IV 10K Internacional Villa de Santa Pola

Lugar: Santa Pola (Alicante)

Día: 4 de junio de 2016

Hora: 21,00 horas

Distancia: 10.000 m

Organizada por: Club de Atletismo Santa Pola

Recorrido: circuito completamente cerrado al tráfico e idéntico al de ediciones pasadas, formado por una sola vuelta, con salida frente al puerto, en la Avda. Fernando Pérez Ojeda y sentido de carrera hacia Playa Lisa, por la Avda. Albacete, Calle Yecla y Calle Cristóbal Sanz, con vuelta en sentido al centro urbano por la Avda. Vicente Blasco Ibáñez, Avda. Granada, paseo y puerto pesquero, con vuelta y sentido de carrera Playa del Este, por la Calle González Vicen y Avda. Santiago Bernabeu, hasta llegar a la Avda. Catalanet, donde se cambiaba el sentido de la marcha, rumbo al Castillo, por la misma Avda. Santiago Bernabeau, Calle Almirante Antequera y Calle Sacramento, subiendo por la Calle Muelle hasta alcanzar la meta, situada justo delante de la Puerta Principal del Castillo.

Bolsa del corredor: como en los tres años anteriores, no puede hablarse de una bolsa, como tal, puesto que los obsequios recibidos fueron la habitual camiseta técnica conmemorativa, que se recogía en el momento de la retirada del dorsal y la tradicional y clásica toalla que nunca falta en una prueba que se celebra en esta tierra, que se recibía una vez terminada la carrera y que una vez más vino genial para secar el sudor tras el esfuerzo de la carrera. Además, este año, al celebrarse la prueba tres semanas antes de lo que venía siendo habitual, se dejó sentir el fresco de la noche, haciendo que los cuerpos bajaran con mayor rapidez de lo normal su temperatura, por lo que la prenda recibida fue ideal para combatir la sensación de frío repentina.

Por segundo año consecutivo, volvió a repetirse el diseño de la camiseta entregada, no así su color. De esta manera, de las cuatro ediciones celebradas, se han repetido dos modelos, uno para las dos primeras ediciones y el actual para el año pasado y el presente. Como ya dijera en mi crónica de la III edición, creo que debían haber mantenido el diseño de los dos primeros años y me pregunto si la organización va a seguir manteniendo el diseño actual para futuras ediciones o volverán a cambiar el mismo, ya sea al inicial o a otro nuevo.

Organización y atenciones: referirme a este apartado, cuando estamos hablando de una prueba que tiene detrás al Club de Atletismo de Santa Pola, resulta casi innecesario, puesto que la calidad y el buen trabajo que siempre caracteriza a esta organización quedaron palpables, una vez más.

A pesar de esa garantía de éxito, el año pasado, por circunstancias ajenas a la organización, tuvieron un lunar que empañó su labor, al producirse una falta de agua en el avituallamiento dispuesto a mitad del recorrido de la prueba; como respuesta a aquello, esta vez han sabido estar a la altura que se esperaba, no sólo garantizando la entrega de agua, sino habilitando un segundo punto de avituallamiento y además cumpliendo su promesa de conceder la inscripción gratuita a todos aquellos corredores que, viéndose afectados en la pasada edición por esa falta de agua, pusieron la reclamación correspondiente. Sin duda, un ejemplo de seriedad y rigor.

Hecha esa reseña, estoy seguro que todos los corredores que participamos y cuando digo todos, son todos (dudo que nadie opine de manera distinta), coincidirán conmigo en alabar lo importante que resulta unir experiencia y ganas por hacer las cosas bien, cuando de organizar una prueba se trata. El despliegue de voluntarios, derrochando amabilidad y simpatía, con una franja de edad que siempre me sorprende, no por desconocida, pero sí por ser capaz de aunar un mismo sentimiento desde los más jóvenes a los más mayores y que no es otro que el de agradar y cumplir su cometido para que todo, todo, salga a la perfección.

Dicho esto y aunque resulte más que evidente, no quiero dejar en el tintero todos los servicios desplegados para la prueba y que son un reflejo más que evidente de los que se “cuece” en una prueba celebrada en Santa Pola: distancia convenientemente homologada por la Real Federación Española de Atletismo, perfecta señalización de las áreas destinadas a aparcamiento, el mejor servicio de cronometraje, todos los puntos kilométricos perfectamente señalizados e indicados, efectivos cajones de salida por tiempos, megafonía y seguimiento de carrera a través de videomarcador extraordinarios, animación en diferentes puntos que siempre son un empujón de ánimo y por supuesto, que no faltasen los habituales servicios de duchas, guardarropa y avituallamiento de fruta y bebida postcarrera. Y además de volvió a contar con un acuerdo con diferentes restaurantes en los que se podía reponer energías, tras la carrera, con un descuento por haber participado en la prueba, así como tener la suerte de recibir algunos de los obsequios que se dieron al azar entre los corredores que fuimos entrando en meta.

Ante todo ese despliegue solo puede decirse: FELICIDADES y ENHORABUENA, una vez más.

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Representación de parte del amplio voluntariado (Foto: web Facebook 10K Villa de Santa Pola)

Podio: Antonio Cantos Gómez, sénior, fue el ganador masculino con un tiempo real de 30′:50”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Alberto Conesa (con un tiempo real de 31′:50” – sénior) y José Carlos Caparrós García (con un tiempo real de 32′:31” – veterano A). En mujeres, la vencedora fue Marta Silvestre Soriano, sénior, con un tiempo real de 35′:08”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Lucía Morales García (con un tiempo real de 35′:21” – veterana A) y Sandra Karina Córdoba Otero (con un tiempo real de 36′:04” – sénior).

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Podio masculino de la prueba (Foto: El Digital de Albacete)

Muy personal: cuarta edición de esta bonita prueba y cuarta participación en ella, lo que evidencia mi debilidad por esta hermosa villa marinera, en general y por esta prueba, en particular. A pesar de encontrarme a años luz de mi mejor forma física y de seguir arrastrando molestias en mi pierna izquierda, que me están impidiendo llevar una recuperación lineal y adecuada, no quería perderme esta carrera y como sucediera el año pasado “embarqué” a varias parejas de amigos para que participaran en ella, por lo que de alguna manera me resultaba una tarea casi imposible lo de verlos a todos ellos de corto y yo animando desde la barrera.

Las dudas sobre si tomaría o no la salida se mantuvieron incluso tras haber llegado a Santa Pola, pero si hay algo que cuesta y mucho es resistirse al ambiente que rodea a las carreras en esa tierra, por lo que con más corazón que cabeza decidí que haría esos 10K como mejor pudiera, siendo consciente que tampoco estaba arriesgando en exceso y no podría tener grandes consecuencias, pero sí que tal vez no pudiera disfrutar todo cuanto debiera de la prueba, si iba a ir durante todo el recorrido con molestias.

Además, a pesar de ser consciente de no poder rendir como me gusta hacerlo, se unía el hecho de ser mi primera carrera en la que correría con mi nueva zancada, por lo que el cansancio y el rendimiento y mi ritmo eran incógnitas cuya respuesta me desconcertaban. En cualquier caso, estaba rodeado de mi Virtu (volvía a Santa Pola, tras su debut en esta distancia el año pasado) y de mis amigos Pedro Murcia y Mari Carmen Romero, José G. Alemán y Antonia Gómez, y Manolo Gallego y Mari Ángeles López, por lo que solo había una cosa que debía hacer y esa cosa era ponerme el dorsal y correr.

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Entre amigos y cómo no “Marcando la meta” (Foto: Pedro Murcia)

Lejos, tanto como casi cuatro meses, era el tiempo transcurrido desde mi participación en el Medio Maratón de Orihuela, allá por el mes de febrero, justo cuando empezaba a tener síntomas de una lesión que a día de hoy aún no ha terminado de desaparecer. Lejos, tanto como el tiempo que era capaz de estar corriendo de manera continuada y que hoy se ha reducido casi a un tercio. Lejos, tanto como los kilómetros que podían acumular mis piernas no solo en una sesión, sino semana tras semana y que actualmente siguen siendo muy reducidos. Lejos, tanto como el ritmo que mantenían mis piernas y mi cuerpo, recuerdo de una forma física bastante lejana. En resumen, me encontraba y me encuentro lejos, muy lejos de donde estaba, pero aún así me puse ese dorsal, seguí todo mi ritual previo a una carrera y como si nada de eso hubiese cambiado me preparé para tomar la salida.

Los nervios, sin ser los de otras ocasiones, me visitaron, volvía a sentir esa sensación que te cosquillea en el interior los instantes antes de escuchar el habitual pistoletazo que marca el inicio de una prueba. Me sentía extraño, algo desubicado, por no sentirme físicamente al cien por cien y saber que no podría correr tal y como me gusta hacerlo, pero echaba de menos, echaba mucho de menos no sentirme como uno más de los cientos, miles, de corredores que comparten la misma ilusión esos momentos que preceden a una carrera. A mi lado Pedro y Manolo, algo más atrás José y perdidas bastante detrás nuestras tres mujeres. Miré al cielo, me lamenté de no poder sentirme físicamente como me hubiera gustado, pero agradecí que, después de todo el tiempo transcurrido y de todo cuando llevo trabajado, pudiera estar ahí, para no perderme esa cuarta edición que Santa Pola había preparado para todos los que en unos segundos íbamos a comenzar a correr.

Sonó la detonación que supuso el inicio de la prueba, mi piel se erizó y mis piernas se comenzaron a mover, como las de los más de dos mil atletas que nos habíamos dado cita allí. Un torbellino de sensaciones me asaltó y entre aplausos y gritos de ánimo del numeroso público, comencé a centrarme en mi carrera. Las molestias, si bien estaban presentes, no me limitaban y contagiado por la emoción de los primeros metros imprimí un ritmo por encima del imaginado y del que con toda seguridad iba a ser imposible de mantener. El deseo ganaba la partida a la razón y mi zancada era ágil, aunque mi respiración fuera apurada y mis pulsaciones elevadas, demasiado elevadas.

La falta de práctica de los últimos meses me mantenía permanentemente pendiente de mi zancada, intentando llevarla de manera correcta, como intentando que todo fuese controlado, por lo que el ambiente, el magnífico ambiente, casi pasaba desapercibido para mí. Solo importaban mis sensaciones, mis molestias y junto a eso un incontrolable deseo de correr con todas mis fuerzas, como si quisiera llegar a donde sabía que sería incapaz de llegar. A pesar de todo me sorprendí de ver el ritmo que estaba manteniendo y al llegar al ecuador de la prueba fui consciente que acusaría el sobreesfuerzo que estaba realizando.

Dicho y hecho, la segunda parte de la prueba se hizo dura, esos 5K parecieron más largos y mientras los corría pude comprobar con agrado que aún conservo esa capacidad de sufrimiento y si bien estoy lejos, como he dicho antes, las ganas y esa hambre por superarme siguen estando ahí, intactas. Así, como tantas veces he dicho, apreté los dientes cuanto pude e intenté que los dos últimos kilómetros no me ganasen la batalla. Cada corredor que me pasaba era una pequeña punzada en mi orgullo y un acicate para seguir dando todo de mí, como siempre que llevo un dorsal colgado de mi cintura y siendo consciente de hasta dónde podía llegar.

La carrera transcurrió de manera vertiginosa, mucho más rápida de lo que yo iba, debido sin duda a esas ganas y por todo cuanto revoloteaba en mi cabeza. Las inmediaciones del Castillo repletas de gente y los últimos metros, con la tradicional alfombra azul y granate a lo largo de la recta que conducía hasta la línea de llegada, fueron el empujón que necesitaba para cruzar bajo el arco de meta. Ese momento se produjo cuando mi cronómetro marcaba un tiempo real de 41′:29” ocupando el puesto 254º de la general y el 47º de mi categoría (Veterano B), de un total de 1.924 corredores que terminamos la carrera, con un ritmo medio de 4’10’’ min/Km. Un resultado muy alejado del logrado el año pasado, pero cuyo valor fue tan bueno o más que el conseguido entonces, por todo cuanto representa y sobre todo por abrirme la puerta a la esperanza por intentar llegar a donde estaba, siendo objetivo de cuanto tengo que trabajar y cuanto tiempo debe pasar.

Tras la llegada y la necesaria y protocolaria reposición de líquidos, con bebidas isotónicas y fruta, abandoné el recinto donde íbamos llegando los corredores entrados en meta y me fui al punto de encuentro acordado para volver a juntarnos todos los amigos. Allí nos vimos, con nuestras carreras terminadas y esa distancia de 10K completada. Cada uno con un tiempo diferente parado en su cronómetro, con unas sensaciones distintas y con ritmos que tal vez nada tuvieran que ver unos con otros, pero todos con una misma sensación, una misma satisfacción, esa que da el cruzar siempre una meta cuando corres sabiendo que al final te espera ella.

Y como broche a tan deportiva jornada nos fuimos todos a cenar a la salud de la carrera disputada; una carrera que para Mari Carmen supuso su primer 10K, para Virtu el segundo y para Antonia simplemente uno más que añadir a su currículum. Fue entonces, charlando y cenando, cuando me di cuenta una vez más de cuánto une este bendito deporte… por muchas carreras más y por muchas cenas más.

La siguiente carrera… más de una carrera está en mi mente, pero si hay algo que está por encima de cualquier prueba es acabar por completo con las molestias que aún arrastro. Quiero seguir corriendo, seguir disfrutando, pero quiero volver a tener esa sensación de “limpieza” en mis piernas y mi cuerpo, y que cualquier atisbo de lesión sea un simple recuerdo.

Y tú, ¿has participado en alguna carrera este fin de semana?, ¿has estado alguna vez en alguna de las pruebas que se celebran en Santa Pola, conoces esta acogedora villa?, anímate a compartir tu experiencia. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa de la prueba: IV 10K Villa de Santa Pola)

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