Importantes para sus ojos… ¡CLICK!

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No, la mayoría, la inmensa mayoría, no somos importantes, no salimos en las portadas de revistas o periódicos, no hemos sido ni seremos jamás los protagonistas de titular alguno. No, nuestros logros no son tan importantes como para recibir ese reconocimiento, pero aun así seguimos ahí cada día, porque nuestro triunfo no está en la victoria, sino en nuestra victoria, esa que verdaderamente nos hace importantes.

Somos nosotros, los amantes de correr, esos que cada día nos ponemos las zapatillas con la única pretensión de entregarnos un poquito más ese deporte, ya sea para mantenernos en forma o para mejorar la que ya tenemos. Salimos y nos juntamos con otros corredores, algunos, en solitario nos perdemos por calles o caminos, otros, y todos de una u otra manera nos confundimos entre la gente. No, no somos importantes, claro que no, solo somos aficionados, chalados a los que eso de fatigarse y sudar nos gusta porque sí, sin más, porque sí.

Unos escuchamos música mientras lo hacemos, otros disfrutamos del placer de escuchar nuestros pasos, también estamos los que somos incapaces de oír nada pese a correr por en medio de una ciudad abarrotada de gente y por supuesto no podemos faltar esos que desearíamos no hacer ruido para evitar romper del silencio de aquellos parajes o espacios naturales por los que transitamos.

Simples transeúntes, somos simples peatones corriendo de un lado hacia otro, que pese a lo que pueda parecer lo hacemos huérfanos de prisa, sin urgencia por llegar a ese lado al que nos dirigimos y al que tantas veces llegamos sin importar por dónde lo hayamos hecho. Simplemente corremos y nuestros kilómetros nos hacen importantesimportantes a nuestros ojos y a ningunos más o ¿es que quizá es necesario que lo sean para otros ojos? No, la verdad es que no, no precisamos ser importantes a los ojos de nadie y ay del que así lo crea, porque en su anhelo estará el precio que debe pagar por ello.

Tan sencillo como correr, hacerlo casi a diario y recibir como única recompensa nuestra propia satisfacción. Nuestro día a día se combina con obligaciones, responsabilidades, quehaceres más o menos importantes, más o menos imprescindibles e intentamos que el día se despiste durante un instante para robarle parte de su tiempo, ponernos unas zapatillas y echar a correr. Es nuestro momento, ese en el que con una mayor o menor dedicación y preparación nos entregamos a un deporte que en silencio y sin apenas darnos cuenta nos ata a él, haciendo que si una posible separación se produjese fuera lo más parecido a una ruptura entre dos enamorados.

Dos enamorados que algunos fines de semana nos dejamos ver juntos, unidos por un dorsal y acompañados de cientos, de miles de otros enamorados que como nosotros pasean su amor a los ojos de la gente. Sí, lo sé, es la materialización más cursi y empalagosa del running, llevada a su versión más casposa o friki, si me permitís utilizar esas expresiones. Pero hay algo cierto en todo eso, y es que si hay un momento en el que nuestra silenciosa labor deportivo runnera de cada día se echa a la calle es durante la celebración de las múltiples pruebas que se organizan los sábados y domingos.

Pruebas de mayor o menor distancia, con distinto grado de dificultad o dureza, en las que lo verdaderamente importante es la cantidad de corredores que nos tiramos a la calle y compartimos esa misma pasión. Es entonces cuando todos, más o menos anónimos, más o menos conocidos, nos volvemos importantes ante otros ojos, esos que nos ven pasar, como cazadores al acecho que nos captan con su mirada. Sin hacer ruido, sin dejarse notar, nos atrapan sin darnos cuenta y nos inmortalizan para siempre en un instante efímero que por arte de magia convierten en eterno.

Antaño era un simple click, que hoy ha evolucionado hasta convertirse en una leve caricia sobre una pantalla digital, y con el que son capaces de capturar decenas de imágenes en apenas un segundo. Son algo más que ojos observando cuanto sucede a su alrededor, algo más que meros espectadores que nos ven desfilar delante de ellos. Son entregados amantes del arte de la imagen, pintores de fotogramas congelados tras un vertiginoso pestañeo mecánico, únicos como nadie en mirar más allá del momento, más allá de sus ojos. Sí son ellos, no pueden ser otros: los fotógrafos.

Generosos y apasionados, profesionales o aficionados, todos ellos ponen su arte al servicio de cuantos nos mostramos ante sus ojos, todos cuantos desfilamos delante de ellos, mientras hacemos exactamente lo mismo que repetimos casi a diario: correr. Gracias a ellos coleccionamos instantes como trofeos y guardamos momentos donde compartimos la pasión que nos une. En un primer plano, ya sea solos o en grupo, en distendida conversación, en el instante de la salida, en pleno esfuerzo durante la carrera, llegando a meta o reponiendo fuerzas concluida la prueba.

Es entonces cuando, sin saberlo, nos volvemos importantes y horas o días más tarde aparecemos en nuestro muro, o en los muros de amigos y conocidos, con nuestras caras de felicidad o de sufrimiento, bajo la que se esconden la satisfacción que sentimos al correr, solamente por correr. Es la materialización en una imagen del sentimiento que rodea a este deporte y que inunda cada fin de semana unas redes sociales que se convierten en pasarela de kilómetros y kilómetros congelados por los ojos de unos magos del momento.

A lo largo de mis quince años como corredor, como runner (si lo adaptamos a los tiempos, aunque me considero un simple corredor), son muchos los kilómetros que han hecho mis piernas, muchas las carreras que he disputado, algún que otro trofeo el que he conseguido y sobre todo un buen puñado de instantáneas las que colecciono de todo ese tiempo gracias a esos ojos que en algún momento me hicieron importante, importante en esa décima de segundo y para siempre.

Gracias, gracias a todos esos fotógrafos cuyo trabajo, cuyo gran trabajo guardo celosamente como el de mejor los trofeos, no en vano recogen el paso del tiempo, de un tiempo pasado de valor incalculable y la evidencia de mi paso por este deportivo mundo. Gracias, gracias a todos ellos y gracias en especial a aquellos que por su trayectoria y dedicación más veces nos han hecho y nos hacen ser importantes y nos dejan inmortalizados en su retina, en nuestra retina. Gracias a:

Javier Martínez, J. Pablo Tudela, Fina García, Dioni García y todo su equipo de la sección de deportes del Diario La Opinión de Murcia y a todos los que cada fin de semana, con su cámara en mano, se vuelcan con quienes nos ponemos unas zapatillas y corremos, simplemente corremos.

Vosotros sí sois importantes, GRACIAS.

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Gracias

¿Cuántas veces hemos enseñado fotos de pruebas en las que hemos participado?, ¿cuántas veces hemos puesto nuestra mejor sonrisa, luciendo orgullosos nuestro palmito runnero, para quedar retratados?, ¿cuántos amigos aparecen a nuestro lado gracias a esas fotos? Todas ellas se deben a ellos, a esos fotógrafos insaciables e incansables en cuya mirada están las nuestras. Seguro que en tu mente está el nombre de alguno de esos generosos fotógrafos, anímate y dilo a los cuatro vientos, y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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