Efectos del calor o cómo tropezar con la misma piedra

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El calor empieza a llamar a nuestra puerta y a pesar de tener, hasta la fecha, una primavera de lo más agradable, en nada se va a hacer bueno aquello de…

Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo

Entonces ya no habrá marcha atrás, la temperatura comenzará su ascenso imparable y el calor se erigirá como el verdadero protagonista de los próximos meses que nos vienen. Y como consecuencia de ello empezaremos a escuchar consejos y advertencias que se repiten de manera sistemática cada verano, de hecho, ya se han empezado a oír:

Se prevé un alto nivel de radiación solar en los próximos días; se recomienda la ingesta de líquidos para evitar situaciones de deshidratación; es fundamental la aplicación de cremas protectoras para minimizar los efectos solares la piel; se desaconseja la práctica deportiva en las horas centrales del día; prendas como las gorras y gafas de sol se convierten en compañeras inseparables; uso de ropas ligeras, de tejidos naturales y colores claros; etc.

Casi me produce rubor escribir frases como las anteriores, sin embargo y aunque cada año se repitan hasta la saciedad, siguen siendo totalmente necesarias, por increíble que parezca. Es como si de un año a otro se nos borrase el disco duro y precisásemos volver a escuchar consejos tan socorridos, como manidos, para protegernos de los efectos implacables del calor.

Todos esos consejos, referidos a una comunidad como la que representamos los corredores, son especialmente sensibles, por aquello de realizar nuestra actividad deportiva al aire libre, salvo excepciones puntuales de esporádicas incursiones en cintas dentro de gimnasios o centros deportivos. Sí, la calle es nuestro lugar para correr, ya sea en ciudad, monte o playa, corremos y hacemos de nuestro entorno, natural o urbano, el ecosistema con el que nos relacionamos. Una relación a la que, como es lógico, debemos prestar atención con nuestro comportamiento, no solo cuidando y protegiendo ese medioambiente, sino haciéndolo también con nosotros mismos y es en ese “nosotros mismos” donde toma toda la importancia lo de adoptar las medidas oportunas para esta época del año donde el calor es el juez más implacable.

Por todo ello, tomemos conciencia una vez más y aunque parezca estúpido o innecesario repetirlo, protejámonos del sol, no seamos cenutrios al ignorar sus efectos perjudiciales en esta época del año. Hidratémonos, salgamos a correr a primera o última hora del día, pongámonos crema protectora, utilicemos gafas de sol, gorras, seamos sensatos, razonables y recordemos que por encima de todo está nuestra salud y que cualquier exposición innecesaria solo nos puede reportar algún que otro susto gratuito.

Sí, sé que no estoy diciendo nada nuevo esta semana o dicho de manera apropiada para el post de hoy: no hay nada nuevo bajo el sol; pero el motivo que me ha llevado a sentarme a escribir sobre algo que a lo que ya dediqué una entrada (de manera mucho más trabajada, todo sea dicho de paso) allá por el mes de junio de 2014, ha sido que cada año, cada verano, me cruzo con corredores a los que todas estas advertencias o consejos, tan sabidos, les son totalmente ajenos o al menos eso parecen demostrar, a juzgar por sus comportamientos.

Comportamientos como correr sin camiseta, hacerlo cuando el sol está en su punto cenital sin ningún tipo de protección, ni existencia alguna de líquido con el que sofocar el estrés del calor, de un cuerpo sometido a un esfuerzo prolongado, de una intensidad mayor o menor, en función del esfuerzo empleado. En definitiva y para no dar más vueltas sobre los mismo, haciendo todo lo correcto para tropezar, una vez más, con la misma piedra, esa que por muy grande que sea y por mucho que conozcamos el lugar en el que se encuentra, volveremos a llevarnos por delante, chocándonos de bruces con ella y es que si hay algo que caracteriza a nuestra raza superior es la de caer en lo mismo, una y otra vez.

Por favor, aunque suene innecesario, por lo obvio que resulta y toooooodos los sepamos, no caigamos en los mismos errores, no abusemos de la confianza, esa estúpida confianza que puede llevarnos a situaciones de riesgo. Evitemos el sol, protejámonos y minoremos al máximo los efectos del calor. Correr es un deporte, un juego, pero no nos olvidemos de nuestra integridad física y tengamos grabado en la mente algo tan sencillo como esto:

Nuestra vida es más valiosa que cualquier deporte

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Calor…

Y tú, ¿cómo te enfrentas al calor?, ¿eres de los que evitan el sol o de los que no renuncian a él, protegiéndote como es debido? ¿Te has visto en alguna ocasión afectado por el calor mientras corrías? Deja tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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