En la cama…

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[1]

– Me voy a la cama, Mari Carmen.

– Sí, yo también me voy ya… total, para lo que hay que ver en la tele. Enciende la luz del pasillo, José Miguel, que apago en la salita.

*   *   *   *   *

[2]

– Puñetas, qué oportuno que eres, tienes que ponerte a hacer de vientre justo ahora que voy a lavarme los dientes, ¿es que no podías haber entrado antes, en vez de estar como un pasmarote en el sofá?

Mari Carmen, ha sido al moverme… se me ha removido el estómago.

– Al moverte del comedor a la habitación… total nada. Estás hecho un cromo, hijo mío: cada día más gordo y encima te está quedando como tu padre, con menos pelo que el chocho de una muñeca. ¿Quién me mandaría casarme a mí con un espécimen como tú?

Mari Carmen, solo estoy cagando, coñe… al final veo que te lías y hasta se la carga mi santa madre, que en paz descanse.

– ¿Tu madre, tu madre?, eso, anda, vamos a dejar a las madres quietas… pero tira de la cisterna de una vez, que parece que estás incubando un huevo. No sé qué manía esa de estar ahí sentado encima de la porquería… deja, ¡¡que tiro yo!!

– Coño, Mari Carmen, noooo, que me salpica el agua y luego me resfrío… ya termino, ya termino. Además, ¿no te ibas a lavar los dientes?, ¡¡pues lávatelos!!

– Siempre igual, parece que te gusta… eso, voy a lavármelos rápido y te dejo con tu perfume. Por Diosssss

– Vaaaa, ya está, ya he terminado… ¡Jesús!, que ni cagar a uno tranquilo, lo dejan ya. Dame un rollo, Mari Carmen, que lo ponga de recambio.

– Lo coges tú, que sabes dónde están… aquí te quedas y lávate las manos, anda.

– Gracias, simpática… desde luego, ¿sabes que las canas salen de la mala uva que uno tiene y no por los años?

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[3]

– Puuufff, qué fría está la cama, Mari Carmen… anda, arrímate un poco, que tengo la carne de gallina.

– Como se te ocurra rozarme te meto, ¡que estás más frío que un muerto!… No me extraña, con la poca sangre que tienes, no tienes temperatura pa´ná.

– Venga, solo un poco…

– ¡Que te meto!

– Vale, vale… ¿qué estás viendo?

– Una página de Facebook, donde ponen tablas de ejercicios para fortalecer la barriga y el culo.

– Pero si tú tienes el culo como las piedras, Mari Carmen. Gordo, eso sí, pero duro… se pueden partir almendras sobre él.

– ¡Toma!, por bocazas.

[Mari Carmen, rápida y certera cual karateka, le lanza un codazo a la altura del costado de José Miguel]

– Gruññnnn… hija, no aguantas una broma.

– A esta hora estoy ya para pocas bromas.

Mari Carmen

– ¿Quéeeeee?, ¿me vas a dejar ver el móvil o no? Anda, ponte los cascos y escucha la radio un rato, que a esta hora ya están tus amigos del fútbol.

– Tengo que decirte algo.

José Miguel, son casi las doce, estamos en la cama y solo quiero relajarme un poco antes de dormirme… ¿qué leches quieres decirme?

– Me voy a hacer runner.

– Tú eres tonto… runner no sé, pero tonto eres un rato.

Mari Carmen, que sí… que me voy a hacer runner.

– Anda, no digas más tonterías y cállate ya. ¡Bocachanclas!, que eres un bocachanclas.

– Llevo dos semanas mirando zapatillas y estoy metido dentro de grupo de runners que me ha pasado planes de entrenamiento y me dan consejos para empezar desde cero. Lo tengo decidido, ya no quiero que me digas que estoy para un homenaje. Voy a empezar a cuidarme de verdad.

[Mari Carmen lo mira fijamente, sin pestañear, con la mano izquierda sujetando su móvil y el dedo índice de su mano derecha apuntando la pantalla de este… igual que Colón señalando a América]

– Pero si tú no has hecho deporte en tu vida, Usain… ¿eso de dónde viene?, ¿de tus compañeros de trabajo, que tienen quince años menos que tú y están hechos unos figurines? Se están riendo de ti, almacántaro, ¿es que no te das cuenta? Correr tú, ¡Ja!… ni delante de los toros corres tú.

– Voy a empezar por salir a andar, unas tres veces por semana y poco a poco iré trotando. No tengo prisa… lo tengo decidido. Estás acostada al lado de un nuevo José Miguel.

[Mari Carmen vuelve a dirigir su mirada al smartphone, establece conexión entre dedo y pantalla y continúa hablando, prestando poca credibilidad a las palabras de su marido]

– Si me llegas a decir que te ibas a hacer hipster, muppie o lumersexual me habría parecido más creíble, ¡fíjate! Pero runner, ¿runner? Hasta dentro de mi asombro estaría creer que te querías hacer youtuber y tener un canal con alguna de tus manías chorras… runner, ¡me parto!

Mari Carmen, qué rara hablas a veces hija, no sé yo si tanto móvil te viene bien; no sé qué me has querido llamar, pero no me enfado, porque te voy a demostrar mi firme propósito de convertirme en un nombre nuevo… voy a cumplir los cincuenta y ha llegado el momento de dar el paso.

– Dicen que la crisis de los cuarenta se ha trasladado ahora a los cincuenta y qué verdad es… sí, hijo sí, tú hazte runner y a correr como los tontos. Tendrás que comprarte pantalones y camisetas, aparte de unas zapatillas, ¿no?, o ¿piensas ponerte la colección de prendas deportivas que sacó Danone para las Olimpiadas de Barcelona, con la imagen de Cobi?

Mari Carmen, ya me he comprado ropa o ¿qué te crees? Estuve el otro día en el outlet y aproveché una oferta del 50% que hacen los últimos jueves de cada mes. Cuatro camisetas técnicas, dos pares de pantalones, unas mallas cortas, otras largas, tres pares de calcetines y hasta una gorra. ¿Quieres que me lo pruebe?

[Mari Carmen gira su cabeza para mirarlo fijamente, de nuevo; no pestañea y con el mentón caído, en clara señal de asombro, le habla]

– ¡Me quedo loca!, pero si tú lo único que compras es el pan y el periódico y porque te lo tienen reservado, que hasta los calzoncillos te los compro yo…

– Ostras, Mari Carmen, eso se me olvidó… con los calzoncillos de pata no puedo ponerme las mallas, ¿verdad? Sabía yo que me faltaba algo. Mira, me lo voy a probar todo…

[José Miguel da un salto de la cama y un abrir y cerrar de ojos saca una bolsa del armario cargada de la ropa deportiva y comienza a dejarlo todo sobre la cama: camisetas y pantalones de colores atrevidos en fosforito chillón, mallas con modernos estampados florales y una gorra con la palabra RUN en la parte delantera. Con una agilidad limitada consigue enfundarse las primeras prendas, se coloca la gorra, poner sus los brazos en jarra y pregunta]

– ¿Qué te parece, Mari Carmen? ¿Soy o no soy un runner?

Runner, lo que se dice runner, no sé, porque tienes una pinta más parecida a Palomo Spain que a cualquiera de los que veo yo corriendo por la calle… si me pinchan no me sacan una gota de sangre…

Mari Carmen, no hay quien me pare, se va a enterar Juan Luis

– ¿Quién demonios es Juan Luis?

Juan Luis, el vecino del primero. El padre de familia ese que dices que está hecho un queso…

José Miguel… ese es preparador físico, menor que tú por lo menos unos diez años y tiene unos veinte kilos menos, además de tener pelo, unos ojos azules y una sonrisa con la que se deshielan los Polos… estás pitopausico, lo que yo diga.

Mari Carmen, porque sé que es tu manera de hablar, porque si no pensaría que lo mismo te gusta ese muchacho y todo… así que no me voy a poner celoso.

– No te pongas tú celoso, Bekele mío… anda ven pa´cá, que te has puesto a hablarme de Juan Luis, te estoy viendo con esas mallas paqueteras y me estás poniendo tontorrona.

– Encima te pones guasona… no me busques que me encuentras Mari Carmen; déjate de tonterías, que es lunes y los lunes no hay quien se te arrime, además ya son más de las doce.

– Saca la muleta, Manolete y vente p´al ruedo, que aquí tienes un toro empitonao que está deseando darte una buena corná… solo te falta la taleguilla, bribón. A ver cómo lo toreas…

Mari Carmen, no me digas esas cosas que me disparo.

– Eres tonto hasta pa´esto… ¡que vengas a la cama ya, te he dicho, majadero! Te voy a dar yo la primera clase de running y gratis… vas a ver lo que es correr como Dios manda.

[José Miguel se quita el atuendo deportivo con celeridad, no sin antes caer al suelo, fruto de su aceleramiento y de la pérdida de equilibrio intentando sacarse las patas de las mallas. Se vuelve a poner de pie de un brinco, se desnuda por completo y se abalanza sobre Mari Carmen, que lo espera con una sonrisa picarona y rubor en sus mejillas]

– Aaayyyy, cómo te gusta buscarme, pichoncito…

– Te habrás lavado las manos, ¿no?

[Y Mari Carmen apaga la luz de la mesilla de noche]
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En la cama…

José Miguel desveló aquella noche a su Mari Carmen el secreto de una nueva ilusión: ser runner… dejando el esperpento a un lado, ¿cuántos lo habrán pensado como él, una noche cualquiera, antes de irse a dormir? ¿Y cuántos habrán dado ese paso? Si te ha gustado este relato corto, compártelo. Muchas gracias.

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