Las prisas del Tío Recovero

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Hace mucho tiempo oí una afirmación que venía a decir algo parecido a esto:

Las prisas son para los ladrones y los malos toreros.

No tengo la menor intención de meterme en un terreno últimamente tan peligroso como el de enfrentar la defensa de la Fiesta Nacional y el maltrato animal, como tampoco pretendo hacer con esa sentencia un llamamiento a esa fea costumbre que tienen los amigos de lo ajeno por quedarse con aquello que no les pertenece, ni mucho menos, tan solo quiero hablar de las prisas y de la conveniencia o no de hacerlas compañeras de nuestro día a día. Así que la cosa hoy va de prisas, pero sin ellas, es decir, sin prisas.

Que el mundo en el que vivimos está cada vez más contagiado por unas prisas desaforadas y asfixiantes es una evidencia que a nadie escapa, de la misma manera que existe una enfermiza obsesión por adelantar cada vez más lo acontecimientos que se tienen que desarrollar. Dicho de otra manera, parece como si el mundo fuera a acabarse mañana y debiéramos acelerar al máximo cuanto llevamos entre manos, no sea que todo salte por los aires y nos quedemos a medias.

¿Recordáis, de niños, haber ido con amigos de camino al cine, al parque o a la playa y cómo en un momento determinado, y sin saber por qué, se desataban las prisas, la tranquila caminata empezada a tomar velocidad y terminábamos todos corriendo por ver quién era el primero en llegar? Pues algo parecido es lo que ocurre con la vida que llevamos, todo son prisas y cuanto antes llegue todo, mejor o si no ¿cómo podéis explicarme hechos como estos?…

No ha concluido el mes de octubre y Todos los Santos aún están por llegar, cuando nuestros supermercados comienzan a llenarse de dulces navideños y los villancicos empiezan a sonar; diciembre no se ha terminado de desperezar y ya le han colocado a su vera los primeros roscones de reyes; en enero se te ha hecho tarde para reservar las vacaciones de verano; los carnavales se adelantan año tras año y llegará un momento en el que nos tomemos las uvas escuchando chirigotas; hasta la fruta se acelera para no quedarse fuera de esas prisas y no resultará extraño que estemos comiendo fresas por San Miguel o cerezas por San José… en definitiva: prisas y más prisas.

Seguro que a vosotros también os vendrán unos cuantos ejemplos más a la cabeza, que evidencien esas prisas a las que me refiero y que, queriéndolo o no, están metidas en nuestra rutina, contaminándola y haciéndonos vivir en una constante carrera sin sentido. Carrera que, como es lógico, salpica también a nuestro querido deporte. Sin embargo, no quiero dejar mi punto de vista de lo sanamente recomendable que es ir paso a paso en esto de correr, entre otras cosas porque ya lo hice al escribir A fuego lento, esta vez tan solo quiero defender que, a pesar de tantas prisas, no todo caduca si no lo hacemos cuanto antes.

Así, aparca tus prisas por correr distancias cada vez más largas o por hacerlas más rápidas; tómate con calma lo de participar en carreras, no te faltarán oportunidades para ello puesto que hay decenas cerca de ti cada fin de semana; recupera tus lesiones como es debido, evitando acelerar una recuperación prematura que tan solo puede abocarte a una nueva lesión; el paso de los años no significa que se agote el tiempo para enfrentarte a nuevos retos, a nuevas metas, la edad no es un impedimento para seguir superándote, aunque sí te obligará a ajustar y saber hasta dónde llegan tus capacidades físicas; disfruta de cada kilómetro que corras y saborea como es debido tus entrenamientos, porque en ellos está el sentido de un deporte que gobierna tu forma de vida; en definitiva, disfruta del viaje y deja las prisas a un lado.

Son tan solo tres simples pinceladas para dejar claro que eso de las prisas y correr son conceptos que no están para nada ligados. Hasta ahí todo claro, sin embargo, más de uno os estaréis preguntando cuál es el motivo por el cual he elegido el título que encabeza este post o, dicho de otra manera, ¿qué tienen que ver aquí las prisas del Tío Recovero?, al que por cierto no se la ha visto el pelo en momento alguno de todo este palabrerío.

Sencillo, muy sencillo… las prisas del Tío Recovero no tienen nada que ver con esas prisas a las que me he referido, sino que hacen referencia a otras prisas que también las hay y que no guardan similitud con las primeras. Con ellas, con las del Tío Recovero, no nos adelantaremos al tiempo, para quemar etapas de manera precipitada, nada de eso, sus prisas se refieren a hacer las cosas con celeridad, apremio y eficacia, pero en su tiempo y a su momento

Son las prisas de quien es nervioso, sin ser impaciente; resolutivo, sin ser confiado; eficaz, sin ser impulsivo; en definitiva, son las prisas de quien sabe lo que hace, por qué lo hace y cuándo lo hace.

Desconozco de donde viene el origen de esa expresión, sin embargo, creo que algo debió haber en ese querido tío para quedar inmortalizado para siempre. Más allá de eso, cualquier elucubración que haga será un esfuerzo inútil y una pérdida de tiempo que no me llevará a ningún lado, por eso me quedo tan solo con la siguiente conclusión, aprendida a lo largo del tiempo:

Prisas las justas, pero si alguna vez tengo que hacer gala de ellas, que sean las del Tío Recovero.

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Las prisas del Tío Recovero

¿Conocías este tipo de prisas a las que hago referencia? Para ti, ¿existen esos dos tipos de prisas o al final son todas iguales? Ya sea para correr o no, deja tu punto de vista, anímate. Y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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