¿Diésel o gasolina?

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Estoy seguro, segurísimo, que en más de una y en más de dos ocasiones os habéis u os han preguntado lo que reza hoy como título del post de esta semana:

¿Diésel o gasolina?

No es que hoy se haya apoderado de mí el don de la sabiduría, por aquello de venir con tanta seguridad, ni mucho menos, tan solo es una cuestión de observación y de esa manía mía por comparar o extrapolar razonamientos y conclusiones más allá de donde suelen encasillarse. Bueno, es fruto de eso y de mi habitual e involuntaria obsesión por establecer similitudes o conexiones entre todo lo que nos rodea y el universo runnero.

Lógicamente, por mucho que enmascare o intente despistar con los títulos que utilizo para bautizar a cada una de las entradas de mi blog, sabéis que siempre termino llevándolo a terreno de nuestro deporte y escribiendo abiertamente sobre correr. Por eso, esta semana no lo disimulo lo más mínimo y dejo claro que hoy la cosa va de motores, sí, pero como es de esperar de este mundo deportivo en el que nos movemos o, mejor dicho, nos corremos… ¡uy!, qué mal ha sonado eso. Bueno, al lío, que me disperso…

Más a allá del escenario de una estación de servicio de carburantes, donde de manera inequívoca nos habrán formulado esa pregunta a la hora del repostaje de nuestro vehículo, es muy probable que también haya sido una duda surgida a la hora de comprarnos un vehículo a motor, un coche, vamos. Por eso, un día cualquiera surgía esa gran pregunta, a la que no le faltaban sus no menos importantes respuestas:

¿Qué es más idóneo, un coche diésel o gasolina?

Los coches diésel consumen menos, pero contaminan más, claro que también se les puede hacer más kilómetros, aunque son más caros y las reparaciones se encarecen más. Los coches gasolina se caracterizan por ser motores más alegres, menos ruidosos, pero más delicados frente a los primeros, que son carne de perro

Cuestiones como esas seguro que han pululado por vuestra cabeza a la hora de tomar la decisión de adquirir un vehículo, sobre todo la primera vez, por aquello de la inexperiencia y del desconocimiento generalizado que suele existir en torno al mundo del motor y de la mecánica… claro que tampoco es menos cierto que todos o casi todos tenemos ese primo o ese amigo cuya sabiduría y amplio bagaje en ese campo le permitirá aconsejarnos con total seguridad, esa que solo concede el paso del tiempo y los kilómetros realizados. Era entonces cuando las nubes despejaban el horizonte y todo quedaba aclarado:

¿Tú para qué quieres el coche?, si es para moverte por ciudad: gasolina, pero si le vas a hacer kilómetros, si es para viajar, diésel… no te lo pienses.

Con esos concluyentes razonamientos resulta muy sencillo comprender por qué siempre los comerciales (los llamados viajantes, de épocas pasadas) y taxistas de largo recorrido, siempre han llevado coches diésel, mientras que el resto de los mortales se han comprado un vehículo con motor gasolina, sin entrar si esa sería Sin Plomo o de 95 Octanos… esa era ya otra cuestión que raramente quedaba suficientemente aclarada por los expertos. Era así y punto.

Y así se ha decido la compra de muchos coches, sin saber nada más allá de las diferencias entre ambos tipos de motores, siendo únicamente imprescindible que nunca te olvidaras del tipo de carburante que debías echar a tu depósito para no liarla y cargarte tu flamante Seat. Como podéis imaginar existen más características, al margen del tipo de sopa que bebe echarse a un motor o a otro, pero tranquilos, no pretendo daros una clase de mecánica, ni extenderme más en una introducción que ya se ha hecho larga de más. Por eso, os doy la explicación del porqué esta semana parece que vengo con el mono de mecánico y no con las zapatillas de correr.

Os dejo ahora esta otra frase que con toda seguridad también habréis escuchado o incluso habréis dicho vosotros mismos, refiriéndome y centrándome ya en correr:

Yo soy más diésel.

¿Y qué significa eso exactamente? Sencillo, que somos un tipo de corredor que no nos caracterizamos por la velocidad, por la explosividad y sí por la capacidad de echarle kilómetros a las piernas y llevar un ritmo constante, inalterable, como si pusiésemos el piloto automático. Y esa explicación viene porque siempre suele asociarse la velocidad y la chispa que debe tener un corredor de distancia corta con la alegría que caracteriza al motor de gasolina, de igual forma que la robustez y la capacidad para hacer kilómetros va más asociada a los otros motores, los diésel.

Una afirmación que he comprendido con el paso del tiempo y que yo mismo he experimentado en primera persona, a lo largo de los más de tres lustros que llevo corriendo. La facilidad con la que antaño comenzaba una carrera a un ritmo elevado, se ha tornado en inicios más moderados y, por el contrario, la pérdida de fuelle o de revoluciones con el paso de los kilómetros de entonces se ha visto sustituida por una mejora en el rendimiento durante el último tramo de la carrera, consiguiendo mejorar los parciales iniciales y terminar con ritmos incluso más rápidos.

Lógicamente, esa evolución no es un cambio extraordinario y exclusivo sufrido en mis propias carnes, es la seña de identidad del corredor de fondo, frente a las cualidades que definen a los corredores de velocidad. Por eso, resulta comprensible que la edad de los atletas de corta distancia sea siempre menor que los de fondo y que el período de años en los que pueden mantener ese nivel sea siempre inferior que el que podrá aguantar en la brecha un corredor de fondo. El cuerpo acusa el paso del tiempo y hasta el motor de gasolina más rápido termina perdiendo velocidad.

Claro que, pensando en motores, diésel y gasolina, y con los avances de los últimos tiempos y la evolución natural que se atisba en horizonte de la industria mecánica, me pregunto si no terminaremos todos siendo un motor eléctrico… ¿será cuestión de tiempo o no?

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¿Diésel o gasolina?

Dejando cigüeñales, bielas y pistones al margen y salvo que seas un jovenzuelo o lleves pocos años corriendo, seguro que tú también habrás experimentado esa sensación de la que escribo hoy, por eso, ¿te consideras un diésel o un gasolina? Seguro que si llevas muchos años atándote las zapatillas de correr te sentirás identificado, por eso, ¿qué opinión te merece esta entrada? Si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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