas de lesiones, en las que se verá sumido en un mar donde se debata entre el malhumor y el bajonazo emocional que siempre supone no tener su dosis de running habitual.

6.- El tendedero runnero: enseguida te acostumbrarás a tener coladas de ropa donde el noventa y cinco por ciento de las prendas sean de running, y que entre todas ellas tan solo sea posible encontrar un par de piezas de tu ropa interior, que incluso de forma autómata y por repetición tal vez llegues a doblar y a guardar en su cajón, como una más de las suyas. Sí, ten muy presente que salir cuatro o cinco veces por semana genera gran cantidad de ropa de deporte, sobre todo en invierno, cuando el número de prendas es mayor, por lo que no te sorprendas si un día llegas a casa y te ves al tendedero haciendo unas series en el pasillo de casa.

7.- Una sufrida espectadora: para ser una runner consorte modélica deberás acompañarlo a todas sus carreras, o a la gran mayoría. Pero no bastará con pegarte el madrugón e ir de copiloto adormilada en el coche, no, no, deberás estar atenta a verlo pasar durante la carrera y por supuesto no perderte el momento más importante de la prueba, que no es otro que el de su entrada en meta. Y si ya consigues cazarlo en alguna foto, entonces eso ya es de nota.

8.- Un entrenamiento es un mandamiento: con el paso del tiempo comprenderás que un entrenamiento no es solo salir a correr, no, claro que no. Un entrenamiento es un pilar fundamental en la preparación y evolución deportiva de un corredor, de ahí que saltarse uno puede ser algo así como quebrantar un mandamiento y eso, querida runner consorte, es algo por lo que no estará dispuesto a pasar tu querido deportista, de ahí que no sea una buena idea plantearle la posibilidad de saltarse un entreno, salvo que quieras que se sienta ofendido y crea que no has entendido nada de su disciplina.

9.- El fisio, ese nuevo amigo: no te sorprendas si de pronto observas que se refiere a partes de su anatomía con total naturalidad. Partes que siendo ambos de letras, y puras, no teníais la menor idea que existían, pero que sin embargo están ahí (tranquila, no estará estudiando medicina a estas alturas del partido). Así, gracias a él descubrirás músculos como por ejemplo estos: peroneo, soleo, poplíteo, isquiotibial, psoas y e incluso lo verás adoptar posiciones que jamás le habías visto hacer en casa. No temas, el motivo de todo eso será su asistencia a un fisioterapeuta, que no solo descargará y cuidará su musculatura, sino que también le aconsejará la importancia de hacer estiramientos.

10.- El sexo: un gran beneficiado: no todo ha de ser negativo y como sufridora runner consorte experimentarás los efectos que el running tiene en esta placentera e íntima actividad de pareja. Practicar el deporte de la carrera no solo concede una mayor capacidad pulmonar y una mejor resistencia física, sino que emocionalmente estimula y predispone al organismo, animándolo a tener una mayor frecuencia en este tipo de relaciones y que las mismas sean de una mayor calidad, no en vano la condición física mejorada también se dejará notar en ese otro tipo de carrera.

Espero que este simple decálogo te ayude, querida consorte, a entender y comprender un poco más a tu runner, ese que cada noche se acuesta a tu lado y al que tal vez en ocasiones notes distraído, mientras le cuentas algo de lo que te ha sucedido a lo largo del día; no se lo tomes a mal, tal vez esté calculando a cuánto tiene que hacer el kilómetro en la serie del día siguiente, pensando en la próxima carrera o simplemente estimando a qué pulsaciones debe mantenerse para hacer un rodaje a ritmo K2

Sí, reconozco que a veces somos algo raritos, difíciles de entender e incluso en ocasiones seguro que no os faltarán motivos para mandar nuestros entrenos, nuestros dorsales y nuestras zapatillas más allá de la Luna, pero no, os lo toméis a mal, porque en el fondo somos como niños y correr

Correr es nuestro juego favorito.

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Decálogo para una runner consorte

Si te sientes identificada como una runner consorte deja tu punto de vista en este tema y aporta alguna de tantas cosas que a buen seguro he pasado por alto y que sin embargo también marcan tu día a día, y si conoces a alguien que pueda interesarle este post, compártelo. Muchas gracias.

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