En barbecho

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Barbecho: tierra labrantía que no se siembra en uno o más años.

Si algo tiene nuestro idioma es una riqueza y variedad en palabras soberbia, lo que le confiere la capacidad de tener casi una entrada para todo aquello que queramos expresar. Así, cuando queremos referirnos a una porción de tierra que se deja sin cultivar, durante un período de tiempo, se le aplica el término que da título a este post: barbecho.

Atribuyéndole una expresión más moderna y coloquial a ese vocablo, podría decir que el barbecho viene a ser lo que hoy en día se conoce como stand by, ¿verdad? Una manera informal y anglosajona con la que sustituir esa palabra de nuestra lengua y que tanto fonética, como morfológicamente me parece muy bonita: barbecho.

Lejos de percepciones y debates lingüísticos, que no estamos aquí para eso, con lo que me quedo es con la definición en sí de la palabra elegida, en su parte más informal, esto es, en ese stand by. Y es a ese paréntesis al que en esta ocasión voy a referirme, lógicamente poniendo mi punto de mira en el plano deportivo que caracteriza a este blog. Por lo tanto, entremos en materia o dicho de otra manera, entremos en barbecho

Antes de nada, no quiero que se confunda el concepto de esta palabra con el del descanso puro y duro, ese que debe ser una parte primordial de nuestro día a día y que no necesita de debate alguno. Ese es un descanso merecido, que nos ayuda a recuperarnos tras una jornada de trabajo y punto, algo así como un respirar hondo y profundo, previo a la continuación con la rutina diaria.

Lógicamente, todo descanso es merecido y con él siempre conseguiremos una recuperación no solo de nuestras cualidades físicas, sino también de las psíquicas, algo común con nuestro barbecho, pero con una sutil diferencia entre ambos descansos. Mientras que el primero tiene una frecuencia habitual, el segundo lo podemos considerar extraordinario y el mismo suele ir precedido de un período de tiempo más o menos extenso, en el que se ha rendido de manera continuada, sin descanso o utilizando un término eléctrico, sin desconexión.

Si estuviéramos dentro del sector agrícola, simplemente sería dejar reposar la tierra, liberarla de un período de producción durante el cual ha estado sometida, para obtener de la misma el mayor rendimiento posible. Sin embargo, no estamos en ese sector primario y sí en el sector deportivo, si se me permite definirlo así, y ese barbecho podríamos definirlo por similitud, como un período alejado por completo de la actividad física y sí, también de la psíquica, deportivamente hablando claro está.

¿Y a cuento de qué viene escribir hoy de barbechos y descansos?, podréis preguntaros con toda la razón del mundo. Pues bien, nada de eso tiene que ver con la época del año en la que nos encontramos, donde suelen darse por concluidas las temporadas deportivas y se inician períodos de descanso o reposo, cuyo tiempo de duración no va más allá de dos o tres semanas, a lo sumo. No, no tiene nada que ver con eso. Más bien tiene que ver con los testimonios de varios amigos y conocidos, que sin tener vínculo alguno entre ellos, han coincido casi con exactitud en conversaciones que de manera espontánea mantuvimos.

Me refiero en concreto a un cambio por completo en su actitud, en su rutina deportiva diaria, y que de la noche a la mañana los ha llevado de mantener un elevado ritmo de actividad física a quedar reducido a cero, a nada. Así, de estar corriendo tres y cuatro veces semanalmente o nadar cinco días a la semana, han pasado a abandonar por completo el contacto con ese o cualquier otro deporte.

En todos los casos, ese período de desaparición, de desconexión… de barbecho, ha rondado los tres y cuatro meses y comenzó sin una causa determinada, sin una razón voluntaria y meditada: “Voy a parar tres meses…”, no, nada de eso, sino más bien fue una despegue momentáneo, accidental y que, sin predisposición alguna, ha terminado convirtiéndose en un tiempo que podríamos llamar de limpieza, de purificación. Algo así como ese dejar la tierra aparentemente abandonada para volver a ponerla en producción cuando llegue su momento.

Lógicamente, ese barbecho no viene provocado solo por la parte física, sino también por la psicológica y es precisamente esta última la que sin duda se convierte en la parte fundamental de esa oculta razón, mimetizada con todo cuando rodea nuestro día a día (obligaciones laborales y familiares, responsabilidades, etc.), la que sin pensar nos aparta de ese deporte que tanto amamos y necesitamos, pero al que por alguna extraña razón damos la espalda, sin querer mirarlo de reojo y sabiendo, sin decirlo, que volveremos a él más pronto que tarde, ¿cuándo?: cuando nuestro cuerpo y nuestra mente nos lo pida.

Esto es, con toda seguridad, una consecuencia más de nuestra forma de vida, cuyo ritmo podemos catalogar como frenético, y en el que son tantas las tareas que diariamente realizamos, convirtiéndolas en habituales, que sin darnos cuenta nos vamos asfixiando poco a poco, hasta que un día, sin saber por qué nos hace abandonar algunas de ellas, dejándonos un espacio imaginario que nos permita hinchar bien nuestros pulmones y desperezarnos por completo. Cuando eso ocurre pueden ser muy diversos los lastres que dejemos caer para liberar ese peso que nos impide movernos y es entonces cuando se pueden resentir aspectos de nuestra vida cuyas consecuencias pueden ser demasiado importantes… de ahí que cesar nuestra rutina deportiva sea, a buen seguro, la menos preocupante.

Parémonos un minuto y comprendamos que no somos máquinas, aunque a veces nos lo creamos, de ahí que en ocasiones debamos darle a nuestro cuerpo aquello que nos demande, permitiéndole aflojar un cinturón que sin darnos cuenta apretamos un poquito más cada día. De esa manera, ese dar la espalda a nuestro deporte, ese dejar nuestro cuerpo en barbecho no solo va a permitir su recuperación, sino que una vez que volvamos a él lo haremos con mayor ilusión, con más ganas, con aires renovados y a buen seguro lograremos llegar a cotas más altas de las conseguidas hasta entonces.

Si te gusta correr, corre, si te gusta nadar, nada, si gusta pedalear, pedalea… hazlo, disfruta y sufre con ello a partes iguales, pero recuerda que si un día tu cuerpo, sin saber porqué se coge algo más que un descanso y decide ponerse en barbecho, déjalo, dale las riendas y déjalo que camine un poco a su aire, porque verás que pasado el tiempo que estime oportuno te volverá a pedir esa droga, esa sana droga que da el deporte y volverás a hacer lo que te gusta, lo que os gusta a los dos:

a tu cuerpo y a ti.

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En barbecho

En ocasiones un descanso tal vez no sea suficiente y entonces precises de un período aún mayor: respira, seguro que después te volverás a sentir mejor. Si te ha gustado este post, compártelo y si quieres deja tu punto de vista respecto a este tema, hazlo, anímate. Muchas gracias.

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