Un, dos, tres, un, dos, tres… (contando años)

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Un, dos, tres, un, dos, tres…

Ese es el sencillo y repetitivo ritmo de un vals. Tres pasos que de manera continua, de manera monótona, siguen y siguen, mientras los pies se deslizan por el suelo, los brazos se entrelazan y los cuerpos se mantienen erguidos, girando e intentando dejar una estela de armonía y belleza en cada paso… un, dos, tres, un, dos, tres…

Así, como si de un vals se tratara, sin música de fondo y sin nadie que viese esos pasos, hace tres años que este blog comenzó a girar… un, dos, tres, un, dos, tres… paso a paso, con la ilusión y la idea de estar girando, girando, alrededor de un mundo lleno de kilómetros y de palabras, que a priori eran y son los únicos protagonistas de este espacio virtual, donde cada semana me asomo a la ventana que une lo real, lo material, con todo lo que rodea y gira… un, dos, tres, un, dos, tres… en torno a un deporte llamado CORRER.

Fue como dar un salto al vacío, un pequeño salto, sin riesgo al fracaso, puesto que nadie esperaba nada de este espacio, ni había pretensión alguna; sin embargo ello no evitó que un cierto miedo se apoderase de mí al preguntarme qué es lo que iba a ofrecer a quien decidiera darse un paseo por aquí:

¿Consejos básicos sobre running, comparativas de zapatillas, recomendaciones habituales, crónicas de carreras, planes de entrenamiento, experiencia personal?

Un torbellino de ideas revolotearon durante las semanas previas al nacimiento de Marcando la meta y al final me decidí por algo sencillo, variado y que tuviese un nexo en común: aportar mi manera particular de entender este deporte en cada texto que viese la luz, fuese del tipo que fuese. Y así empezó la función

Un, dos, tres, un, dos, tres…

Una función sin patio de butacas, sin luces y sin telón, ni orquesta que hiciese sonar una nota musical. Tan solo kilómetros por correr y palabras por escribir; los kilómetros se habían ido repitiendo en mayor o menor medida a lo largo de los últimos once años y las palabras… las palabras, hasta ese momento, habían quedado ahogadas en el fondo de algún cajón, sin llegar a ver la luz y confiaba que a partir de entonces salieran al encuentro de tantas zancadas que se repetirían por aquí y por allí.

Y así empezaron a pasar la semanas, los meses… un, dos, tres, un, dos, tres… y con ellas aparecieron consejos triviales basados en mis años como corredor, junto a crónicas de cada una de las carreras en las que iba participando, también fueron sumándose textos con los que aportar información útil para todo aquel que decidiese ponerse una zapatillas y salir a correr y la parte más arriesgada quedó recogida en escritos muy personales ligados íntimamente a un pasado presente en un futuro y por último, algo inesperado, que apareció en medio del camino: relatos cortos, simples relatos cortos.

Los pies giraban y giraban, cada vez con mayor soltura y una mayor seguridad… un, dos, tres, un, dos, tres… las palabras fluían, contagiadas por unos kilómetros que no dejaban de aumentar. Mis piernas corrían, mi mano escribía y mi mente disfrutaba: pura armonía, una comunión perfecta y todo ello quedaba reflejado los martes y jueves de cada semana (durante el todo el primer año, evolucionando después tan solo a los jueves), siempre a las 20:20 horas en una cita donde al principio únicamente me esperaba a mismo, y cómo de manera gradual os fuisteis sumando todos los que de una manera u otra soléis echar un vistazo a aquello que comparto, con la única intención de ofreceros apenas unos minutos de entretenimiento. Ambicioso deseo, ¿no creéis?… un, dos, tres, un, dos, tres…

La novedad, la espontaneidad y el descaro del primer año, dejaron paso a otros doce meses, donde las palabras bailaban cada semana al ritmo de unas piernas que se encontraban más fuertes, más seguras y más rápidas. Las hojas del calendario iban pasando, y con ellas decenas de pensamientos e ideas se dejaban atrapar entre zancada y zancada. El patio de butacas comenzaba a reunir miradas de curiosos que entraban para ver el compás de unos pasos que no dejaban de girar… un, dos, tres, un, dos, tres… la luces representaban un oasis en la oscuridad del escenario y el telón, incrédulo, miraba desde lo alto una función sin entrada, ni programa.

El negro puso el color de fondo a las letras de Marcando la meta y muchos de vosotros quisisteis que todos supiesen que también marcabais vuestra propia meta. Una meta en lo deportivo, quizá o en lo profesional, quién sabe, pero con toda seguridad una meta en lo personal. Fue el regalo a dos años junto a todos vosotros, vuestro regalo con el que reconocíais ese camino andado durante veinticuatro meses y por eso no dudasteis en poneros esa camiseta con la que cubrir vuestra pielpiel, pielun, dos, tres, un, dos, tres… la piel estaba aún por llegar.

Durante todo ese tiempo la unión de los dos mundos que protagonizan este blog se mantenía perfecta y al dulce sabor de las palabras que conseguía atrapar cada semana le acompañaba una trayectoria deportiva cada vez más satisfactoria. Correr era correr y escribir era escribir, todo cuanto desease, tanto como quisiese… correr, escribirun, dos, tres, un, dos, tres… atraídos por los primeros curiosos siguieron llegando más, el pequeño oasis del escenario se hizo luz y los acordes de las primeras notas musicales se dejaron oír.

La piel se erizó, las ideas se ordenaron y el asfalto, eterno y silencioso guardián de kilómetros y pensamientos, se erigió en protagonista del tercer año. Era el momento de llevar al papel una parte de todo lo que se puede encontrar dentro de este baúl de palabras, calzadas siempre con un par de zapatillas que las hacen correr de un lado a otro. La función estaba entonces a punto de empezar y fue de nuevo gracias a vosotros, tan solo gracias a vosotros, cuando mi piel se convirtió en asfalto.

Esas palabras quedaron atrapadas en casi ciento sesenta páginas y entre ellas se encuentra mi agradecimiento a todos, por el trato, el cariño y la amabilidad recibidos durante estos tres años. Tres años de esfuerzo y trabajo, dedicados a alimentar una ilusión, aquella que me hizo perder el miedo y dar aquel inocente salto. La ilusión por darle forma a dos pasiones: correr y escribirun, dos, tres, un, dos, tres… El resultado de esa simbiosis la tenéis aquí y mi recompensa está dentro de mi corazón, donde guardo cada mirada, cada sonrisa, cada palabra sincera, cada abrazo, cada beso… cada sentimiento. Ese es mi regalo, mi premio y toda mi fortuna.

Un premio al que en esta ocasión no ha acompañado el plano deportivo, que durante todo este año ha visto como mis piernas han corrido poco, mucho menos de lo imaginado y de lo deseado, comprobando así cómo mi mente ha quedado huérfana de una magia que suele acompañarla en forma de pensamientos e ideas. La ausencia de kilómetros marchitó esa unión de cuerpo y mente y solo las ganas de seguir volverán a dejar lo mejor de cada una de estas dos pasiones que se mezclan y alimentan este portal.

Y seguiréun, dos, tres, un, dos, tres… seguiré girando subido a este escenario imaginario mientras haya uno de vosotros que quiera seguir viéndome bailar, aunque el telón sobre mi cabeza amenace con dejarse caer, la luz quede reducida a oscuridad y hasta la música haga mutis por el foro para darme la espalda. Mientras no ocurra todo eso seguiré escribiendo, dejando palabras… seguiré corriendo, dejando kilómetros…  mientras espero seguir cazando sueños y abrazado a ellos no dejar de bailar al son del vals que un día aprendí:

Un, dos, tres, un, dos, tres… ¿bailamos?

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Tres años

Como un niño el día de su cumpleaños: feliz, así me siento al poder celebrar que ya son tres los años de Marcando la meta, pero sobre todo feliz por teneros ahí, ya que sin vosotros nada de esto tendría sentido. Por todo ello, GRACIAS una vez más y FELICIDADES, porque este también es vuestro cumpleaños. Por un año más, cargado de kilómetros y letras, muchas letras. Si te ha gustado este post de aniversario, compártelo. Muchas gracias.

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