III Pinatar Full Moon Race (San Pedro del Pinatar)

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Recta de meta (mañana de sábado)

Lugar: San Pedro del Pinatar (Murcia)

Día: 23 de julio de 2016

Hora: 22,00 horas

Distancia: 7.500 m (distancia no homologada) – Prueba puntuable dentro de la Liga Running Challenge

Organizada por: Concejalía de Deportes del Ayto. San Pedro del Pinatar y la Federación de Atletismo de la Región de Murcia y puntuable para la Running Challenge de la Región de Murcia.

Recorrido: la carrera tenía instalada su salida y meta en la Dársena Deportiva Marina de las Salinas, del Puerto de San Pedro del Pinatar, iniciando el mismo dirección a San Pedro del Pinatar, por la carretera que transita con las charcas del Parque Natural de las Salinas y los Arenales de San Pedro a un lado y a otro de la marcha, hasta desembocar en la carretera que conducía dirección a la provincia de Alicante, donde se giraba a la derecha nada más acceder a ella, dando paso a un camino de tierra donde se encontraba situado al inicio del mismo el tercer punto kilométrico y cuya longitud rondaba una distancia aproximada de algo más de un kilómetro. Tras esa parte de la carrera y con anterioridad a la parte de playa, esperaban varios cientos de metros de pavimento adoquinado, que precedido de una pasarela de madera era el preámbulo de las playas naturales de El Mojón y Torre Derribada, que se recorrían en su totalidad, hasta llegar nuevamente a los alrededores del Puerto de San Pedro, volviendo a entrar en la Dársena Deportiva y completar así una distancia inferior a la de años anteriores y que quedó registrada en unos 7,5K.

Bolsa del corredor: como ya ocurriera en las dos ediciones anteriores, no hubo bolsa del corredor como tal y el obsequio, que se recibía una vez que se efectuaba la recogida del dorsal, era la tradicional camiseta conmemorativa de la carrera, dentro de una pequeña bolsa a modo de petate, junto con una par de pulseras luminosas para usar durante la carrera y que iban contenidas dentro del sobre donde se entregaba el dorsal y chip de la prueba.

Organización y atenciones: la prueba, a pesar de su juventud, se ha consolidado dentro del calendario de carreras populares, no solo por ser una de las pruebas puntuables dentro de la Running Challenge, sino también por caracterizarse por tener una buena organización que sin alardes, ni ostentosidades, cuidó y mimó los detalles que debe tener una carrera, si se quiere que la misma deje un buen sabor de boca, con excepción de algún punto mejorable. La información pormenorizada de todo cuanto rodeaba a la carrera enviada a todos los participantes vía email el día previo a la prueba volvió a ser una señal de continuar haciendo las cosas bien.

Si comparamos el recorrido de la prueba con el del año anterior, este presentó un par de variantes: por un lado, el arco de salida se ubicó en la avenida que accede al Puerto de San Pedro, lo que facilitó que esta fuera más espaciosa y ágil que la de la pasada edición, a costa de reducir en unos 200 m la distancia final; por otro lado, el tramo de tierra situado sobre el punto kilométrico 3K vino a reducir la parte de asfalto que pasaba junto por delante la instalación deportiva Pinatar Arena, dotando a la prueba de una parte mucho más atractiva y reduciendo también la distancia total de la misma en cerca de 1.000 m. Ambos cambios fueron, sin duda, todo un acierto y espero que ambos hayan llegado para quedarse, manteniéndose en las futuras ediciones.

La organización dispuso de una amplia zona de aparcamiento, la cual estuvo parcialmente cerrada al tráfico durante el período de tiempo que coincidió con la celebración de las pruebas de categorías inferiores, para evitar el paso de vehículos que pudieran interferir con estas y habilitando su acceso tanto antes como después al comiendo de la prueba absoluta. Sin duda, en este punto es justo felicitar la labor de la Policía Local que con rigor y celo cuidó que la interferencia entre vehículos y atletas fuera nula durante todo el tiempo que duró la celebración de la prueba.

La oferta organizativa se completaba con una ágil recogida de dorsales, junto a una amplia zona para aseos portátiles y post carrera (con bebidas y fruta), así como un cronometraje general (que no real), guardarropa, vestuarios y duchas, zona de masajes y una variada oferta de bares y restaurantes donde poder recuperar fuerzas una vez finalizada la prueba, todo en un entorno deportivo-festivo, adornado por los múltiples barcos que, atracados en su pantalanes, ponían la nota marítima a la prueba.

De nuevo se volvieron a celebrar pruebas para las categorías inferiores, evidenciando una vez más la extendida costumbre de hacer participar a los más pequeños de la casa y que son el futuro de este deporte que cada día cuenta con un mayor número de adeptos. Lo he dicho y lo diré siempre, es un verdadero encanto ver correr a estos jóvenes atletas y lo que más sorprende es ver las cualidades y las capacidades que algunos ya dejan vislumbrar, para el asombro de muchos y el orgullo de otros.

Este año, a la tercera va la vencida, sí que se pudieron apreciar con claridad todos los puntos kilométricos de la carrera, sobre todo los números 5 y 6 que se encontraban en plena zona de playa y que en ediciones anteriores habían pasado desapercibidos, al carecer de iluminación alguna. De esa manera, se pudo tener conciencia en todo momento a qué altura de la prueba nos encontrábamos y cuánto restaba para la llegada a meta. De igual manera, el uso del frontal también fue generalizado, atendiendo a la obligatoriedad hecha por la organización a través de su reglamento. Dos puntos, que es justo resaltar y destacar.

De igual maneta, también quiero resaltar, pero en esta ocasión de manera menos positiva, las duchas habilitadas para el aseo y la higiene de cuantos participamos, una vez terminada la prueba. Suele decirse que más vale poco que nada pero, modestamente, creo que la organización debería mirar la posibilidad de ofrecer un servicio de duchas y vestuarios a la altura de la prueba, ya que contrasta mucho con el buen nivel organizativo desplegado. Un pequeño lunar del que a buen seguro tomarán nota y solucionarán en la próxima edición.

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Duchas habilitadas

Podio: José Antonio Pérez Saura, sénior del Club L’Alcudia, fue el ganador masculino con un tiempo general de 25′:16”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Antonio Lorente Murcia (con un tiempo general de 25′:58” – sénior del C. Atletismo Crevillente) y Moisés Meroño Escudero (con un tiempo general de 26′:08” – sénior del 30740 Club Deportivo). En mujeres, la vencedora fue Mercedes Merino García, veterana C de Club de Atletismo Fondistas de Alcantarílla, con un tiempo general de 31′:10”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Berta Cánovas García (con un tiempo general de 31′:55” – júnior-promesa del Club Track & Field) y Beatriz Ríos Morata (con un tiempo real de 32′:18” – veterana B Independiente).

Muy personal: tercera edición de una bonita carrera que desde el primer año me llamó la atención, al celebrarse con el aliciente de hacerlo bajo la luz de la luna llena y en un entorno natural como el de las Salinas de San Pedro. Sin duda era un reclamo perfecto para atraer a muchos amantes de este deporte y así sucedió entonces y así ha sucedido en todas sus ediciones, con una participación similar en la primera y en esta última y un pico de mayor afluencia en la que tuvo lugar el año pasado.

De esa manera y con la misma ilusión que en las dos ocasiones anteriores, realicé mi inscripción en esta carrera esperando disfrutar como lo había hecho entonces, con la particularidad de llegar esta vez mermado físicamente y con la única pretensión de encontrarme lo mejor posible de la caprichosa lesión que se ha empeñado en darme más guerra de la que desearía.

Como ya hiciera el año pasado, aproveché la oportunidad que brindaba la organización de realizar la recogida del dorsal por la mañana, para evitar de esa manera la aglomeración que suele producirse en las horas próximas a la celebración de las pruebas, así como también para disfrutar de la compañía de los amigos y conocidos que a buen seguro iba a encontrarme, a los cuales hacía mucho que no veía, debido a mi casi nula presencia en carreras durante los últimos cinco meses.

Una vez más conseguí arrastrar a participar en esta carrera a las familias Murcia, Alemán y Gallego, junto con mi querida Virtu, que por segunda vez se iba a dejar enamorar por una luna que en esta ocasión haría su presencia algo más tarde de lo habitual, según anunciaba la organización a través de su propia página web.

Así, poco después de las ocho y media de la tarde, llegamos hasta la zona donde se levantaba el hinchable arco que daría la salida de la prueba absoluta, justo cuando daban comienzo las carreras de las categorías inferiores… qué manera de correr la de algunos de estos chicos, niños aún, otros. Viéndolos me pregunté cuántos de ellos continuarán con esa afición y totalmente convencido me dije que muchos de ellos lo seguirán haciendo, seguro y es que el running no es solo un deporte de moda, sino que ha llegado para quedarse.

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Arco de salida (una hora antes)

Allí, mientras esperábamos pacientes la hora de salida me vi con el gran Luis Hilario, un amigo y ante todo un enamorado y apasionado del running, todo fuerza y todo piernas (el alma máter de #fuerzaypiernas) y la evidencia más palpable de lo que este deporte representa para tantos y tantos corredores, enamorados de echarle kilómetros a las piernas. Siempre es un gustazo ver a Luis y en esta ocasión lo fue aún más, ya que tuve la satisfacción de entregarle ejemplar de Piel de asfalto, que días atrás me había solicitado.

Otros amigos que no quisieron perderse la cita bajo la luz de la luna y a los que también tuve la oportunidad de saludar y charlar fueron: Fernando José Molina, Raúl Griñán, José Romero, José Antonio Sánchez, Adrián Martínez, Amalio Gómez, Antonio Albaladejo, Francis Dólera, Antonio Giménez, Moisés Martínez, Cristina Romero, Juanje Cartagena, José Ramón Murcia, Paco Liaño y el bueno de Ángel Cánovas, con el que compartí parte de un calentamiento junto con Ginés Soto, Pedro Murcia, Manolo Gallego, José Alemán y el incombustible y genial Pepe Perea, que en esta ocasión iba acompañado de Azucena Pallarés y Patrick Carpena, a los que tuve el gusto de conocer (ojo, sobre todo a Azucena, sus piernas tienen mucho que correr y que decir… al tiempo).

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Con Luis Hilario y José G. Alemán (Foto: Luis Hilario)

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Con Adrián Martínez, José G. Alemán y Manolo Gallego (Foto: Mª Ángeles López)

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Con Pepe Perea y Azucena Pallarés

Y así, entre saludos, conversaciones y alguna que otra foto, la tarde fue dejando su hueco a la noche, que fue cayendo sobre todos los asistentes mientras se acercaba la hora de la salida, camuflando los nervios del momento entre las luces de los cientos de frontales, que desde nuestras cabezas iban a poner luz a los kilómetros que nos esperaban a todos los que nos congregábamos a los pies del arco de salida.

Apenas unos minutos pasadas las diez de la noche se dio el inicio a la prueba y comenzaron las cientos de carreras, tantas como corredores, cuyo recorrido iba a ser igual para todos en distancia, pero no es sensaciones, en emociones, en pensamientos… en definitiva, iba a ser diferente para cada uno de nosotros, como sucede en toda carrera, pero que sin embargo no podemos ver. Y entre todas ellas, la mía, mi carrera, esa que sigue a estas palabras y que contendrá rasgos comunes, rasgos diferentes para todos lo que compartimos ese momento, esos kilómetros.

Deportivamente, tenía claro que intentaría dar todo cuanto me permitiesen mis piernas y mi cuerpo, y emocionalmente, iba totalmente predispuesto a dejarme cautivar, un año más, por ese entorno natural de gran belleza. Mis piernas, no sin molestias, se movían ágilmente, marcando un ritmo en torno a los 4’00’’ el kilómetro, mientras mis ojos se recreaban mirando el horizonte de derecha a izquierda, contemplando la oscuridad del azul intenso casi negro de la noche recién parida hasta el degradado anaranjado tornasolado de un atardecer que había perecido instantes antes. Y sobre las dóciles aguas de las salinas el reflejo de las luces artificiales de San Pedro, poniendo la nota realista a ese efímero instante.

El asfalto, como una pasarela sobre el agua, dejó paso a la parte nueva de la prueba, esa que discurría por un camino de tierra, con firme irregular y que con su pendiente negativa permitía llevar un ritmo algo mayor. Un tramo algo estrecho y que a la luz de los frontales lo hacía aún más divertido, cuya dirección, perpendicular a la costa, nos dejaba casi a los pies de las playas de El Mojón y Torre Derribada, cuya arena esta vez sí estaba perfecta para correr.

Mi ritmo seguía manteniéndose casi inalterable, por encima del esperado y mi respiración, fatigada, cansada, me permitía continuar con la misma cadencia de zancada. El mar, sereno, nos alisaba la superficie a nuestro paso y la noche, huérfana aún de la luz de la luna, se iluminaba a nuestro paso. El kilómetro 4 dio paso al 5 y este al 6, paré el sonido de mi reproductor de música y me recreé escuchando el leve sonido del mar, miré al cielo y me pregunté dónde estaba ella… no, este año no había salido a nuestro encuentro, a mi paso y prometiéndome volver seguí prestando la atención en mis pasos, para seguir jugando con las olas que tan pronto se animaban, como retrocedían, tímidas y coquetas.

La arena dio paso de nuevo al asfalto, el punto kilométrico 7 junto con la proximidad del puerto pedía un último esfuerzo, el final de la prueba se acercaba y mis piernas, contagiadas de la belleza de la prueba, se movían tanto como podían. El arco de salida guiñaba un ojo señalando el doble giro a izquierdas hasta la recta de meta, que abarrotada de público animaba y aplaudía. Mi paso por meta se hizo cuando el cronómetro marcaba un tiempo real de 31′:06”, ocupando el puesto 56º de la general y el 14º de mi categoría (veterano B), de un total de 782 corredores entrados en meta (algo más de 300 menos que en la edición del año anterior), con un ritmo medio de 4’05’’ min/Km. Contento, muy contento por el resultado, pero sobre todo contento por ser consciente de mi actual forma física, alejada, muy alejada de la de hace cinco meses. Satisfacción, alegría… me sentía a gusto con el resultado.

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Entrada en meta (Foto: Javier Martínez)

Ya en la zona de reposición de líquidos e ingesta de fruta me encontré con el broche final a la prueba. Este me lo puso un corredor, un compañero de carrera, de kilómetros, de esfuerzo y sudores… Fabián Martín, un atleta de primera, un amigo al que tuve la oportunidad de conocer en persona (lo que modernamente se ha dado en llamar como desvirtualizar) y que estrechó mi mano para presentarse y solicitarme un ejemplar de Piel de asfalto, que semanas atrás me había pedido a través de las redes sociales. Sin duda, gestos así, detalles así, son los que me dejan sin palabras y me conceden el mayor premio que puedo recibir:

La satisfacción de ver que corredores como yo quieren tener y leer esa “piel”. Gracias.

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Con Fabián Martín (Foto: Fabián Martín)

Pero la carrera no estaba terminada, aún quedaba Virtu por terminar y bajo el arco de salida esperé hasta verla aparecer… con su particular forma de correr y a su ritmo la vi llegar. Sonriente de llegar a una meta que confundió con ese arco junto al que me encontraba y que maldijo por restar un par de cientos de metros más. Me reí, la acompañé unos instantes y la dejé en la recta que esa vez sí, ya la conducía a meta. Fue su segunda carrera bajo la luz de la luna y todo me hace pensar que el año que viene será la tercera vez que vuelva a hacerlo.

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Tras la carrera (Foto: Footer Trotter)

La próxima cita está a la vuelta de la esquina, en realidad a dos días vista. Será en la II Edición de la Carrera Popular San Joaquín y Santa Ana, en la pedanía murcian de Rincón de Seca. Un prueba organizada por mi querido amigo Ginés Soto, que me ha brindado la oportunidad de colaborar con ella con Piel de astalfo y que me motiva aún más por ser la tierra de un corredor enorme, una buen amigo nacido gracias a nuestro amado running y con el que tantas veces he compartidos carreras y kilómetros, codo con codo, paso a paso:

El sábado corremos en tu “casa” querido Alejandro Sánchez.

Y tú, ¿participaste también en esta carrera?, si es así ¿qué te pareció? Tal vez participaste en otra prueba diferente a ésta, si quieres puedes compartir tu experiencia, anímate, con tu comentario nos enriquecemos todos. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa de la prueba: III Pinatar Full Moon Race)

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2 comentarios a III Pinatar Full Moon Race (San Pedro del Pinatar)

  • @Jose_Murcia  dice:

    Como siempre disfrutando con tus crónicas

    Para mi mejorable…la organización y el circuito del 10 pero la Zona Postmeta muy pequeña y agobiante y un poco pobre el avituallamiento para la cantidad de gente que hay inscrita…es mi humilde opinion

    Amigo Una lástima no verte después,a ver si nos vemos pronto y me das un ejemplar de tu libro que no pude ir a la presentación me pillo de vacaciones en Madrid y ya se me ha pasado pedírtelo perdonalmente…nos vemos pronto aunque sea a tomar unas cervezas….un abrazo y un placer topar con gente buena como tú

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, José! Muchas gracias por tu comentario y por asomarte por este rincón, que también es el tuyo. Estás completamente en lo cierto respecto a tu apreciación de la zona post-carrera; el año pasado era mucho más apropiada, gracias a un espacio que la triplicaba. Sin duda mi paso por esta zona fue casi fugaz nada más terminar y no caí en la cuenta de la aglomeración que debió producirse en el momento de entrada en meta del grueso de los corredores. Espero que la organización tome nota de este hecho y el año que viene vuelva a la ubicación de la segunda edición.

      Respecto a mi libro tienes uno reservado para cuando puedas, será un placer vernos y charlar un rato juntos (el sábado nos vimos apenas un minuto). Gracias, de nuevo, por tu aportación a esta crónica y un fuerte abrazo.

      Paco.-

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