El saludo

saludo

Cuando uno hace un saludo, lo mínimo que espera es que la persona a quien ha dirigido dicho saludo le responda de la misma manera. Así, si uno se cruza con un vecino en pleno rellano de escalera y le dice “buenos días”, espera recibir la misma atención. Claro que en ocasiones, ese mismo saludo se puede ver reducido a un simple “hola” o ya si nos podemos algo más vaguetes, pero muy realistas, algún que otro saludo se puede ver simplificado mediante un simple levantamiento de cabeza, sin articular palabra, a modo de: “¡¡Eeeyyy, qué pasa!!” o por último, ese minúsculo saludo consistente en la socorrida subida de cejas, a modo de: “Eeeehh…”.

Lógicamente existen infinidad de saludos, al margen de ese frío saludo que se produce entre vecinos de inmueble. Así, por ejemplo, podemos encontrarnos con saludos tan diferentes como los que se dan entre familiares, entre compañeros de trabajo, aquellos efusivos que se producen cuando ves a viejos amigos, otros más correctos como cuando te encuentras con el que va a ser tu suegro, algunos de colegueo entre los amigos del equipo de fútbol o esos otros como cuando ves al panadero de la esquina o a la dependienta “repretá” de la perfumería o a ese antiguo jefe que te enseñó indirectamente cómo no ser un gañán o a tu antigua pareja o a ese tipo extraño que se sentó a tu lado durante todo un año, mientras hiciste el máster y al que nunca se le oyó decir ni “mu”… en definitiva, saludos, saludos y más saludos.

Dentro de tanto saludo, me quiero quedar con uno, concretamente con ese tipo de saludo que se produce entre personas que pertenecen a un mismo grupo, o mejor llamarlo: sector, gremio, tribu. Cualquiera de esas acepciones podría valer para clasificar a esas personas que comparten una afición, un hobbie, en definitiva un gusto por algo que lo hace claramente reconocible para otra persona que también participe de esa misma religión. Religiones que no tienen sacerdotes entre sus filas, ni sus miembros rezan dentro de ningún santo lugar, pero sí profesan abiertamente sus reglas, normas o principios, como se ve en el mundo de las motos, los coches, la música, los cómics y la moda, entre otros (mucho ojo, me refiero a todos esos mundos siempre tomados desde el punto de vista del disfrute y el entretenimiento, nunca como una forma de trabajo o un medio para lucrarse).

Sí, sé que más de uno estaréis echando en falta un “mundo”, dentro de los mencionados en el párrafo anterior, pues aquí lo tenéis, ese gran grupo que aglutina a tanta y tanta gente cada día: el DEPORTE. Dentro de este grupo hay tantos y tan variados miembros como disciplinas deportivas, pero ni que decir tiene que me voy a quedar con aquellos que forman parte de esa multitud de gente a la que le gusta correr y han hecho del running mucho más que un deporte.

Pero centrándome en lo que hoy me ocupa, que no es otra cosa que el saludo en sí, voy al grano (que me lío en palabrerío y me alejo de lo que realmente quiero decir)… hace meses, allá por el mes de enero o febrero, puse a través de mi cuenta en Twitter y de Facebook una frase que venía a decir algo así como esto:

“Siempre que vayas corriendo y te cruces con otro runner, salúdalo”

Ese saludo encierra mucho más que un simple gesto, es mucho más que una manera cortés de decirle “hola” a otra persona que va practicando el mismo deporte que . Otra persona que sabe como tú, lo que es correr, lo que es sufrir, lo que es motivarse para ponerse las zapatillas cada día, lo que es hacer kilómetros y kilómetros en solitario o en compañía, con la única meta de ir superándose poco a poco o simplemente mantenerse en forma. Por eso, ese gesto, es como un pequeño abrazo o una palmada en la espalda que sabe a: “vamos amigo, sigue adelante, disfruta de tu entrenamiento y ten felices kilómetros”.

Cruzarte con otro corredor como tú te hace ser “amigo” de ese colega deportivo, te hace sentir cerca de una persona que probablemente veas por primera y última vez, pero es como si durante unos segundos ambos hubieseis compartido una parte de vuestra larga vida en miraros y lanzaros un gesto de complicidad, en forma de saludo, que no va más allá, pero que te traduce una sensación muy agradable.

A ver, a ver, no penséis que mientras corro voy como un loco echando saludos y sonrisas a todo aquel con el que me cruzo (sólo me faltaría soltar un “iiiuuuujuuuu, hoooooolaaaa”), pero sí que miro a la otra persona con la que me voy a cruzar y busco su mirada para levantar mi mano justo en el momento en el que pasamos uno junto al otro. En muchas ocasiones la otra persona no aparta la vista de su camino y sigue su marcha, otras veces me miran con cara inexpresiva, cuyo pensamiento no sería capaz de adivinar y por último, algunas veces, recibo la correspondencia a mi gesto afable.

La explicación que le encuentro al distinto comportamiento que presentan esos corredores, creo que radica en el verdadero sentimiento runner que ese corredor tenga. Es decir, si es un corredor ocasional, que sale alguna vez que otra para hacer algo de ejercicio y poco más, es muy probable que no esté muy familiarizado con todo lo que rodea este mundo y no sienta, ni comprenda, el por qué de tener que saludar a un “jenares” con el que te acabas de cruzar, de igual manera como tampoco va saludando por la calle a todo aquel que pasa a su lado.

Pero si tu caso es el de un enamorado del running, al que le gusta disfrutar haciendo kilómetros, de esos que se acuesta pensando en madrugar a la mañana siguiente para salir a correr o simplemente de los que sus entrenamientos marcan el día de la semana, entonces es muy probable que comprendas por qué algo tan trivial como un saludo puede ser un nexo de unión entre dos personas que comparten una misma afición.

En esta ocasión, para terminar este post, quiero hacerlo dedicando mis palabras a un corredor con el que me crucé el pasado sábado, mientras hacía mi tirada larga. Ambos íbamos por una carretera secundaria, en sentidos contrarios y cada uno por nuestro carril. A simple vista me atrevería a decir que, por su aspecto, su edad debía andar ya lejos de los cincuenta años. Lo observé con mi mirada y antes de estar a la misma altura levanté mi brazo a modo de saludo y aquel hombre no sólo correspondió de la misma manera, sino que esbozó una amplia sonrisa y me dedicó un “hola” que me llenó de satisfacción. ¿Por qué?, porque sé que en ese instante ambos nos alegramos de vernos y compartir esos segundos de nuestra vida, mientras ambos hacíamos algo que nos satisfacía: correr.

Ese saludo fue lo que me motivó a escribir hoy este post y espero que después de leerlo también hagáis vuestro ese gesto, cuando os volváis a cruzar con otro runner.

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Levanta tu mano y… saluda

¿Eres de los que habitualmente saludas a otro corredor con el que te cruzas o crees que es algo totalmente innecesario?, ¿te parece friki lo de ir saludando a troche y moche o consideras que es un gesto que sirve para unir a los corredores? Deja tu punto de vista y si crees que este artículo es interesante, compártelo. Muchas gracias.

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2 comentarios a El saludo

  • Cristina  dice:

    Hola Paco :
    Menuda chapa nos has dado al principio … Bufff… Ehiii que no es bromaaa, jajajaja ..
    Bueno un post diferente a los últimos leídos pero no está mal, sólo decirte que es cierto que alegra a uno saludar a otro runner y que yo soy como ese señor mayor al que te cruzaste en tu post, siempre saludando cuando crees que es necesario y con una Sonrisa Siempreee .
    Un abrazo compañero .

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Cris! Jajajajaja, saludos, saludos, saludos… ir corriendo, cruzarte con otro runner y que te salude es todo un gustazo, ¿verdad? Me alegra saber que ese sentimiento es compartidos.

      Saludos y gracias por tu habitual presencia.

      Paco.-

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