Por instinto animal, así de simple… ¡corre!

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Somos animales y nos concedemos el título de llamarnos racionales, aunque en ocasiones salga nuestro instinto más animal, ese que por mucho que queramos llevamos dentro. Muchos son los componentes que esconde nuestro instinto más natural, que no atiende al raciocinio y que brota hasta nuestra superficie dejando a la luz las debilidades o las fortalezas de lo que somos, unos simples animales más a los que la evolución agració con un desarrollo superior, a priori, dotándonos del don único de la razón.

Claro que todo en nuestra curiosa especie, la de los humanos, no es razón y hay mucha, pero que mucha sinrazón y otras variopintas cualidades que nos fueron concedidas de serie y tienen una curiosa y difícil explicación, a tenor del comportamiento y las actitudes que tenemos y vemos en nuestros semejantes día a día, muchas de la cuales se sitúan a años luz de aquello llamado razón, y por supuesto en las antípodas de algo tan sencillo y previsible como el instinto animal.

Debates de comportamientos a un lado y sin entrar en algunas de las vergonzosas actitudes que vemos en nuestra sociedad, prefiero dar un golpe de timón a este figurado barco que navega entre palabras para dirigirlo por aguas menos bravas, donde el deporte de correr es el faro que lo gobierna. Así, hace un par de días, en mi página de Facebook en la que comparto el mismo nombre de este blog, dejé la siguiente frase:

Sí, me gusta CORRER, soy así de simple… simplemente eso, CORRER.

Esa sentencia la dejé escita la madrugada del lunes al martes, justo antes de cerrar los ojos para irme a dormir. A la mañana siguiente me encontré con el comentario de una buena amiga y excelente corredora, Mar Gómez Nicolás. La campeona de Mar me dejó escrita, entre cuatro signos de interrogación, la siguiente palabra:

Simple.

Una pregunta directa y concreta, con la que mostraba, sin decir ni una palabra más, su discrepancia hacia mi afirmación escrita la noche anterior. Dejaba bien claro que para ella, tener ese gusto, el de correr, no es nada simple ni mucho menos. Agradecido por su comentario le respondí a su duda con la siguiente frase:

Sencillo, primitivo… un instinto animal.

No intercambiamos más palabras, pero en mi cabeza quedó dando vueltas, durante todo el día, ese breve diálogo…

Sí, correr es simple, es un deporte muy simple, como también lo es nadar. Dos deportes donde no necesitas de nada, ni de nadie más, salvo a ti mismo y encontrarte en un medio adecuado donde puedas practicarlo. No precisas de complemento o medios auxiliares, de reglas o normas, ni compañeros o rivales, tan solo de ti, de tu cuerpo y de tu mente, y de una voluntad, la que te empuje a querer hacerlo.

Y es dentro de esa simpleza, en la que me quedo con él, con correr, porque a pesar de habitar en un planeta donde sus tres cuartas partes es agua, somos animales terrestres, no marinos y es precisamente ahí, en la tierra, donde nos encontramos como peces en el agua, desplazándonos de un lado para otro erguidos sobre dos extremidades, gracias a que hace muchos siglos la evolución, aquella misma que nos regaló la razón, nos ayudó a ponernos de pie. Desde entonces hemos llegado a cualquier rincón de esta gigantesca esfera habitable, conquistando y poblando todo palmo de tierra a nuestro antojo y conveniencia, sin límites, ni fronteras, salvo aquellas que nosotros mismos nos hemos impuesto, unos a otros.

Límites, fronteras, reglas, normas, intereses, deseos, comportamientos, todo está controlado o pretende estarlo, somos diminutas piezas dentro de un engranaje cuasi perfecto que habita en un universo entrópico, abocado a un final gobernado por el desorden más absoluto. Pero ese final no será algo que veamos ninguno de quienes estamos aquí, en este preciso instante y quién sabe si en un futuro infinito estas palabras caerán en las manos o ante los ojos de un ser mucho más desarrollado que nosotros, capaz de entender nuestro presente de manera muy distinta a como hoy lo percibimos.

Mientras tanto, hasta que esa imaginaria realidad suceda y sin importarme un pimiento ese futuro, decidme, dadme respuesta a estar preguntas:

¿Qué hace un niño en cuanto apenas aprende a andar?, ¿qué hacíamos, en nuestros días de colegio, cuando sonaba el sonido que daba comienzo al recreo?, ¿cuál era nuestro impulso el primer día de playa, nada más quitarnos la camiseta y quedarnos únicamente con el bañador?, ¿qué es lo primero que pasa por tu cabeza cuando acabas de lograr algo que llevabas tiempo esperando?…

Todas ellas tienen la misma respuesta: correr. Porque correr es un impulso que representa y responde a un sentimiento de júbilo, de alegría, una manifestación corporal de nuestra mente, que da rienda suelta a la energía que almacena.

Más allá de esa respuesta animal, cuando corres te fundes con lo que te rodea, te zambulles en la naturaleza y el entorno se apodera de ti. Pasas a ser un animal más de cuantos amanecen bajo el cielo que nos cubre y haces lo mismo que muchos de ellos, correr, simplemente eso, correr. Ellos corren para alimentarse, para protegerse o para aparearse y nosotros aprendimos que además de esos motivos, existen otros muchos que han convertido ese primitivo instinto animal, en algo más.

Por ello, disfrutamos corriendo, porque nos ayuda a encontrarnos, a perdernos, a dar respuestas, a hacernos preguntas, a escapar o regresar, convirtiendo esas racionales necesidades en una parte más de nuestra sesuda existencia, aunque en ocasiones tan solo queramos ser un simple animal que corre, presa del pánico o detrás de un sueño con el que alimentarse.

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Instinto… animal. ¿Corremos?

Tan solo soy un corredor, un simple corredor, con un instinto animal nacido de una necesidad, la de correr, sin más. Y tú, ¿también te consideras un corredor por instinto animal o son otros los motivos que te mueven? Deja tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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