A toda prisa… siempre deprisa

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Vamos, date prisa, corre, rápido, vamos…

¿Cuántas veces hemos oído esa expresión?, sinceramente, creo que estamos tan acostumbrados a ella que se ha convertido en nuestra forma de vida. Una forma de vida cuyo ritmo es vertiginoso y en la que cada día viene marcada por la celeridad, la prisa y una necesaria inmediatez, o casi, de todas aquellas cosas que hacemos y que nos empujan constantemente a ir cada vez más deprisa. Algo así como si esta vida se encontrase dentro de un microondas gigante en el que todo se cocina para estar listo cuanto antes.

Pero esa prisa no es algo que surja en nuestra vida de la noche a la mañana, claro que no, sino que esta empieza a instalarse junto a nosotros con apenas unos meses de vida, en los que ya por entonces tenemos prisa por erguirnos y echar a andar, y si por alguna perezosa razón no desarrollamos esa inquietud es probable que a nuestro lado se hallen unos padres a los que casi con toda seguridad sí les invada ese ansia por ver cómo su pequeño retoño da él solito sus primeros pasos sin ayuda de nadie, ¿no creéis?

Esos son los primeros pasos en nuestra vida, nunca mejor dicho, y a partir de ahí parece como si escuchásemos una imaginaria detonación que nos indicase el inicio de una carrera en la que lo único válido es correr, correr y correr sin parar, donde todo es rápido y sucede deprisa, deprisa. Así, la prisa nos empuja a aprender a hablar cuanto antes, a valernos cada vez más por nosotros mismos, a ser más independientes y cómo no, también prisa por dejar de ser niños y hacernos adultos, con todo lo grandioso y estupendo que eso supone… deprisa, deprisa.

¿Os habéis dado cuenta?, con tan solo dos párrafos me he cargado la introducción de este post y he pasado de ser unos recién nacidos a ser mayores, así de un plumazo, a toda prisa y es que esa jodida prisa nos contagia, nos absorbe y nos hace esclavos de ella, dejándonos una vida que cada día pasa más y más deprisa.

Y sí, efectivamente, ahora es cuando dirijo mi mirada a nuestro amado running y establezco la relación entre la protagonista de hoy y este deporte que nos tiene unidos y enganchados a tantos… un deporte que un día comenzamos a practicar: unos hace más tiempo y otros menos; unos siendo niños, otros de adolescentes y por supuesto, otros ya como adultos; unos por motivos de salud, otros por curiosidad, por casualidad o simplemente por moda, por esta moda que desde hace años ha convertido el correr como algo que va más allá de lo meramente deportivo, traspasando incluso la línea de lo social.

Sea como fuere, no es el cómo o el cuándo lo que me importa ahora y sí el echar un vistazo a cómo desarrollamos cada uno esa afición por correr, a cómo nos vamos haciendo mayores dentro de este bendito, esforzado y maravilloso deporte. Dicho de otra manera, a cómo crecemos, cómo maduramos personalmente esta afición por correr. Cómo avanzamos desde que damos los primeros pasos hasta hacernos mayores, simple y llanamente.

Me estoy refiriendo a cómo debe ser nuestra evolución desde el punto de vista puramente deportivo, no solo por motivos de salud (por aquello de ir adecuando nuestro organismo a una práctica gradual de la actividad física), sino también por el simple hecho de ir madurando una afición que como todo en esta vida debe ser gradual, progresiva y alejada de una prisa que como bien dice el refrán nunca suele ser una buena compañera.

A lo largo de cerca de quince años he ido aprendiendo poco a poco qué es correr y con el paso de los años he crecido de la mano de este deporte, despacio, lejos de la prisa y de la carrera. Bien es cierto que siempre he intentado ir un poquito más allá, siempre he ido marcando metas que me ayudasen a mantener la motivación y la ilusión (de ahí el nombre de este blog); pequeñas metas, sin grandes pretensiones en un principio, conscientes de mis limitaciones y que siempre han tenido el propósito de ir creciendo con el paso del tiempo y de los kilómetros recorridos.

Volviendo a esa prisa que nos invade y como consecuencia de la moda que se ha apoderado del correr, no nos extrañamos cuando de la noche a la mañana nos enteramos que ese amigo del alma, ese vecino del piso de abajo, nuestro primo preferido o incluso el insoportable compañero de trabajo, ha pasado de sacar a pasear a su perro tres veces al día, como única actividad deportiva, a hacer carreras de 5K, 10K, medios maratones y hasta algún que otro maratón de montaña, en cuestión de poco más de seis meses. Y que nadie me diga lo contrario, porque no me lo creo. ¿No os parece que eso es ir deprisa, muy deprisa?

Soy consciente que en esta ocasión mis palabras no serán compartidas por muchos de los que me leéis, pero soy de los que piensan que todo en la vida tiene su velocidad y adecuar esta a la carretera nos hará no solo disfrutar aún más del viaje, sino ir adquiriendo la destreza y la práctica ante cualquier imprevisto que nos podamos encontrar, evitando así que terminemos en la cuneta.

Permitidme la licencia de dar un consejo, que nace como consecuencia de los años que llevo en este deporte: no tengáis prisa, los kilómetros siempre estarán ahí para ser corridos, las carreras siempre estarán ahí para ser disputadas (y cada vez hay más). Id asimilando vuestro cuerpo a las distancias, poco a poco, sin prisa, entrenad siempre con una meta en el horizonte e id dando pasos cada vez más grandes conforme os vayáis sintiendo más fuertes.

Una buena copa de vino se saborea más cuando se bebe sorbo a sorbo, apreciando su olor, sus matices, dejando que nuestro paladar quede impregnado por su sabor, lejos ya de nuestra boca. Y qué decir de un cuadro que se contempla detenidamente, apreciando el detalle de cada trazo; ese libro que leemos, descubriendo secretos que su autor deja escondidos entre las palabras que forman sus renglones; o esa caricia, capaz de erizar la piel, sin llegar apenas a tocarla…

¿Os imagináis todo eso hecho deprisa?, no, seguro que no. Son simples, burdos ejemplos para expresar que si algo debemos alejar de nuestra vida es la prisa, esa puñetera prisa que cada día se empeña por contagiarlo todo y entre tanto no os olvidéis:

Corred, no dejéis de corred, hacedlo rápido o lento, pero hacedlo sin prisa. Disfrutad de este deporte, saboreadlo y haced que el viaje vaya adecuado a una velocidad que os permita llegar allá donde os propongáis, pero siempre apreciando la belleza de un paisaje que tiene tanto por ofrecernos.

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A toda prisa… siempre deprisa

¿Crees, como yo, que la prisa tiene un excesivo protagonismo en todo lo que hacemos a diario?, ¿compartes mi punto de vista al decir que debemos ser graduales en lo que a correr se refiere? Anímate y deja tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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2 comentarios a A toda prisa… siempre deprisa

  • Jose  dice:

    Genial como siempre amigo Paco. Me quedo con saborear la copa de vino, la contemplación del cuadro y los secretos del autor escondidos en los renglones. Intentaré a partir de hoy, tener menos prisa, aunque algunas cosas haya que hacerlas rápidas.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, José! Siempre es una alegría verte y hacerlo también aquí lo es aún más, muchas gracias por asomarte y dejar tus palabras. Cuántas veces debiéramos pararnos y tomarnos el tiempo preciso que tantas cosas necesitan, dando así un puntapié a esa prisa que parece empeñada en estar en todo aquello que hacemos, ¿verdad? Cierto es que algunas cosas “hay” que hacerlas rápidas, pero siempre que podamos deberíamos educarnos a hacer lo contrario y seguro que aprenderíamos y disfrutaríamos de las cosas mucho más de lo que lo hacemos.

      Gracias una vez más por tu comentario y sabes que aquí tienes tu rincón, donde siempre podrás compartir aquello que desees. Un abrazo fuerte.

      Paco.-

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