Dos años

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Dos años

Dos años, sí, ya han pasado dos años… dos años desde que me zambullera en este mundo virtual por primera vez, subido sobre un barco de papel irreal, hecho con las ilusiones y las ideas de un simple corredor que disfruta dejando sus palabras y pensamientos escritos, hecho con los kilómetros de un aficionado a escribir al que le gusta correr, mientras siente el viento en su cara, percibe los olores de allá por donde pasa e intenta guardar en su retina las imágenes de instantes efímeros de esta vida.

A lomos de un título que surgió sentado frente a una libreta de cuadrícula, con un lápiz en mi mano y decenas de propuestas revoloteando alrededor de una cabeza que pensaba con los pies, con esos pies gracias a los que cada día intento seguir marcando una meta que consciente o inconscientemente decide mi cabeza, mi razón y por qué no, también mi intuición, junto con el deseo y las ganas que siempre se mezclan entre ilusiones y sueños, claro que sí, sueños… acaba de nacer:

Marcando la meta

Pero ¿de qué valían esas ilusiones, esos deseos y esos sueños si no hacía nada por ir tras ellos, si me limitaba simplemente a esperar?, de nada, no habrían servido de nada y al final se habrían marchitado, pereciendo fruto de su propia realidad, o mejor dicho de su propia falta de realidad… tal vez por eso, sólo me quedaba un camino y sin saber bien cómo empecé a recorrerlo, comencé a caminar a través de él y por supuesto, a correr, permitiendo que mis pasos y mis zancadas me hiciesen avanzar. No, no era suficiente con haber parido un nombre, no bastaba con ello, claro que no, había que comenzar a dar los primeros pasos.

Así comenzaron los primeros pasos de Marcando la meta, un simple caminar, imperceptible, invisible, que se vio materializado en forma de entradas o post que cada semana he ido dejando siempre de manera puntual, fiel a una cita que no representa sino el respeto y el agradecimiento hacia quienes os tomáis la molestia de leerme y que se ha convertido en un compromiso que yo me autoimpuse desde ese primer paso con todos los que por un motivo u otro os asomáis alguna vez por este rincón.

¿Y sobre qué escribir, qué contar, qué podía aportar?, eran algunas de mis preguntas, de mis dudas, de mis temores, de mis desvelos, a los que no hice caso, a los que di la espalda con la idea más natural que se me pudo ocurrir y que no era otra que hablar sobre mí y compartir mi experiencia en este deporte, a lo largo de tantos años, escribiendo sobre todo aquello que a mí me había venido bien y también sobre lo que había venido menos bien… consejos, simples consejos, con los pretendía modestamente poder ayudar a algún nuevo aficionado que se subiera a la moda del running, a esta costumbre de atarse unas zapatillas y echar a correr.

Esos primeros textos trajeron de la mano la posibilidad de escribir también sobre las carreras en las que podía participar, para acercar a modo de crónica y de la manera más objetiva las fortalezas y las debilidades de cada una de dichas pruebas, acompañadas siempre por una parte personal, íntima, totalmente subjetiva y con la que reflejar mis resultados deportivos, mis logros y de alguna manera ir dejando las huellas que van marcando la meta de un camino que se escribe y se busca cada día.

Las semanas y los meses fueron pasando, Marcando la meta comenzaba a dar sus primeros pasos, mientras mis piernas hacían sus kilómetros, su trabajo y mi cabeza hacía el suyo. De repente, como por arte de magia, empezaron a encontrarse en medio de ese camino: palabras, sentimientos, recuerdos, sensaciones y correr comenzó a convertirse en algo diferente a lo que había sido hasta entonces. Salir a correr se transformó y sin saber cómo ni por qué, se convirtió en un vehículo idóneo para canalizar todo aquello que salía a mi encuentro y surgieron esos textos que un día titulé “Lo que pienso mientras corro” con los que he ido perdiendo el pudor a desnudar mis emociones, mis alegrías, mis tristezas, consiguiendo dejar plasmados en ellos a tantos compañeros que empezaron a acercarse a mí mientras corría, mientras pensaba, mientras corro… mientras pienso.

Pero la cosa no quedó ahí, surgió una sonrisa, junto a una mirada que se escondía tras una ventana, y ambas intentaron huir con la única idea de llegar lejos de sí mismas, para disfrutar de la soledad y encontrar a través de unas zapatillas todo cuanto puede esconderse en un monte perdido, donde conocieron al Perla, a José El Unodostrés, al abuelo y donde junto a ellos no pasaron miedo alguno, porque comprendieron que ellos eran un regalo, un simple regalo con el que hacer que un día más en la vida se convirtiera en un motivo para saltar… así, de una manera tan espontánea como esa, surgieron historias, pequeñas, discretas, sencillas, que fueron hablándome al oído y me susurraron que las dejara escritas, que las pusiera sobre fondo blanco, para que pudierais leerlas. Efectivamente, esos son algunos de mis relatos, en los que siempre, siempre, ha habido y habrá un par de zapatillas que no dejaran de correr.

Y siguieron pasando las semanas y los meses y como empujado por algún impulso desconocido me vi llevando una camiseta donde aparecía grabado Marcando la meta en el pecho, perdiendo la vergüenza que hasta entonces sólo había conseguido vencer poniendo esa leyenda rotulada en mi brazo. Parecía el paso del mundo virtual a ese otro mundo más real, al de la calle, al de persona a persona, de mirada a mirada, de palabra cara a cara.

Cada jueves, ya sólo los jueves, siguieron apareciendo textos, pequeñas reflexiones, más pensamientos y nuevos relatos, salpicados por crónicas de tantas y tantas carreras y como por arte de magia, sin haberlo soñado jamás, amigos, conocidos y no conocidos decidieron que ellos también querían verse Marcando la meta y mis ojos se llenaron de gratitud al ver imágenes de sus rostros luciendo sonrientes esa camiseta, sus camisetas. De repente me di cuenta que a pesar de mi pequeña presencia, junto con la modestia y humildad con las que me educaron, crecí y vivo, detrás de todo eso hay un grupo de amigos que de alguna manera escuchan lo que digo, leen lo que escribo y quién sabe, quizá crean como yo lo hago, que en el fondo de toda mi palabrería tiene sentido luchar y seguir por alcanzar aquellas metas que nos marcamos.

Sois vosotros los que dais sentido a esta página, los que realmente hacéis que cada día pueda seguir marcándome mi propia meta y por los que cada semana intento escribir algo por lo que os merezca la pena esos cinco minutos que perdéis viendo qué demonios será lo que se me ha ocurrido dejar escrito cada jueves. Vosotros sois lo verdaderamente importante, vuestra presencia alimenta aquella ilusión con la que comencé hace dos años y así seguiré haciéndolo, mientras sienta que comparto algo que os mantiene aquí.

Sí, han pasado dos años y este que ya ha comenzado quiero que suponga un pequeño paso más en el camino, con algún pequeño sueño por cumplir, pero siempre contando con vuestra compañía, porque en soledad este camino dejará de tener sentido y entonces ya no habrá metas que marcar, ni marcas que recordar. Gracias a todos por vuestro cariño y recordar que a esta vida llegamos y estamos para ir siempre:

Marcando la meta

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Gracias a todos por seguir “Marcando la meta”

Gracias una vez más por leerme y gracias por estar ahí. Yo sigo marcando mi meta y quiero seguir haciéndolo acompañado, por eso os seguiré esperando cada jueves a partir de las 20:20 horas, como el primer día. Y si conocéis a alguien a quien tal vez le pueda gustar ir “Marcando la meta” compartirlo con él, con ella, con ellos… Muchas gracias.

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