El destierro de Plutón

post_plutón

– … Saturno, Urano y Neptuno – terminó de decir Rubén.

– Y Plutón, te ha faltado Plutón, campeón – puntualizó Miguel Ángel.

– Papá, Plutón no es un planeta, sólo hay ocho: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. La seño nos dijo que han descubierto que Plutón ya no es un planeta, bueno es un planeta enano o algo así – argumentó con soltura, el niño.

– ¿Se han cargado a Plutón?, así, de un plumazo… un planeta enano, ¿pero qué tontería es esa? Plutón ha sido un planeta de toda la vida y ahora se lo quitan de en medio. Exijo una revisión de la Comunidad Científica y una corrección de manera inmediata – dijo Miguel Ángel con voz solemne, poniéndose de pie y frunciendo el entrecejo.

– Jajajajaja, qué cara has puesto, papáRubén se partía de risa, mientras cerraba el libro de Ciencias Naturales.

Joven, que no hemos terminado, aún quedan cosas por preguntarte – le dijo rápidamente a su hijo.

– Papáaaaa, estoy cansado y tengo mucha hambre, ¿qué vamos a cenar? – preguntó con una cara a medio camino entre el agotamiento y la curiosidad.

– Vaaaaale, mañana seguimos, pero tú no te vas de aquí el domingo sin saberte los dos temas de cabo a rabo, ¿está claro?, que no tengo ganas de que tu madre me eche nada en cara – accedió – Y de cenar, de cenar… he pensado hacer unos macarrones con tomate, ¿le apetecen al señorito? – preguntó al niño, guiñándole un ojo.

– Síiiii, bieeeennnn, me encantan, papá, uuummmmmm, qué riiiiicos… ¿y podemos ver alguna peli? – preguntó con los ojos que parecían salir de sus órbitas.

– Jajajaja, sí, sí, podemos, podemos, pero ve recogiendo todo esto y prepárate las cosas para ducharte, mientras pongo a cocer un huevo y empiezo a preparar los macarrones – le indicó al pequeño, que recogió todo el material escolar en un santiamén y salió disparado para su cuarto.

Rubén era su único hijo, aunque su exmujer y madre del niño estaba embarazada y en breve daría un hermano al niño… un hermano sólo de madre, pero hermano al fin y al cabo. Rota la unión conyugal desde hacía poco más de dos años, había conseguido adaptarse perfectamente a su nueva situación, aunque eran frecuentes los episodios de depresión y ansiedad que le provocaban algún que otro día de bajón. A veces se sentía como un yoyó, tan pronto estaba bien arriba, como caía hasta tocar el suelo.

Como suele pasar en casi todas las separaciones, una parte suele quedar peor parada o más afectada que la otra en este tipo de conflictos personales y en este caso Miguel Ángel había sido el que peor parte se había llevado, algo que asumió desde el primer momento. Su acomodada situación económica le permitió alquilarse un amplio apartamento en el centro de la ciudad, puesto que la casa familiar había quedado en manos de Susana, igual que la patria potestad del niño, algo que le enfadaba profundamente, pero a lo que había tenido que acostumbrarse, por mucho que ello le incomodase.

En el fondo, muy en el fondo, y sólo cuando los efectos del alcohol cobraban protagonismo, asumía abiertamente que sólo él era el responsable del giro que había pegado su vida. Una vida que le había otorgado la lujosa capacidad de poder decidir todo cuanto quería hacer, heredado por una parte gracias a la fortuna familiar y por otra, gracias a sus incuestionables capacidades negociadoras, que lo habían convertido en todo un referente dentro del sector de económico de la región. Inteligente, con una visión empresarial adelantada a la del resto de sus colegas y con una capacidad organizativa y directiva digna de estudio, algo que ya empezaba a dejarse entrever durante sus estudios de Ciencias Económicas y Derecho, donde acabó siendo el mejor de su promoción.

Lejos del mundo laboral, en lo personal, cumplía a la perfección con el perfil del clásico machista, mujeriego, capaz de conquistar a la mujer que se propusiese, sin el menor pudor y sin dar importancia a unos lazos conyugales a los que había prometido fidelidad, respeto, en la salud y en la enfermedad

– … todos los días de mi vida y blablablabla – le dijo con tono sarcástico, mirándola a los ojos, mientras sorbía un trago de su segundo whisky sólo.

– Eres un cabrón, lo sabes y seguro que te lo habrán dicho más de una vez, ¿no? – le soltó en toda su cara, la joven con la que llevaba casi media tarde tonteando.

– ¿Cabrón?, te equivocas, yo sólo quiero echar un buen polvo contigo, no quiero que formemos una familia, para eso ya tengo la mía y no sé si incluso tú también tienes la tuya. Y tus ojos me dicen que estás deseando que nos vayamos de esta barra y te diga al oído todo cuanto te voy a hacer… – le contestó, con la seguridad que concede la experiencia en los artes de la conquista y la seducción.

– Sí, lo reitero, eres un cabrón, pero sabes perfectamente lo que quieres y lo que quiero y sabes tocar la tecla necesaria para encender la pasión y el deseo. Mira, ¿sabes qué te digo?, no estoy aquí para juzgarte, allá tú con tu vida y estoy cansada de estar sentada aquí tanto tiempo, así que quiero ver cuánto hay de cierto en todas tus bravuconadas, Casanova – dijo la atractiva acompañante rozándole con su mano derecha la entrepierna.

Aquella conquista en concreto no le costó el divorcio, de hecho no tenía nada de especial y fueron los reiterados engaños consentidos los que tardaron por quitar la venda a los ojos de una esposa que no quería ver y que terminó cayendo en los brazos de Pablo, su entrenador personal, al que acudía dos veces por semana para poner en forma su físico y que también puso en forma su parte psíquica, emocional y lógicamente la más determinante, su parte sentimental.

Rubéeeeennnn, los macarrones ya están, ¿sales o qué?, tío pesado – preguntó en voz alta Miguel Ángel.

– Voy, papá, ya salgo, voy volando – contestó el niño apareciendo por la puerta del pasillo que daba a las habitaciones – Jó, cómo huele, ¡qué hambre tengo! – dijo el pequeño.

Tanto Susana como él pensaron que al chico le costaría adaptarse a esa nueva situación familiar, pero como ya había ocurrido en otras ocasiones el niño dio toda una lección a sus mayores y sorprendió con la manera en la que había encajado no sólo la separación de sus padres, sino la aparición de la nueva pareja materna, cuya presencia en casa se produjo casi sin llegar a enfriarse el lado de la cama que acababa de dejar el padre de familia.

Rubén, he conseguido un par de pases para ir mañana por la mañana a ver entrenar a La Roja, antes del partido del domingo, ¿qué te parece? Y después, por la tarde, he pensado acercarnos a ver la actuación de un amigo mío que es mago y que actúa en un pequeño local, muy cerca del teatro… menudo planazo, colega – le dijo dándole un pequeño codazo de complicidad al niño.

Papá, mañana por la mañana tengo una carrera en el cole. Son las Jornadas del Deporte y estoy apuntado – comentó, con cierto malestar, por estropear parte de la oferta que había preparado su padre.

– ¿Correr?, ¿pero desde cuándo corres tú? Me acabo de enterar… tu madre no me había dicho nada de carrera – dijo algo contrariado Miguel Ángel.

– Llevo un par de meses saliendo a correr con Pablo y me gusta mucho, está muy chulo. Además van a ir casi todos mis amigos de clase y Pablo también corre, él participa en la carrera que hay para mayores… mamá va a ir a verme – argumentó con inequívocas muestras de entusiasmo – ¿Y a qué hora es la función de tu amigo el mago? – preguntó, interesándose por el plan vespertino.

– Ya, Pablo… claro. Eeeessssto, no sé a qué hora es, por la tarde, tengo que mirarlo… ¿ponemos la película, Rubén? – preguntó, cambiando por completo de tema.

Padre e hijo se acomodaron en el sofá, uno junto al otro  y esperaron a que el lector de USB cargase el Quinto Episodio de la saga de Star Wars. La inconfundible banda sonora de John Williams comenzó a sonar a través del potente equipo de home cinema, inundando todo el salón, mientras el chico miraba sin pestañear la pantalla y su padre perdía su mirada entre las estrellas que protagonizaban los primeros fotogramas de la película.

No lo pudo evitar, se sintió solo, a pesar de tener la compañía de su hijo a su lado, se sintió vacío, a pesar de tener una vida en la que gozaba de una gran popularidad, se sintió estúpido, por haber perdido el protagonismo en el día a día de ese pequeño al que había dado un soplo de su vida, se sintió derrotado, por haber sido el culpable de arruinar el único amor que había tenido, no lo pudo evitar y pensó todo ello mientras miraba, sin ver, la pantalla del televisor.

El pequeño apenas aguantó despierto cuarenta minutos de la película y, como cuando era un bebé, lo llevó en sus brazos hasta su cama; allí lo metió bajo el edredón estampado con los jugadores de la selección española de fútbol y con el mayor de los sigilos salió de la habitación. Sus pasos se dirigieron hasta el frigorífico, de donde sacó una botella de cava bien fría y la metió en una champanera repleta de hielos. Sacó una copa de cristal y se sentó de nuevo frente al televisor. Pulsó el botón de “PLAY” y la película continuó, abandonando su modo de “pausa”

Sus ojos volvieron a clavar su mirada en la pantalla y por un instante recordó la lista con los planetas que horas antes había repasado con el niño: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón.

– No, Plutón ya no – se corrigió en voz baja.

Plutón había dejado de formar parte de los planetas del Sistema Solar, su lugar no había sido ocupado por otro, simplemente ya no se contaba con él, sin más, y su presencia quedaba en el recuerdo de todos, porque aunque no apareciera seguía estando en el lugar donde había estado siempre. Y de repente se sintió como ese pequeño planeta, como Plutón, que de la noche a la mañana había dejado de ocupar su lugar y había sido desterrado, condenado a un olvido que se produciría más o menos temprano y del que sólo el tiempo sería testigo.

La diferencia entre ese pequeño, minúsculo planeta y él era que a Plutón le habían retirado unos galones que no llegaba a ostentar, según el conocimiento y el capricho de cuantos científicos dirigen los estudios en materia de astronomía planetaria, mientras que él simplemente se había ganado a pulso su destierro, que lo postergaba a ese sofá de tres plazas, con posibilidad de asiento reclinado, sobre el que apoyaba su cabeza, al tiempo que bebía a sorbos el cava con el que bautizaba cada noche su soledad.

Las estrellas, lejanas, perpetuas en lo alto del firmamento, se dejan mirar cada noche y los planetas giran y giran incansables alrededor del Sol, alrededor de ese astro que les da la vida y la luz. Él simplemente había abandonado su órbita, se había alejado del sistema al que pertenecía y ahora sólo le quedaba girar y girar, como lo había hecho siempre, lejos, pero esperando dejar atrás un destierro al que jamás debió llegar. Todos somos responsables de nuestro pasado, de nuestro presente y cómo no, también de nuestro futuro.

Susana dormía abrazada a Pablo a muchas manzanas de allí, Rubén dormía arropado, entre otros, por Xavi, Iniesta, Casillas y Sergio Ramos a escasos metros y él daba vueltas sobre sí mismo, perdido en un universo paralelo al que jamás debió llegar y PlutónPlutón lloraba en silencio su destierro y maldecía su suerte, su mala suerte, en soledad.

post_plutón

El destierro de Plutón

Plutón, el pequeño y alejado Plutón, el último de los planetas que hasta hace poco tiempo nos enseñaban en el colegio y al que hoy ya no miramos igual… él es el protagonista de este relato y en su órbita gira mucho más que un simple planeta. Si te ha gustado este relato breve o crees que a alguien puede gustarle compártelo. Muchas gracias.

¡Comparte!

Deja una respuesta