II Pinatar Full Moon Race

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Recorrido de la carrera (Fuente: web de la prueba)

Lugar: San Pedro del Pinatar (Murcia)

Día: 1 de agosto de 2015

Hora: 22,00 horas

Distancia: 8.500 m (distancia no homologada)

Organizada por: Concejalía de Deportes del Ayto. San Pedro del Pinatar y la Federación de Atletismo de la Región de Murcia y puntuable para la Running Challenge de la Región de Murcia.

Recorrido: la carrera tenía instalada su salida y meta en la Dársena Deportiva Marina de las Salinas, del Puerto de San Pedro del Pinatar, iniciando el mismo dirección a San Pedro del Pinatar, por la carretera que transita con las charcas del Parque Natural de las Salinas y los Arenales de San Pedro a un lado y a otro de la marcha, hasta desembocar en la carretera que conducía dirección a la provincia de Alicante, por la que se transitaba durante algo más de 1K, hasta llegar al cruce con la carretera que lleva a El Mojón y de ahí alcanzar la playas naturales de El Mojón y Torre Derribada, que se recorrían en su totalidad, hasta llegar nuevamente a los alrededores del Puerto de San Pedro, volviendo a entrar en la Dársena Deportiva y completar así una distancia que estaba más próxima a los 9K, que a los 8,5K.

Bolsa del corredor: como ya ocurriera en la primera edición, no hubo bolsa del corredor como tal y el obsequio, que se recibía una vez que se efectuaba la recogida del dorsal, era la tradicional camiseta conmemorativa de la carrera, dentro de una pequeña bolsa a modo de petate, que contenía también un folleto publicitario con consejos de fisioterapia.

Organización y atenciones: la prueba, siguiendo en la línea del año pasado, se caracterizó por una buena organización que sin alardes, ni ostentosidades, cuidó y mimó los detalles que debe tener una carrera, si se quiere que la misma deje un buen sabor de boca. La información pormenorizada de todo cuanto rodeaba a la carrera enviada a todos los participantes vía email en días previos a la prueba es una señal de querer hacer las cosas bien.

La prueba, a diferencia del año anterior, cambió la zona de salida y meta, que estuvo ubicada entonces en los alrededores del Centro Deportivo Pinatar Arena, por el anteriormente citado del Puerto de San Pedro del Pinatar y el cambio, sin duda, fue todo un acierto, no sólo por la mejora en la oferta de aparcamiento para todos los asistentes, sino por tener una mayor extensión para el resto de servicios que debe reunir cualquier prueba: zona de recogida de dorsales, aseos portátiles, zona de post carrera (con bebidas y comida), cronometraje real, guardarropa, vestuarios y duchas, zona de masajes y una variada oferta de bares y restaurantes donde poder recuperar fuerzas una vez finalizada la prueba, todo junto a la siempre agradable vista de los barcos que, aparcados en sus pantalanes, presenciaban serenos todo cuanto se desarrollaba a su alrededor.

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Zona de recogida de dorsales (sábado en la mañana)

Es justo aplaudir, por segundo año, la señalización y la colaboración policial en el control del tráfico durante toda la prueba, que pese a discurrir en algunas zonas compartiendo calzada con automóviles volvió a tener perfectamente delimitada la zona de carrera. Como también es de destacar la buena labor del speaker, la potente megafonía y una correcta entrega de premios.

Una vez más se celebraron pruebas para las categorías inferiores, comenzando por los más pequeños, cuyos rostros y expresiones siempre son todo un regalo, hasta la prueba de los más mayores, los juveniles, donde se pudo ver el potencial de las generaciones que vienen por atrás y que a buen seguro van a dejar en mantilla a quienes hoy nos ponemos un dorsal en cada prueba. Felicidades por fomentar este deporte con los más jóvenes y hacer que todo sea una gran fiesta del running.

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Salida de la carrera de los más pequeños

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Pasillo de llegada a meta

Como ya destacara en mi crónica del año pasado, volví a echar en falta un poco de iluminación, sobre todo en el paso de cada punto kilométrico, que pese a estar señalados pasaron desapercibidos muchos de ellos, por estar situados en zonas prácticamente rodeados de oscuridad, y eso siempre es un punto de referencia para quienes corremos. También volví a echar en falta la recomendación por parte de la organización del uso de frontal, tanto para la zona que discurre junto a las salinas, como para la zona de playa, donde a pesar de correr bajo la luz de la luna ésta no permite una visibilidad óptima, cuando de correr se trata, máxime cuando alguna nube caprichosa decide jugar una mala pasada y ocultar al querido satélite tras ella. Es posible que todo esto contribuyera a que en esta edición viera un mayor número de corredores con frontal, respecto al año pasado.

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Puntos kilométricos preparados para ocupar su lugar (aunque algunos no se vieran)

Por último, un pequeño apunte que parece repetirse con demasiada asiduidad en las carreras que se celebran en nuestra región (no en todas), como es el retraso que parece ir unido al pistoletazo de salida. Este hecho siempre incomoda y molesta a todos los corredores que esperamos el momento del inicio de la prueba y que hacemos el calentamiento para comenzar a correr a una hora prevista y que cualquier retraso invalida o merma esa preparación de los músculos, sobre todo cuando nos enfrentamos a carreras de distancias cortas, en las que se suele salir a un ritmo elevado desde el inicio. Confío que esto pase a ser un recuerdo y no sigamos sufriéndolo.

Podio: Alberto González Conesa, sénior del Club Skechers Go Run, fue el ganador masculino con un tiempo real de 31′:07”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Francisco Javier Lázaro Sesa (con un tiempo real de 32′:20” – veterano A del C. Atletismo El Valle) y Francisco Javier Vegara Ferri (con un tiempo real de 32′:17” – júnior Independiente). En mujeres, la vencedora fue Rachael Rozhdestvenskaya, sénior del Sale Harriers Manchester, con un tiempo real de 37′:20”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Mercedes Merino García (con un tiempo real de 38′:47” – veterana C del C.A. Mandarache) y Olga Del Solar Samper (con un tiempo real de 39′:37” – veterana A del Cartagena Trail).

Muy personal: por tercer sábado consecutivo volvía a prepararme para una carrera y esto, pese a poder parecer lo contrario, me animaba aún más. En esta ocasión la prueba me ilusionaba, como ya lo hiciera el año pasado, por las características de la misma y que la hace ser única: la hora de salida tardía, la luna en el firmamento, el entorno por el discurría y además, en esta ocasión, el aliciente de volver a compartir prueba con Virtu, quien por tercera vez se enfrentaba a una carrera.

La carrera empezó para mí la mañana del sábado, con la recogida del dorsal, que realicé para evitar de esa manera la aglomeración que podía encontrarme la misma tarde de la prueba, dado el gran número de participantes inscritos (cercano a los 1300 corredores) y a la celebración de las carreras de los menores, que a buen seguro dificultarían la entrada hasta la zona de aparcamiento.

Ya en la tarde, acompañado por Virtu, Mar y Rocío, llegué al Puerto de San Pedro del Pinatar con 90’ de antelación al inicio de la carrera y nada más llegar pude ver el hervidero de gente que era ya la zona de salida, donde espectadores, corredores, padres y pequeños atletas se mezclaban de manera homogénea. Y todo ello amenizado con una megafonía que nada más bajar del coche se dejaba oír con claridad.

Allí me estaba esperando mi buen amigo y compañero Pepe Caracena, que compartía conversación junto a una nutrida representación de mis queridos Simplemente Runners, que con el buen rollo habitual estaba comandada por la ÉLITE, el núcleo fuerte de este grupo, cuya presencia y carisma los hace ser únicos.

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Con la ÉLITE de los Simplemente Runners

Las pruebas de los pequeños se iban sucediendo, la tarde iba cayendo y mis intentos por iniciar el calentamiento se iba retrasando por la cantidad de amigos con los que me iba encontrando. Amigos como Quique Quiñonero, un compañero en la cercana aventura berlinesa de final de septiembre; Francis Florenciano, un amigo con el que compartí una de las mejores entradas en meta en una carrera (la acontecida la semana anterior en el Cross de Cabo de Palos); Jesús Molina, un atleta con mayúsculas al que hacía casi un año que no veía y con el que volví a sorprenderme por su capacidad deportiva; José Romero Sánchez, todo un ejemplo de fuerza y veteranía; Sito Barroso, siempre cordial, amable, cercano y con el que parece unirme algo más que este deporte; y José Luis Piqueras, siempre optimista y con una sonrisa que refleja a todas luces su pasión por ponerse la zapatillas.

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Con Quique Quiñonero (Berlín nos espera a ambos)

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Con Francis Florenciano y Antonio Giménez (Foto: Francis Florenciano)

Pepe Caracena se ponía nervioso porque la hora se aproximaba y el calentamiento empezaba a retrasarse, por lo que comenzó sin mí. Más saludos, algunas fotos, “mucha suerte”, “nos vemos luego”, risas y por fin llegaron mis buenos amigos Pedro Murcia y Mari Carmen Romero, que volvía a ponerse un dorsal por segunda vez: sí, ya estábamos todos allí. Más saludos y entonces por fin empecé mi calentamiento, que pude hacer junto a Pepe Caracena y Francis Florenciano, con tiempo suficiente para que las piernas se prepararan para lo que estaba a punto de comenzar.

Por delante 8,5K, y la luz de la luna y la arena de la playa como epílogo de la carrera, a los pies de meta. La hora de la salida, a pesar del retraso, llegó y la noche nos abrió sus brazos para cogernos en su seno. La carrera comenzaba, con el imprevisto de diversas caídas de corredores producida por culpa de la banda de cronometraje de salida, que al doblarse dificultó esos primeros metros para bastantes de ellos. A pesar de ello, la noche se movía… corría.

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Instantes previos a la salida (Fuente: web de la prueba)

La primera parte de la carrera, corriendo entre las salinas nos regalaba una vista nocturna de San Pedro del Pinatar a la izquierda, iluminado por las luces artificiales, mientras en el cielo morían los últimos rayos de un sol que tiempo atrás había desaparecido. Silencio y oscuridad, alterados por las pisadas de las cientos de zapatillas en el asfalto y la luz de los frontales de algunos de los corredores, entre los que me incluía yo. Una fuerte brisa acariciando la cara, la humedad de la cercanía del mar en la piel y las piernas moviéndose a un ritmo elevado.

Sobre el punto kilométrico 1K divisé a Francis Florenciano y mi empeño por darle alcance y compartir carrera junto a él, como la semana anterior, me hizo dudar y poner en peligro mi rendimiento para la segunda mitad de la prueba, dado que es un corredor más fuerte que yo y su ritmo era un punto superior al mío. Aún así, decidí “jugármela” e intentar ponerme a su lado. Así, sobre la mitad de carrera, coincidiendo con el paso por el avituallamiento, conseguí ponerme a su lado y volví a disfrutar del placer de compartir kilómetros con un corredor como él. Uno al lado del otro, zancada con zancada, todo un gustazo y un lujo, justo en el momento en el que la luna se mostraba frente a nosotros, delante de nuestras miradas, como si nos estuviera diciendo:

“Venid, os espero a la orilla del mar”

Sin apenas darnos cuenta llegamos a la zona de playa, esa que marcaba los siguientes 2,5K y que nos llevaría casi hasta meta. En esa parte Francis quedó un pelín por detrás de mí y en solitario me adentré en la arena, con algunos corredores a unos metros que me precedían y buscando desde el primer metro la zona de la orilla, donde más firme estaría el piso y donde con toda seguridad podría se podría correr mejor, como ya sabía por la experiencia del año anterior… pero la edición de esta año no tenía nada que ver con la de 2014. Ahí fue donde empezó la carrera de verdad o también podría decirse que fue donde empezó la “otra” carrera.

El oleaje de días anteriores e incluso del mismo día, hizo que la orilla fuera lo menos parecido a una línea más o menos regular. Constantes zonas donde el agua se adentraba en la arena, formando charcos, riachuelos, junto a extensiones de algas bajo cuya superficie se escondían traicioneros hoyos. Elegir la mejor opción donde pisar era algo así como echarlo a suertes y en ese momento agradecí infinitamente mi decisión de haberme llevado el frontal, porque el haz de luz me permitía adelantarme a las múltiples irregularidades del terreno.

Aún así, no puede evitar tropezar bruscamente, durante el intento por salvar un gran charco y casi dar con los huesos en el suelo, haciendo mil malabares y equilibrios por mantener mi verticalidad, lo que me dejó un fuerte dolor en la zona lumbar y pélvica. Tras “comerme” dos charcos invisibles, la intención de salir “seco” quedó desestimada y ya no me importó nada mojarme una y otra vez; así que me dije:

“A mojarse toca, qué puñetas”

La luna me contemplaba desde la izquierda y de reojo le pedí perdón por no dedicarle ni una sola mirada, pero toda mi atención iba puesta sobre la arena, esa que me acogió de manera fortuita tras colar mi pie hasta la altura del gemelo en una zona de algas. Sí, esa segunda vez no hubo siquiera posibilidad por mantener el equilibrio y caí sobre el suelo mojado. Me puse en pie de súbito y continué la marcha, cansado, fatigado, con la vista puesta al frente y pidiendo en mi interior que las luces del fondo, esas que marcaban el final del tramo de playa, llegaran cuanto antes.

Antes de concluir este tramo pude adelantar al corredor que había ido delante de mí durante toda esa travesía y encaré la última parte de la carrera, ya sobre asfalto y con los ecos de la megafonía a lo lejos, sacando todas las fuerzas que me quedaban dentro. Arena en las manos, arena en las piernas, arena en mis pies y la meta en mi mente… tras la recta que conducía al puerto, doble giro a la izquierda, el primero llevaba a la zona de salida y el segundo, que se estrechaba, desembocaba directamente bajo el arco de meta.

El público animaba, casi se echaba encima, y mis piernas corrieron todo cuanto pudieron. En esos últimos metros mi vista buscó a Mar, para sentir su mano y tener la satisfacción de su compañía en esos últimos metros, pero no pude verla y llegué solo. Mi paso por meta se hizo cuando el cronómetro marcaba un tiempo real de 33′:42”, ocupando el puesto 14º de la general y el 3º de mi categoría (veterano B), de un total de 1.107 corredores entrados en meta (casi 300 más que en la edición del año anterior), con un ritmo medio de 3’58’’ min/Km. Contento, muy contento por el resultado, pero sobre todo contento por cómo había superado la dura parte del final de la carrera.

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Con Ginés Soto, Pedro Murcia y Pepe Caracena (tras la carrera)

Tras la devolución del chip, la reposición de líquidos y contrastar opiniones con otros corredores (todos comentábamos lo duro que había resultado correr por la playa, donde pude comprobar que no fui el único que había terminado rodando por el suelo), esperé la llegada de Pedro, para ir juntos en busca de nuestras dos valientes corredoras. Ambos temíamos por ellas, preguntándonos cómo les habría pasado factura ese tramo por la arena y si ambas irían bien. A unos 0,5K de meta nos las cruzamos, juntas, concentradas y sin muestras de haber sufrido en exceso. Sus caras no pudieron disimular su alegría por vernos, aunque creo que la mayor alegría era por verse a un paso de meta. De nuevo lo habían conseguido y esta vez el logro y el esfuerzo había sido mucho mayor.

Pedro y yo nos quedamos al comienzo de la última recta, dejándolas a los pies de esa pequeña gran gloria, de su triunfo. La dos juntaron sus manos y con la otra asieron las de Carla, Pablo y Mar, que nerviosos esperaban la llegada de esas dos mujeres que un día les dieron la vida y que con su ejemplo les enseñan valores que espero les acompañen siempre.

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Rumbo a meta… el esfuerzo se olvida, queda la recompensa

Para terminar la noche, tuve el honor de compartir podio con Pepe Caracena, que con su puesto en la general había conseguido el 1er puesto en la categoría de veterano B, una vez más y las que quedan. Después, aunque tardía, cena en buena compañía y conversación distendida entre cuatro corredores que habíamos conseguido alcanzar nuestra meta particular, porque como siempre digo:

Hay tantas metas como corredores y cada uno marca la suya

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Compartiendo podio con Pepe Caracena, de la mano de mi mayor fan, Mar (Foto: Pepe Caracena)

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Con Pedro Murcia, Mari Carmen Romero y Virtudes Marcos (tras la cena)

La próxima cita está aún por decidir, por delante está este mes agosto y todo un mes lleno de entrenamientos, así que mientras encuentro esa carrera, seguiremos corriendo.

Y tú, ¿participaste también en esta carrera?, si es así ¿qué te pareció? Tal vez participaste en otra prueba diferente a ésta, si quieres puedes compartir tu experiencia, anímate, con tu comentario nos enriquecemos todos. Muchas gracias.

 

(Aquí puedes consultar la clasificación completa de la prueba: II Pinatar Full Moon Race)

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2 comentarios a II Pinatar Full Moon Race

  • Fernando Murcia  dice:

    Una y mil veces enhorabuena, Paco!!

    La verdad es que te había escrito un comentario que me había quedado bastante bien, y a la hora de mandarlo se me ha fastidiado la cosa por no poner el “kaptcha” ese o algo así… como repetirlo me va a ser imposible, te lo intento resumir… jejeje básicamente te decía que increíble tu carrera y tremenda tu crónica, nos haces vivir (o revivir) la carrera “en tu pellejo” algo de tremendo valor para los que la vemos o vivimos desde otra perspectiva diferente (aún con la misma meta).

    La enhorabuena, más grande si cabe, para Virtu, a la cual espero que “el bicho” de correr tenga ya tan infectada que esto sea ya un no parar, y me temo en esta misma carrera me haya ya incluso superado en tiempo, y si no, poco le faltará.

    Por último no quería dejar de decir que tu podio, cada día menos anecdótico, esta vez en una carrera con amplísima participación me lleva a la siguiente reflexión (seguramente no te atrevas a hacerla pública por modestia, pero sabes que esto es así) estos buenísimos resultados en carreras “cortas” los estás teniendo con una preparación específica (y concienzuda) para el cada vez más próximo maratón de Berlín ¿qué conseguirías en estas mismas carreras si estuvieras haciendo una preparación más específica para ellas? un disparate, sin duda.

    Un fuerte abrazo!

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, amigo Fernando! Gracias, infinitas gracias por tu fidelidad a este rincón y por tus palabras, siempre son mucho más que un regalo. Leer que con mi crónica te hago, os hago, revivir cada carrera es mucho más de lo que podría haber esperado el día que decidí hacerlas, por lo que cada día pongo más ilusión en ellas, aunque como bien dices, no dejo sino poner en “mi pellejo” una carrera que todos los que participamos hemos vivido a nuestra manera.

      Muchas gracias, de parte de Virtu, por tu felicitación y aunque el “bicho” del running no le ha picado de manera letal, creo que sí que se dejará ver y nos acompañará en alguna que otra carrera y siempre en pruebas que no sobrepasen los 10K (dice que más como que no… yo no digo “naica”); por cierto, dudo mucho que pueda mejorar tu tiempo y distancia recorrida (aunque eso sea lo menos importante). Y respecto a mi podio, me conoces bastante bien y sabes que no me “bajaré del burro, al decir que es un hecho anecdótico”, pero eso es algo que tanto para ti, como para mí, forma parte ya de nuestras reflexiones; en lo que coincido plenamente contigo es con esa fecha del 27/09, en tierras alemanas, en la que tengo mucha ilusión puesta y donde, como bien dices, estoy llevando a cabo una preparación específica, poniendo en ella todas mis ganas, por lo que tengo ya cruzados los dedos desde hace tiempo y espero que este mes y medio que queda todo salga como espero y pueda llegar en buenas condiciones a esa cita.

      Por último, discupa la demora en dar contestación a tus palabras, pero el “descanso” ha sido el culpable… eso sí, ya estoy de vuelta, nuevamente. Un fuerte abrazo y gracias, una vez más.

      Paco.-

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