II Carrera Solidaria Colegio Santa María de la Paz de Murcia

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Patrocinadores de la carrera (Foto: página Facebook Colegio Santa María de la Paz – Murcia)

Lugar: Murcia

Día: 24 de mayo de 2015

Hora: 10,00 horas

Distancia: 5.250 m (distancia no homologada)

Organizada por: Colegio Santa María de la Paz de Murcia, con carácter solidario a beneficio de la asociación FASFI (Fundación de Ayuda Solidaria Hijas de Jesús).

Recorrido: idéntico al presentado el año pasado y con carácter completamente urbano, con salida y meta situadas en la Avenida Juan Jugan, concretamente en la misma puerta de acceso al recinto del Colegio Santa María de la Paz. El itinerario comenzaba en la mencionada avenida, dirección a la Avenida Miguel Indurain, en sentido Ctra. Alicante, pasando por Calle Abanilla, Calle Isla Cristina y Travesía de Alicante, volviendo a salir a la Avenida Miguel Indurain, hasta llegar al cruce con la Ctra. Alicante, donde se volvía en sentido contrario por la misma avenida hasta el cruce con la Avenida Juana Jugan, punto en el que se iniciaba una nueva vuelta al circuito y una vez llegados por segunda vez a este punto se ponía rumbo a la línea de meta, en la citada Avenida Juana Jugan, para volver a pasar por el mismo arco de salida, que entonces ya se había convertido de meta.

Organización y atenciones: modesta y voluntariosa prueba, por segundo año, que supo aprender de los pequeños errores cometidos en la edición anterior. A diferencia del año anterior, el control del tráfico en la zona de salida y meta, donde nuevamente se volvió a cortar el tráfico en un solo sentido, contó con vallas y cinta señalizadora que permitió delimitar y establecer una separación física entre los corredores y público, con respecto a los vehículos que transitaban por la zona.

Se notó también la mejora en la zona de llegada a meta, que esta vez estaba acotada y facilitaba el acceso de los corredores al recinto interior del colegio, donde se realizaba la entrega de la bolsa del corredor y se podía realizar la reposición de líquidos, así como la ingesta de productos lácteos dispuestos para la ocasión. Una zona sencilla, sin alardes, pero atendida con la amabilidad y la generosidad que hizo gala toda la prueba.

Una prueba que dispensó con agilidad la entrega de dorsales (personalizados), dispuso de guardarropa, tuvo un cronometraje mediante el sistema de chip en el propio dorsal, contó con su avituallamiento reglamentario y donde todos los kilómetros estuvieron correctamente señalizados, gracias a los carteles en mano que mostraban alumnos del centro que ejercieron de amables voluntarios, sonriendo y animando al paso de quienes tomamos parte en la carrera.

La fiesta del running no terminó con la prueba de los 5K, puesto que tras ella se celebraron carreras menores para las distancias de 2,5K1,5K1K y 0,5K, dando la oportunidad a todas las categorías para que, grandes y pequeños, pudieran disfrutar de un magnífico día donde este deporte volvía a ser el nexo de unión y que tras la finalización de dichas pruebas volvió a conciliarse con una nueva Jornada de Convivencia, organizada como cada año por el AMPA (Asociación de Padres y Madres de Alumnos) del colegio y en la que la comunidad escolar se reunió para disfrutar en compañía de un día de fiesta, donde los protagonistas fueron alumnos, padres y profesorado a partes iguales.

A pesar de tanto y bueno, hay un par de aspectos que no quiero dejar pasar y que tal vez deberían considerarse para futuras ediciones. Por un lado, creo que la ubicación de la zona de salida y meta debería situarse en un lugar donde no obligue a tener que trasladar todo el despliegue para la celebración de las pruebas de las categorías menores, ya que esto no sólo hace perder tiempo, sino que desluce un poco esas otras carreras. Y por otro lado, fue un fallo ingenuo el no entregar trofeos para los ganadores de todas las pruebas, desde la primera hasta la última, por muy pequeños que fueran sus participantes y que precisamente con más motivo deberían haber recogido el premio a su esfuerzo; con toda seguridad que todos los presentes habríamos disfrutado al ver un buen puñado de amplias sonrisas, las de los más pequeños, rebosantes de satisfacción y orgullo por su logro conseguido.

Por último, merece una mención especial el speaker de la prueba, que como el año anterior volvió a ser el Director del Centro y que no es otro que Antonio Grau. El éxito o el fracaso de una iniciativa, de una carrera, no depende de una única persona, sino que es el resultado del trabajo de un equipo y en este caso el equipo humano del Colegio Santa María de la Paz cuenta con tener a la cabeza a una persona como Antonio Grau, cuyo ánimo, espíritu e ilusión se contagia entre el colectivo que, de una manera u otra, formamos parte del centro. Felicidades, Antonio y gracias, tanto a ti, como a todo tu equipo.

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Antonio Grau, micrófono en mano (Foto: página Facebook Colegio Santa María de la Paz – Murcia)

Bolsa del corredor: correcta, estaba compuesta por una camiseta técnica conmemorativa de la prueba, una gorra, junto con un zumo, dos barrita de cereales, una bebida láctea, un botellín de agua, una manzana, un termo y un vale promocional para un centro de estudio cardiodeportivo de la ciudad.

Podio: Nicolas Le Mouhaër, del Grupo Alcaraz, fue el ganador masculino con un tiempo oficial de 16′:57”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: José Eugenio García Miralles (con un tiempo oficial de 17′:34” – del C.A. Mandarache Cartagena) y David Ceballos Moltó (con un tiempo oficial de 17′:52” – del del Grupo Alcaraz). En mujeres, la vencedora fue María Moreno Copado, del Grupo Alcaraz, con un tiempo oficial de 20′:49”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente María de Mingo Dávila (con un tiempo oficial de 23′:29” – Independiente) y María Inmaculada Vilches Avilés (con un tiempo oficial de 25′:16” – de Wapaventura).

Muy personal: hacía tiempo, bastante tiempo desde la última vez que me había puesto un dorsal, concretamente desde el 14 de febrero, en la prueba del Medio Maratón de Orihuela. Aquella prueba ya la corrí con molestias y una semana más tarde empezó a evidenciarse la lesión que hasta hoy me ha tenido apartado de mi querido mundo del running. Sin embargo esta crónica no es para hablar de esa lesión (eso lo haré en un post que tengo preparado para las próximas semanas), aunque ayudará a comprender gran parte de los sentimientos y pensamientos que me acompañaron durante la celebración de esta carrera.

Al igual que el año pasado, ponerme el dorsal para participar en una prueba organizada por el colegio donde estudian mis hijas era toda una ilusión, a la que se sumó la compañía de amigos como Pedro Murcia, Mari Carmen Romero, José Alemán y Antonia Gómez, que tampoco quisieron perderse la oportunidad de participar en ella y que por segundo año estuvieron al lado de Virtu y mía. Así como los más pequeños de la casa, que tampoco quisieron perderse la ocasión de colocarse su dorsal y derrochar nervios ante la carrera que disputarían con posterioridad.

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La “familia” Marcando la meta (Foto: Pedro Murcia)

El día regaló una mañana primaveral, con el calor justo y algo de brisa para suavizar la temperatura, de manera que la práctica de la carrera fuera lo más agradable posible. Una carrera con una participación algo mayor que la del año pasado y que considero todo un éxito teniendo en cuenta la amplia oferta de pruebas que había esa misma mañana, junto con el hecho de ser esta una prueba menor, cuya existencia de una única modalidad de carrera (5K) puede ser a priori menos apetecible para gran parte de quienes practicamos este deporte.

Entre los participantes habían algunas caras conocidas, pocas, para ser sincero y entre ellos se encontraba Mario Morquillas, un amigo al que hacía tiempo que no veía y con el que me fundí en un abrazo de cariño, admiración y respeto. Buena gente entre la buena gente y gran deportista entre los grandes deportistas, en resumen, un tío estupendo, cercano, afable y educado en grado máximo.

Los instantes previos a la salida, puntual (como debe ser), se pasaron en un suspiro y como el que no quiere la cosa, como si no fuera conmigo me vi bajo el arco de salida… bueno, realmente no estaba debajo, sino detrás de él, bastante detrás, en la parte del final de cuantos corredores íbamos a participar en la carrera. Carrera que no contó con el tradicional pistoletazo de salida y que en la voz de Antonio Grau tuvo ese inicio de la prueba, instante en el cual todos comenzaron a correr. La carrera comenzaba.

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Instantes previos a la salida (Foto: página Facebook Colegio Santa María de la Paz – Murcia)

Las piernas de la multitud empezaron a moverse, mientras las mías comenzaron a caminar… puse mi MP3 en marcha, calé bien mi inseparable gorra de las carreras y pasé bajo ese arco de salida, ese que siempre parece empujarte para que inicies la carrera lo más rápido que puedas y que en esta ocasión me miró de reojo y extendió sus brazos, como queriéndome decir:

“Adelante, camina”

Fue inevitable, la sensación de ir andando mientras el resto de participantes se iba alejando corriendo poco a poco delante de mí me emocionó. Mis piernas querían correr, pero mi mente no las dejaban, protagonizando una curiosa situación que en tantas ocasiones ha sucedido al revés: unas piernas que apenas pueden moverse y una cabeza que les piden que no dejen de hacerlo. Todo mi cuerpo me pedía correr, deseaba empezar a dar zancadas y sentir la fatiga, la falta de aire entrando en los pulmones y notar el sudor recorriendo mi piel… pero no, esa vez no tocaba correr y por delante me esperaban cinco kilómetros que afrontaba con ganas, con muchas ganas y también mucha calma, sin prisa.

Esa ausencia de prisa me permitió hacer algo que nunca había hecho hasta ahora en una carrera, algo tan sencillo como fijarme en cada corredor con el que me cruzaba e incluso en cada corredor que me doblaba. Desde los más rápidos a los más lentos, los que apenas parecían inmutarse a los que reflejaban en sus rostros el esfuerzo que estaban realizando. Miradas al suelo, al frente, algunas perdidas, otras intercambiadas, saludos, palabras de aliento, de ánimo, sonrisas… todos siguiendo de manera ordenada el camino que los llevaba a cruzar ese otro arco, el arco de meta y que no era sino el mismo de salida, que minutos más tarde se había transformado precisamente en eso, en meta.

Y entre todos ellos, entre todos esos corredores estaba ella, Virtu, quien hacía casi un año debutaba en esto de ponerse un dorsal; fue en esta misma carrera y en esta ocasión corría delante de mí. Su braceo, su forma de correr, su saludo y su generosa sonrisa al cruzarse conmigo fue como una gran medalla invisible que me colgué del cuello, siendo inevitable sentir una enorme satisfacción por ver en ella el ejemplo de lo que podemos ser capaces de llegar a conseguir si tenemos el pleno convencimiento de ello… y mientras, seguía andando.

En esta ocasión no había pulsaciones que controlar, ni ritmo que marcar, simplemente era caminar y el tiempo quedaba lejos de mí a pesar de llevar en mi muñeca el cronómetro indicándome unos minutos que ignoraba de manera involuntaria. Ese tiempo fue pasando y los kilómetros fueron llegando poco a poco, acercándome a esa meta que me esperaba sin nervios, sin prisa, sin sorpresas. Una meta serena, que por primera vez me iba a ver cruzar bajo ella andando, con muchos kilómetros acumulados en mis piernas pero que en esta ocasión irían dando pasos, uno tras otro, hasta llegar a ella.

Así, al llegar, pude ver entre el público a mis amigos Pedro y Mari Carmen, que junto a Virtu y los pequeños esperaban mi llegada. Sí, de nuevo me emocioné, otra vez se volvió a erizar mi piel y Carla, Pablo y Mar me dieron sus manos para cruzar conmigo bajo ese arco que tanto representa. Iba a hacerlo caminando, como había hecho toda la carrera, pero las palabras de Mari Carmen hicieron que no fuera así:

“Vamos, Paco, crúzala corriendo

Y sí, la crucé corriendo, esos últimos metros los hice con poco más de media docena de zancadas que me llevaron a pasar bajo el arco de meta, que se produjo cuando el cronómetro marcaba un tiempo oficial 45’42’’, ocupando el puesto 143º de la general y el 63º de la categoría en la que estaba encuadrado (Local, por pertenecer a la comunidad escolar), de un total de 151 corredores que terminamos la carrera, con un ritmo medio de 8’42’’ min/Km. ¿Acaso importan esos números?, no, tal vez no, pero merecen la importancia que siempre les he concedido, aunque en esta ocasión parezcan quedar en un segundo plano.

Tras la prueba se celebraron las carreras de los más pequeños, donde de nuevo pudimos comprobar todos los presentes la buena salud que presenta este deporte y la gran cantera existente de futuros runners, esos que tal vez el día de mañana sigan atándose las zapatillas para continuar haciendo kilómetros.

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Salida categorías inferiores (Foto: página Facebook Colegio Santa María de la Paz – Murcia)

Y para seguir con la fiesta de esa estupenda jornada dominical, se continuó con la mencionada Jornada de Convivencia, donde nuevamente una paella gigante de arroz dio para dispensar más de 800 raciones, que fueron repartidas entre todos los que nos quedamos para disfrutar de ella como en años anteriores. Y así, compartiendo mesa, conversación y alguna risa que otra en compañía de dos buenos amigos como Manolo Gallego y Mari Ángeles López, dimos por concluida la edición de este año, pensando y aportando ideas para la 3ª carrera que a buen se seguro se celebrará dentro de 12 meses y donde una vez más se evidenciará el espíritu, el sentimiento y el buen ambiente que se respira dentro de la gran familia que forma todo aquel que, de una manera u otra, pertenece al Colegio Santa María de la Paz de Murcia. Por todo ello, no me cabe otra cosa que decir, como ya dijera el año pasado: ENHORABUENA a todos por hacer posible este día.

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Una paella para compartir (Foto: página Facebook Colegio Santa María de la Paz – Murcia)

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Vista panórámica de la convivencia (Foto: página Facebook Colegio Santa María de la Paz – Murcia)

Ahora toca seguir, tan despacio como se movieron mis piernas en esta carrera y pararme pensar en una próxima prueba es algo que no pasa por mi cabeza, ya que simplemente no entra en mis planes. Sólo el tiempo, la paciencia y ese trabajo de día a día podrán poner una fecha en la que de nuevo vuelva a ponerme un dorsal, pero para ello debo seguir con mi período de adaptación y de educación en mi forma de correr. Ganas por correr, por no dejar de correr, no me faltan, mentiría si lo ocultase, pero el tiempo transcurrido me ha ayudado a comprender que en ocasiones debemos parar y mirar a nuestro alrededor, de manera que podamos ver si hay algo que estamos haciendo mal y eso precisamente es lo que ahora estoy intentando: hacer las cosas bien.

Y tú, ¿participaste también en esta modesta carrera o en alguna de las múltiples celebradas este fin de semana?, ¿quieres dejar tus impresiones de ella? Anímate, de esa manera todos conocemos más pruebas. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa de la II Carrera Solidaria Colegio Santa María de la Paz de Murcia)

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