IV Cross de Fuente Librilla – Mula (Murcia)

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Pancarta de bienvenida (Foto: web de la prueba)

Lugar: Fuente Librilla – Mula (Murcia)

Día: 3 de septiembre de 2017

Hora: 9,30 horas

Distancia: 11,5K (distancia no homologada) – Prueba puntuable dentro de la Liga Running Challenge

Organizada por: la Plataforma por el Medio Ambiente de Fuente Librilla, en colaboración con la Concejalía de Deportes de Mula y la Federación de Atletismo de la Región de Murcia.

Recorrido: tanto la salida como la meta se encontraban ubicadas en idéntico punto, concretamente en la Calle Las Escuelas, a la altura del Jardín de Fuente Librilla, donde está situado el Centro Social de esta localidad. La carrera discurría mayoritariamente por tierra, con excepción de los tramos de salida y llegada y algún tramo intermedio de asfalto, que rompía con la monotonía de los caminos rurales. Un recorrido que presentaba una pendiente negativa en su primer kilómetro, para cambiar su inclinación hasta el sexto kilómetro aproximadamente, sin faltar algún tramo de alivio entre tanto. De ahí hasta el final se daba la situación inversa, esto es, pendiente negativa de forma mayoritaria, sin faltar alguna que otra cuesta, siempre alternando algún tramo de asfalto con la tierra, que predominaba en casi todo el recorrido, con excepción lógica de la parte de inicio y finalización, que estaba dentro del núcleo urbano.

Organización y atenciones: existen pocas pruebas que reciban el aplauso y el reconocimiento unánime de todos cuantos participan en ella y Fuente Librilla es una de esas pocas pruebas que se lo ha ganado a pulso, sin duda, pese a llevar celebradas tan solo cuatro ediciones. Quienes somos corredores habituales sabemos perfectamente qué nos gusta que tenga una prueba y en Fuente Librilla se da todo eso y más… más porque allí todo es más y mejor que en ninguna otra carrera que se pueda encontrar por nuestra Región y provincias limítrofes, y no exagero en esa afirmación, aunque así pueda parecerlo.

No pretendo hacer de esta crónica una continua alabanza, ni una oda empalagosa de piropos y bonitas palabras, entre otras cosas porque Fuente Librilla no lo necesita y no lo necesita porque se ha convertido en una carrera donde los corredores no solo vamos a ella a correr, sino a también a encontrarnos con tantos conocidos y amigos, por lo que se ha convertido en un punto de encuentro, en un punto de referencia del atletismo popular de la zona.

En Fuente Librilla la señalización es perfecta y está cuidada al máximo. En ella todo está indicado, todo: aparcamiento, zona de recogida de dorsales, duchas y vestuarios, aseos, guardarropa y consigna, puntos kilométricos, servicio de fisioterapia e incluso los avituallamientos (indicados antes, durante y después de los mismos, para poder prepararte con antelación suficiente a ellos y saber cuándo apurar el botellín de agua, para evitar que quede tirado en medio del campo), sin olvidarnos de la impecable cobertura policial y médica. El número de voluntarios no solo es numeroso, sino que el mismo parece estar entrenado a conciencia para ofrecer su mejor sonrisa y ser lo más eficientes posibles, sin embargo nada de eso es fruto de una dura preparación, es algo natural, que nace de todos y cada uno de ellos… es un sentimiento, una seña de identidad de un pueblo entero.

Si miramos más allá de todo esto podremos encontrarnos con un servicio de cronometraje con chip desechable sobre el propio dorsal, con frases motivadoras diseminadas en medio del recorrido, con fotografías de la carrera de ediciones anteriores colgadas de las fachas de las viviendas en bajo, con esponjas de agua junto a los botellines de cada avituallamiento, con un post carrera tan variado como generoso, a base de agua, refrescos, cerveza, bocadillos, frutos secos, fruta, barritas de cereales y batidos, y con un speaker de los que sin duda te harán vivir la prueba como en ningún otro lugar, derrochando pasión, entrega y una dotes innatas para dirigirse y meterse a los asistentes en el bolsillo:

¡Amigo Julio Navarro, lo tuyo es soberbio!

Además de todo esto, ¿se puede encontrar algo más?: Sí, claro que sí, ya que Fuente Librilla cuenta también con una entrega de trofeos generosa, como no podía ser menos, en la que junto a los premios a los ganadores se regalan diversos obsequios sorteados entre todos los participantes gracias a las donaciones de los diferentes patrocinadores y colaboradores y todo, todo esto, teniendo como punto de partida y de referencia una página web donde se puede encontrar de manera pormenorizada toda la información de la prueba, dejando de manera diaria de las novedades de todo lo relativo a la carrera.

¿Y quién o quiénes son los culpables de todo esto?, ¿quiénes son los responsable de todo esto?, os preguntaréis con acierto. Fuente Librilla hace posible todo esto, todas las gentes de Fuente Librilla son culpables de este milagro… sí, porque algo tan fácil y tan bien hecho no se repite en ningún lugar, como si fuese obra de un milagro, un simple milagro. Y un amigo, un admirado y querido amigo está al frente de ese milagro, un compañero de zapatillas y kilómetros, un tipo muy querido, tan sencillo como generoso, a la par que extraordinario. Gracias, Tolín Mayor, gracias personalizadas en ti y extensivas a todos:

GRACIAS.

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Entre dos grandes… con Julio Navarro y Tolín Mayor

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Parte de los responsables del milagro de Fuente Librilla (Foto: web de la prueba)

Bolsa del corredor: estaba formada por la tradicional camiseta técnica, conmemorativa de la prueba, que como es habitual y como sello de identidad dela prueba contaba con el detalle de ir personalizada, al llevar grabada cada una de ellas el nombre del atleta participante. Un detalle, como ya dijera el año pasado que refleja el grado de compromiso de la organización con los corredores. Junto a dicha prenda, se incluían una caja con 6 ud de barritas de cereales, un tarro de confitura de maridaje y otro de crema de cacao infantil, todo ello de la misma marca, la cual también obsequió la bolsa de papel donde iba todo el contenido y que se completaba con un folleto publicitario y un número, coincidente con el dorsal de cada corredor, con el que se entraba en el sorteo de los diferentes regalos que la organización había conseguido de diferentes patrocinadores. Una bolsa generosa, sin ser excesiva, pero que dejó un claro toque de distinción y personalidad, siendo del agrado de cuantos participamos.

Podio: Francico Serrano García de Dionisio, perteneciente a la categoría de Sénior e integrante del Club Inmobiliaria Teo Valdepe, fue el ganador masculino con un tiempo oficial de 38’54”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Alejandro García Carrillo (con un tiempo oficial de 41’00” – Sénior del UCAM Cartagena) y Guillermo Vahl Pedrosa (con un tiempo oficial de 41’02” – Sénior del Club Atletismo de Munarri).

Entre las féminas, Mercedes Merino García, Veterana F45 del Mobel Automenor Running Team, fue la ganadora de la prueba con un tiempo oficial de 48’47”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Beatriz Ríos Morata (con un tiempo oficial de 51’50” – Veterana F40 del Grupo Alcaraz) e Itziar Freire Irigoyen (con un tiempo oficial de 52’54” – Sénior, Independiente).

Muy personal: por segundo año daba la bienvenida a septiembre camino de Fuente Librilla, dispuesto a participar de nuevo en su cross y otra vez con una caja de cartón en el maletero, donde guardaba un puñado de ejemplares de mi libro, Piel de asfalto, para promocionar entre los asistentes, gracias a la inestimable invitación de Tolín Mayor, que como representante de la organización volvió a depositar en mí la confianza de estar allí no solo con mis zapatillas, sino también con mis palabras. También, como el año anterior, entregué dos ejemplares que serían para los ganadores absolutos de la prueba, tanto masculino como femenina, y al mismo tiempo la organización me compró otros dos ejemplares que sorteó como un regalo más de los que entregó entre los participantes.

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El rincón de Piel de asfalto

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Todo un señor… con Juanje Atencia

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Un campeón… con Rafa Belluga

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Una pareja de amigos muy rápida… con Jose Muñoz & Antonio Alcaraz

Al filo de las ocho de la mañana llegué a Fuente Librilla, con un cielo gris y una temperatura fresca, inmejorable para correr. Una brisa agradable y un sol que, escondido, parecía reservarse para más tarde, a esa hora en la que ya nadie esperasen verlo. Las calles, se desperezaban con olor a running y los primeros corredores ya se acercaban a la zona de la recogida de dorsales. Todo estaba por empezar, todo estaba por comenzar y Fuente Librilla estaba preparada para ello.

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Zona de recogida de dorsales

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Zona de incidencias, guardarropas y consigna

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Zona de avituallamiento post-carrera

Algo más de dos meses desde mi última participación en una carrera era demasiado tiempo, por lo que las ganas de reencontrarme con amigos y conocidos eran casi mayores que las de ponerme un nuevo dorsal y correr, aunque aún así no voy a ocultar que habría sido incapaz de quedarme mirando mientras todos ellos se hubiesen marchado corriendo y es que cuando te gusta correr esa ganas no se pueden esconder, por mucho que lo intentes.

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Antes de la salida (Foto: Diario La Opinión)

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Sujetando el dorsal (Foto: Diario La Opinión)

Desde el primer instante se fueron sucediendo los encuentros de tantos y buenos amigos que me ha dado y me da este deporte, y pese a cometer la torpeza de olvidarme por descuido a alguno, no quiero dejar de mencionar a todos cuantos con vuestra presencia, vuestro amable saludo y la mejor de vuestras sonrisas me alegrasteis el alma, y me hicisteis comprender, una vez más, que lo más grande de este deporte sois vosotros. Encantado de haberos visto:

Adrián Bonache, Juanje Atencia, Iván Hernández, Pablo Sánchez, Juan Francisco y Fina García, Tomás Lucena, Jesús Molina, José Romero, Pedro López, Mariano Moreno, Raúl Griñán, Salva López e Inma Martín, José Luis Molina, Anita Cano y Rebeca Fenoll, Fernando J. Molina, Mercedes Merino, Ginés Soto, Juan González, Pedro Escudero, Juan de Dios Jiménez, Antonio Albadalejo, Rafa Candela, Moisés Martínez, Cristina Romero… sin olvidarme, por supuesto de Juanma Molina, Presidente de la Federación Murciana de Atletismo que no quiso perderse la fiesta.

Sin olvidarme, claro está de la familia de la que formo parte desde hace un año exactamente y que de rojo volvieron, volvimos ponerle el color a la prueba. Amigos y compañeros Fondistas, como:

Rafa Belluga, Antonio Alcaraz y Jose Muñoz, José Hellín, Jesús Cantón, Carlos Payán, Paco Hernández, David y Vicente Sánchez, Javi y Nacho Fernández, Víctor Moreno y José Ángel Palazón.

Saludos y amistades aparte, había que correr, no en vano y pese a lo que pudiera parecer, lejos de libros, dedicatorias y conversaciones, había ido hasta allí para hacer eso, correr. Tras los dos meses de verano, en los que me había limitado a hacer una labor de mantenimiento, apartado por completo del encorsamiento de entrenamientos, ritmos y demás, y donde tan solo me había limitado a correr sin más, sin pretensiones, sin obsesiones, sin metas por perseguir, ni carreras a las que medirme, volvía a ponerme tras un arco de salida y el único propósito era el de hacer una carrera alejada de locuras, guardando fuerzas al principio, para ir gastándolas poco a poco, a lo largo de los 11,5K. Esa era la única idea, nada más allá.

La salida de los senderistas fue la señal que me indicó que debía prepararme para iniciar el calentamiento y este, como suele suceder en las pruebas en las que realizo también la labor de promoción de mi libro, fue más breve de lo deseado, compartiendo el mismo entre conversaciones y planes de temporada con José Hellín y Jesús Cantón. Así y apenas sin darme cuenta, llegó la hora del comienzo de la prueba, que en esta ocasión vino precedida de un momento único: la presentación por megafonía, al más puro estilo de los grandes acontecimientos, de cinco de los grandes atletas que iban a tomar la salida, junto al resto de los casi 400 corredores que nos agolpábamos tras la línea de inicio. Los cinco grandes, el repóquer de ases fueron:

Alejandro García, Antonio Martínez, Iván Hernández, David Sánchez y Mercedes Merino.

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Instantes antes de la salida (Foto: Diario La Opinión)

Los aplausos precedieron al momento que todos estábamos deseando y los continuos gritos de ánimo del speaker fueron la mejor manera de terminar de meterse a todo el público presente en el bolsillo y de elevar a cotas inimaginables las ganas de todos por empezar a correr. La cuenta atrás fue memorable, acompañando a cada segundo de una frase lapidaria que parecía quedar flotando en el ambiente… aplausos, brazos arriba, saltos… todo estaba listo. El disparo sonó al aire y sobre el suelo cientos de piernas comenzaron a moverse de manera incontrolable:

Fuente Librilla volvía a correr otro año más.

Las ganas por correr sin control, fruto de la emoción del momento y de la pendiente descendente del recorrido durante todo el primer kilómetro, fueron controladas, para evitar pagar más adelante las consecuencias de un esfuerzo excesivo y prematuro, no solo por los más de 10K que restarían por delante, sino por el desnivel que presentaba la carrera hasta el kilómetro 6, a partir del cual se haría menos exigente y más rápida, al predominar casi en su totalidad la pendiente negativa.

A diferencia del año anterior, benefició la ausencia de polvo sobre el árido terreno, gracias sin duda a las lluvias caídas días antes; ese hecho, junto con la menor temperatura presente en esta ocasión nos concedía unas condiciones ideales para correr. Y ese correr, durante la primera mitad de la prueba, fue compartido durante unos kilómetros con Carlos Payán y Javi Fernández, separándonos de manera progresiva a medida que iban pasando los minutos.

El firme irregular, presentaba algún que otro repecho que ayudaba a tomar oxígeno entre los tramos de subida, acompañados de la belleza de un paisaje sembrado de invernaderos, campos de almendros y naranjos, ramblas y cortijos, como parte de una postal dominada por un horizonte sobre el que se levantaba, lejana, Sierra Espuña

El ecuador de la prueba marcó el inicio de la segunda parte de la carrera, con un mayor protagonismo del asfalto y una pendiente más favorable. Por entonces notaba como mi ritmo se había ido haciendo más alto, fruto de una mayor cadencia de zancada. Fue entonces cuando corrí y charlé, durante unos minutos, con Mercedes Merino, sintiendo la fuerza y la garra de esta auténtica campeona. Un poco más adelante coincidí con otros grandes corredores, como Fernando J. Molina y mi querido y admirado Jesús Molina, siendo con este último con el que fui compartiendo distintos momentos de la prueba hasta el final de la misma, alternando nuestras posiciones y concluyendo el recorrido apenas separados por tres segundos.

El paso por el kilómetro 11 no solo me indicó la proximidad de la línea de meta, sino que también me hizo recordar el último esfuerzo que debía hacer para completar esos metros finales, donde de nuevo se empinaba la pendiente del recorrido. Las buenas sensaciones, la satisfacción de ir de menos a más y las dos palabras de ánimo de una anciana enlutada, sentada a la puerta de su casa…

¡Vamos, hijo!

Me hicieron sacar lo que me quedaba dentro y en un último empujón adelanté alguna posición más, casi justo antes de cruzar bajo el arco de meta, que se produjo cuando el cronómetro marcaba un tiempo general de 48’01’’, entrando en el puesto 55º de la general y el de mi categoría (M45), de un total de 366 corredores que terminamos la carrera, con un ritmo medio de 4’10’’ min/Km. Un resultado curiosamente 3’’ más lento que el del año anterior, pero que en esta ocasión me dejó un sabor de boca infinitamente mejor, lógicamente debido a cómo había enfocado mi carrera y cómo se había desarrollado esta.

Tras el esfuerzo, restaba lo mejor: la charleta y las risas entre amigos, la entrega de trofeos, las fotos que evidencian que en este deporte hay mucho más que kilómetros y como colofón el premio de un cordero por ser el club federado más numeroso entrado en meta. Un broche de oro a una prueba modélica, de donde me costó marcharme, por la tristeza de dar finalizada la fiesta, con la ilusión y las ganas de volver a estar un año más, compartiendo y viviendo de nuevo el milagro de este pueblo llamado:

Fuente Librilla.

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Fondistas de Alcantarilla (Foto: web de la prueba)

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Un amigo… con Pedro Escudero, agraciado con un ejemplar de Piel de asfalto

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Entre amigos… con José Romero, José Luis Molina, Pedro López y compañía (Foto: José Romero)

La próxima carrera está aún por decidir, no hay prisa, por delante comienza un período de preparación, de pretemporada, de base, para poner los cimientos sólidos de un año en el que he decidido volver a medirme a la distancia reina. Será en febrero y nuevamente en Sevilla, por lo que hasta entonces queda mucho por hacer y mucho por correr… carreras habrán, claro que sí, pero ahora toca empezar, poco a poco…

Y tú, ¿participaste también en esta carrera?, si es así ¿qué te pareció? Tal vez participaste en otra prueba diferente a ésta, si quieres puedes compartir tu experiencia, anímate, con tu comentario nos enriquecemos. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa de la prueba celebrada: IV Cross de Fuente Librilla)

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