El límite (¿dónde está?)

El límite

“¿Dónde está el límite?”… creo que esta frase y más en concreto su versión en inglés: “Where is the limit?” es la más famosa y con la que a todo el mundo, o casi todo, le viene a la cabeza la figura del deportista, trader, coach y escritor catalán Josef Ajram.

En torno a esa pregunta lanzada al aire con la que he comenzado mis palabras, gira un primer libro del mediático Josef, así como otro libro posterior en el que, sin dar respuesta a esa pregunta, sí llega a una conclusión, tal y como se deja ver claramente en el propio título del mismo: “No sé dónde está el límite, pero sí sé donde no está”. Resumiendo, que tampoco llega a dar respuesta a la famosa pregunta.

Dejando a un lado al Sr. Ajram, ejemplo y referencia para muchos deportistas y traders, todo sea dicho de paso, me quedo con ese límite, algo tan sencillo y definido en tantos y tantos órdenes de la vida, pero que se vuelve difícil de ver, de marcar o de definir, cuando entran en juego nuestras capacidades, las capacidades del ser humano.

Coincidiréis conmigo que marcar el límite de una ciudad o un país es bien sencillo, y basta con tirar una línea de aquí hasta allá para que todo lo que quede a un lado pertenezca a una parte y todo lo que queda al otro lado, pertenezca a la otra, ¿no?… eso sí, dejando disputas territoriales y temas políticos al margen, debería resultar así de sencillo. Pero bueno, en cualquier caso, ese límite viene marcado por una línea invisible que lo marca.

Otros límites son simples valores numéricos, medibles y cuantificables, que no presentan lugar a discusión. Son los límites que van de la mano de unidades matemáticas como la longitud, el peso, el volumen, la velocidad, etc. En todos esos casos se fija un valor y él será el que hará de límite, bien por exceso o por defecto, dejando fuera de rango todo lo que se exceda a él.

Sin embargo, como he dicho con anterioridad, cuando queremos poner el límite a aquello donde intervenga una capacidad del ser humano, nos encontraremos ante un problema de difícil respuesta o cuanto menos, con un problema cuya respuesta se va modificando con el paso del tiempo, esto es, el valor de un límite que se creía determinante se va superando por valores que ponen el listón de ese límite en cotas que jamás se habrían llegado a imaginar.

De esa manera, el hito de la llegada del hombre a la luna, allá por 1969, parecía ser la culminación de hasta dónde podía llegar la raza humana y tocar techo en sus deseos por ser capaz de conquistar el espacio, con el que llevaba años coqueteando. Pero lejos de mantener sus pies sobre el querido satélite, el hombre ha seguido llegando cada vez más lejos en esa carrera espacial y seguro que en no muchos años asistiremos a la llegada al planeta Marte, y sino al tiempo.

Igualmente, los avances tecnológicos, médicos y científicos han convertido los grandes descubrimientos de siglos atrás en puntos de partida de increíbles logros y nuevos inventos, que han permitido a la humanidad mejorar sus condiciones de vida, desarrollando sistemas cuyo objetivo último es el de conseguir una mayor y más longeva calidad de vida. Se han sobrepasado y con creces unos límites que hace algunas décadas estaban dentro del mundo de la ciencia ficción y que hoy son parte de nuestro día a día.

Dentro del plano deportivo y mirando en “nuestra” disciplina, vamos presenciando año tras año cómo se van fulminando récords que aparentemente parecían insuperables y al mismo tiempo asistimos al nacimiento de pruebas donde cada vez se pone más al límite la capacidad física del deportista. Son pruebas caracterizadas por una carga de kilómetros cada vez mayor, unas; por conseguir tiempos cada vez más bajos, otras; también las hay que se caracterizan por desarrollarse en condiciones climatológicas extremas y cómo no, las que basan su dificultad en la dureza de unos terrenos con desniveles positivos casi imposibles y perfiles que asustan sólo con ver sobre el papel.

Como ejemplos que ilustran hasta qué cotas han llegado algunos de esos límites, me vienen a la cabeza números tan increíblemente sorprendentes como: correr un maratón en un tiempo que roza tan sólo las 2 horas, completar 50K en apenas 3 horas, conseguir dejar atrás 100K en un tiempo inferior a las 6:30 horas o echarse a las piernas casi un cuarto de millar de kilómetros en 24 horas, entre otros. Y fijándonos en aspectos climatológicos, qué decir de pruebas donde la montaña, la jungla o el desierto se convierten en los paisajes donde se desarrollan pruebas de enorme dureza, en las que ser finisher se puede elevar a la categoría de superhéroe.

Sin embargo, en un peldaño situado muy abajo de esa escalera que parece no tener fin y que sube, sube, sube y sube, sin límite, nos encontramos muchos, muchos de quienes cada día nos atamos las zapatillas y salimos a correr. Somos muchos de esos corredores populares para quienes también existen unos límites, lejos de esas cifras que emborrachan y que parecen de otra galaxia.

Así, para quien empieza a correr, para ese novato que un día todos fuimos, el límite no suele ir más allá de ser capaces de permanecer unos minutos corriendo, de manera continuada. El tiempo, el esfuerzo y las ganas por ir ascendiendo a lo largo de esa imaginaria escalera, nos permitió que ese tiempo fuera aumentando y la distancia comenzara también a ser una variable a tener en cuenta. Entonces, casi sin darnos cuenta comenzamos a correr distancias más largas y sin saber cómo, ni cuándo, pusimos nuestra mirada en esa otra variable que mezcla tiempo y distancia: la velocidad.

Y de esa manera, nosotros mismos vamos superando límites sin ser conscientes de ello, vamos evolucionando, creciendo como corredores y sólo si hacemos un alto en el camino, para echar un vistazo hacia abajo, seremos capaces de ver cuántos de esos escalones imaginarios hemos llegado a ascender. Sí, a la altura de nuestras posibilidades y de nuestras ambiciones, está ese límite que con disciplina, constancia y motivación podremos ir colocando un poco más arriba.

Es un límite para el que no existen titulares, que sólo tiene validez y debe ser superado por nosotros; un límite que jamás se podrá comparar con ningún otro, porque cada corredor tiene y fija su propio límite, ese que le ayuda a marcarse una meta, a poner la luz en el horizonte, pero con la cordura y la objetividad que sólo otorga el conocerse a sí mismo, puesto que de nada vale mirar hasta lo más alto, si tal vez jamás seamos capaces de ascender un poco más arriba de donde nos encontramos.

Para terminar, y hablando en primera persona, me pregunto por ese límite:

¿Dónde está mi límite?

Para intentar dar respuesta a esa pregunta, vuelvo a las palabras de Josef Ajram, para afirmar que no sé dónde está mi límite, pero a día de hoy sí sé donde no está, así como también he aprendido algo, y es que ese límite soy yo mismo… y vosotros, ¿os habéis preguntado dónde está vuestro límite?, tal vez lo sepáis o tal vez os ocurra como a mí y no sepáis dónde se halla, pero en cualquier caso vuelvo a afirmar lo que me digo a mí mismo, algo de lo que estoy plenamente convencido:

Vosotros sois vuestro límite.

El límite

El límite… lo eres tú

El límite, cuando de nuestro rendimiento deportivo hablamos, cuando nos referimos hasta dónde y cuánto somos capaces de correr, es una cuestión difícil de responder, porque el mismo puede llegar más lejos con nuestro empeño y nuestro trabajo, pero ¿hasta dónde? Anímate y deja un comentario sobre este tema y si te ha gustado el post, compártelo. Muchas gracias.

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2 comentarios a El límite (¿dónde está?)

  • Fernando Murcia  dice:

    Estimado Paco,

    Enhorabuena, una vez más, por este post. Tu constancia y buen hacer a la hora de escribir, reflexionar y hacernos reflexionar sobre temas relaccionados con correr solo puede compararse con esas mismas características tuyas a la propia hora de correr.

    Entrando en “materia”, tendré primero que declararte que el citado Josef Ajram no es para nada “santo de mi devoción”, aunque no sea este el momento de hablar de él, me parece, dicho sea vulgarmente, un “vende-bragas” pero de los buenos. Un tipo que pretende sacar dinero de su imagen como deportista por encima de sus méritos deportivos.

    La palabra “límite” lleva, sin duda, fácilmente al eslógan comercial de este personaje, pero yo te quiero citar a otro deportista mucho más de mi agrado que si bien supo como nadie explotar su imagen comercial (aún sigue percibiendo cifras astronómicas por ella tras estar muchos años retirado) nadie podrá negarle los méritos deportivos, me refiero a Michael Jordan. Precisamente (y me empieza a preocupar la conexión mental que a veces tenemos.. jejeje) pocos días antes de escribir tu este post estuve reflexionando mientras corría acerca de una célebre frase de “su majestad” Michael Jordan relativa a los límites. La frase es “quien dice que juega al límite es porque lo tiene” es fácilmente traducible a nuestro deporte y no creo que haga falta que lo haga, sin entrar a discutir si la persona concreta, o la raza humana en su totalidad, tiene un límite o unos límites físicos concretos creo que la clave para superarse a sí mismo (y creo que es lo que trataba de expresar Jordan con su frase) es que trabajes y te esfuerces cada día como si no los tuvieras, sin que tu mente esté lastrada por esos límites. Evidentemente, por más que lo quiera, yo no podré correr hoy a la velocidad que tu lo haces, pero ya veremos qué pasa mañana…. jejeje

    Cierro este extenso comentario con otra frase del bueno de Michael: “Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con que pasara, otras hacen que suceda”, tú, sin lugar a duda, eres de éstas últimas, y si no hay contratiempos externos pronto nos lo volverás a demostrar en Berlín.

    Un fuerte abrazo y toda la suerte del mundo en tierras alemanas amigo.

    Fernando.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Fernando! Muchas gracias, una vez más, por tu comentario, siempre tan certero. Comprobar que podáis leer aquello que plasmo en este rincón es una satisfacción, pero asistir a un análisis como el que has hecho de este post, es algo que admiro y aplaudo hasta cansarme: ¡¡genial, Fernando!! No conocía la frase del gran Jordan, pero sin duda, tanto como deportista y lo que reprensenta es mucho más cercano a mi forma de pensar que el archifamoso Josef (por cierto, sonora carcajada me he dado con el cariñoso apelativo con el que te refieres a él), aunque no se puede negar que este último ha sabido y sabe, vender y venderse muy, pero que muy bien.

      Tu reflexión de lo que para ti es ese límite debe salir fuera de estos comentarios y cada vez veo más necesario el charlar y comentar algunos de los temas que entre comentario y comentario hemos cruzado, siempre aportándome luz y conocimientos a mis ideas. Y respecto a Berlín… ¿qué te puedo decir?, pues que pase lo que pase, daré todo cuanto pueda allí, como lo he ido dando a lo largo de los cuatro meses de preparación.

      Un fuerte abrazo, Fernando y una vez más, muchas gracias.

      Paco.-

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