Diferente

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Para hoy tenía preparado un post muy diferente al que vais a leer, pero la conversación con un buen amigo me dio que pensar y fue un par de días después, durante un rodaje de 75’, lo que me hizo centrifugar la idea en la cabeza y terminar de decidirme por escribir estas palabras.

Sentados en el balcón de su casa, a los pies de un paseo marítimo, dábamos de manera rutinaria un repaso a la actualidad del día a día. Habían pasado varias semanas desde la última vez que nos habíamos visto y como suele ser habitual tocamos casi todos los “palos”, a cual más diferente: la proclamación del nuevo rey, el eco de Podemos, la última hora de la corrupción (Caso Bárcenas y Caso Nóos), el Mundial de Brasil y cómo no, los siete goles de Alemania, los San Fermines y hasta del aniversario de Sálvame (¡¡Virgen Santa!!).

Así, entre risas, mientras nos tomábamos un granizado para refrescar la tarde, me preguntó por mis carreras, conocedor y seguidor de mi afición por este mundo. Le conté cómo andaba de mi última lesión, cuáles eran mis planes para futuras pruebas y hasta cómo estaba planificando la próxima temporada. La temporada de un corredor popular como yo, sin ninguna pretensión y con la única ilusión de ir superándome a mí mismo un poquito cada vez.

Desde que empezara a correr hasta hoy, todo ha ido cambiando, de manera que no sólo mi perspectiva ante este deporte es diferente, sino que él mismo ha cambiado en sí, pasando de ser un deporte casi minoritario a ser un deporte de masas. Y ese cambio, ese boom, no sólo ha afectado a lo que se ve, al número de gente que lo practica, sino a la mentalidad. Parece como si hubiese una especie de corriente de optimismo y felicidad, que se va extendiendo y contagiando a todo aquel que corre.

Precisamente a esa percepción se refirió mi buen amigo, mientras me señalaba con la mano un par de chicas que en esos momentos pasaban corriendo delante de nosotros…

– Desde que estamos hablando no ha dejado de pasar gente corriendo, es un goteo constante y mucho más denso a primera hora de la mañana. Recuerdo cuando compré la casa, que sólo pasaban lo abuelillos con sus perros y ahora hasta esos perros van con zapatillas y pulsómetro.

– Jajajajaja, qué bueno. Sí, la verdad es que esto es muy diferente, ha cambiado mucho.

– Sí, pero además, ¿sabes una cosa?, lo que más me sorprende es esa apariencia de felicidad. Se os ve felices corriendo y vamos, no me jodas a mí, que costar, cuesta… fijo.

– ¿Felices?

– Sí, felices. Desde que te “sigo” me estoy familiarizando con la cantidad de gente que corréis y alucino de ver cómo transformáis vuestro esfuerzo y sacrificio en buen rollo. No sé, supongo que será culpa de las dichosas endorfinas esas, que os tiene a todos “dopaos perdíos”. Lo cierto es que siento cierta envidia, una envidia sana de veros… hace una semana estaba por La Ribera y coincidió que estaban haciendo una carrera que salía de San Javier; por lo que oí era una carrera solidaria, de poca distancia y me sorprendió ver a toda esa gente feliz de entrar en meta, levantando los brazos y abrazándose como si hubieran llegado los primeros. Me emocionó, la verdad.

– ¿Sabes una cosa?… eso es correr y por tus palabras creo que debes animarte, ¿a qué esperas?

– Noooo, Paco, sabes que lo de correr es algo muy difícil para mí. Si casi me cuesta andar, me canso enseguida ¿dónde voy yo corriendo?

– ¿Que dónde vas corriendo?, pues donde quieras, DON-DE QUIE-RAS. No te digo que te pongas unas zapatillas y salgas corriendo como un loco, no, eso no. Lo que yo te digo es diferente. Te propongo que salgas a andar un día, durante 5’ solamente. Al día siguiente vuelve a salir otros 5’ y ve repitiendo ese hábito: te pones la ropa deportiva y sales, aunque tardes más en prepararte que en el tiempo que vas a estar fuera. Irás creando esa rutina. Cuando lleves una o dos semanas o cuando te sientas mejor, pasa de 5’ a 7’ y de ahí a 10’ y después a 15’, ve aumentando el tiempo y con ello aumentarás la distancia.

Me escuchaba atentamente, con la mirada fija en mí, sin articular palabra, ni hacer gesto alguno que me hiciese pensar si mis palabras estaban quedando en su interior o estaban saliendo por el oído que no veía, al otro lado de su rostro. Aún así, continué hablando:

– Cuando estés ya en los 30’ intenta dar unas zancadas, sólo unos metros, pruébate y deja que tu cuerpo hable por sí mismo. Párate y vuelve a seguir caminando, repite ese gesto varias veces y poco a poco ve cogiendo sensaciones. Verás como tú mismo te ilusionas con los avances que vas a ir consiguiendo, con las metas que vas a ir logrando.

Sostenía el vaso de plástico entre sus dos manos y me miraba como si hubiese dejado de escucharme hacía un buen rato, eso o que mis palabras lo habían dejado hipnotizado. Pero no di opción a preguntarle que pensaba, yo seguí con mi discurso.

– Mira, cada una de las personas que ver pasar corriendo tiene una motivación diferente, una forma física diferente y una meta diferente. Pero todas tienen algo que les une, aparte de este deporte y no es otra cosa que su satisfacción personal, el verse capaces de conseguir esa meta que parecía inalcanzable.

– Sabes que me estás metiendo una buena chapa, ¿no? Ya estás con tus metas… jajajaja.

Fue como si hubiera despertado de su estado de ausencia y por un momento sentí que todo cuanto acababa de decirle no había servido absolutamente para nada. Pero me equivoqué…

– No sé si habrá sido tu poder de convicción (que nunca te ha valido conmigo), que me has pillado un poco “flojeras” o tal vez ese deseo de experimentar la felicidad que vi en aquella gente entrando en meta, la semana pasada. Pero lo cierto es que voy a hacerte caso… desde que tuve el último brote quedé muy jodido anímicamente y siento como si estuviera cediendo poco a poco un terreno que quiero recuperar.

En ese instante el que quedó con cara de bobo fui yo. No era la primera, ni la segunda vez que le daba el sermón a mi buen amigo y sin embargo esa vez fue diferente. No pude disimular una inmensa alegría y creo que mi sonrisa y el apretón que le di en el muslo fueron señales más que suficientes para hacerle saber la gran noticia que me acaba de dar.

Seguimos hablando, bueno hablé yo más que él, creo que le volví la cabeza loca y no paré de decirle un montón de cosas que le podían venir bien. Pero sobre todo le dejé muy clara una cosa, por encima de todo cuanto puedan o podamos decirle, por encima de todo cuanto pueda escuchar:

En este deporte, como en cualquier otro, es importante tener una buena forma física, pero en éste, por encima de eso está tu mentalidad, tu motivación, tus ganas por superarte, tu deseo de conseguir aquello que te parecía inalcanzable y sólo con tu confianza y dedicación llegarás a ello. Y es entonces, a partir de ahí, cuando todo se vuelve… diferente.

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¿Qué te aporta a ti este deporte, qué te aporta el running?, ¿crees que con él se pueden lograr muchos triunfos personales? Tu experiencia nos ayuda a todos, anímate a contarla y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias

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2 comentarios a Diferente

  • Cristina  dice:

    Hola Paco :
    Otra vez por aquí ehhh, vaya ya es como mi libro
    Que leo a diario jaja.
    Un post un tanto diferente si señor ,me ha echó entretenerme un buen rato e imaginarme el momento en el que estabas con tu amigo hablando y contando le, me ha gustado mucho y espero que a tu amigo le haya gustado ,más lo que le contabas ,ya que parece que llego a motivarle ,no me estraña , tu forma de explicar todo esto que hacemos lo runners ha sido fascinante ; espero le haya motivado a tu amigo , vaya ya nos lo contarás ehh y que sea tan feliz como nosotros haciéndolo , un abrazo y hasta la próxima ..

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Cris! Gracias por tus palabras, la verdad es que espero que esa conversación haya quedado bien asentada y dentro no mucho tiempo pueda decir que hay un nuevo amigo runner, que a su ritmo y con sus propias metas está disfrutando de este apasionante deporte.

      Un abrazo, saludos.

      Paco.-

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