Lo que pienso mientras corro (XXVI): Lejos de todo (cerca de Ella)

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¿Cuánto de lejos podemos llegar a estar de algo? Desde la nada hasta el mismísimo infinito existe una escala interminable en la que lejos representará una distancia, ya sea física o temporal, inexistente o infranqueable. Al margen de esas dos variables físicas medibles e indiscutibles, distancia y tiempo, existe también otra variable, puramente subjetiva y dependiente por completo de nuestra percepción, que nos permitirá ver cercano lo lejano y lejano lo cercano. Esa variable es la que comúnmente conocemos como punto de vista, y poco o nada es preciso decir de ella.

Y así, entre distancias, tiempos y puntos de vista, salí a andar, que no a correr, la mañana de este pasado martes, consciente de mi lenta recuperación y de encontrarme lejos, muy lejos de un estado de forma que hoy por hoy tan solo parece una utopía, una hermosa y ansiada utopía. Puse mi cronómetro en marcha y la música de mi mp3 ganó la partida al silencio de la madrugada, mis piernas se movían, mi mente corría

Extraño, me sentí lejos, lejos de ese instante, tan habitual, tan repetido, en definitiva tan familiar, pero que sin embargo parecía vestido de manera muy distinta a otras veces. Estaba lejos de todo cuanto me rodeaba, lejos incluso de mí mismo y ajeno a todo ello seguí, en busca de un instante que me hiciese percibir una bocanada con sabor a fatiga, a respiración entrecortada, a pulsaciones elevadas, mientras la temperatura de mi cuerpo fuese aclimatándome para combatir la baja temperatura de una noche casi despejada, con el cielo salpicado de nubes y al amparo del resplandor de una luna, de una superluna, de la que todo el mundo hablaba.

Sí, la noche estaba enlunada y su inusual cercanía permitía verla aún más grande, aún más blanca, aún brillante, aún más hermosa, en definitiva, permitía sentirla más nuestra

¿Cuántos suspiros, cuántos deseos, cuántas miradas, cuántas promesas te habrán lanzado esta noche? Dime, Luna, ¿cuántos poemas te habrán dedicado, cuántas caricias habrás presenciado y cuantos corazones habrás consolado esta noche? –me pregunté mientras caminaba bajo la anaranjada luz artificial de las farolas que rivalizaban con la luz del lunático satélite…

Coqueta y seductora, como buena amante experimentada, se escondió tras un puñado de nubes, insinuándose, dejando asomar su luz tras ellas. Mis pasos le dieron la espalda y nuestra repentina cercanía se hizo lejanía; ella puso un velo entre ambos y yo me fui lejos, lejos de todo, pese a saber que aun así estaba cerca, tan cerca de Ella.

Mis pies andaban, la música sonaba con el ritmo de minutos que transcurrían sin hacerse notar, mis pulsaciones no existían, mis pensamientos no fluían y mi mente, contraria a la resignación, corría… y lo hacía mientras el resto de mi cuerpo permanecía, como un reo, condenado al ritmo lento de un caminar que me conducía cada vez más de lejos de mí, haciendo aún más grande la distancia que separan a pasado, presente y futuro

¿Acaso vale de algo el consuelo o el regocijo de un pasado, por muy funesto o glorioso que este sea?, ¿de qué sirve pensar en un futuro, cuyas páginas siempre en blanco tan solo anhelan ser escritas?, y tú, querido presente, tan previsible como incierto, que gustas disfrazarte de recuerdos de nuestro pasado o de sueños que tal vez jamás nos depare el futuro, ¿te crees tú como el único capaz de guiar nuestros pasos?… estúpidos todos.

Caminaba, sabiendo que no llegaría a ningún lado, consciente del tiempo que mis pasos llevan ávidos de esas sensaciones que solo me otorga correr. Pero no importaba, porque a pesar de todo en mi ridícula fantasía imaginaba aquello que deseaba y me forzaba por tener alguna de esas emociones que nacen de una zancadaindescriptibles emociones, insustituibles emociones, necesarias emociones.

El camino me puso de nuevo frente a Ella y mis ojos no fueron capaces de contener el impulso de mirarla…

Sí, estás hermosa, radiante, insultantemente atractiva… me atrevería a decir que casi estás a punto de ahogarte en tu propia belleza. ¿Sabes?, querida Luna, si ello sucediera, si perecieras, nos dejarías a todos sumidos en una eterna noche oscura, fría, vacía de sueños, callada… una noche enlutada, para siempre.

Mis recuerdos quedaban lejos, muy lejos, tanto o más que unos deseos que con el paso del tiempo se han ido perdiendo detrás de un horizonte que nunca parece llegar y mis pensamientos, anclados a mis piernas tan solo reclamaban tiempo; tiempo para dejar de ver aquello de lejano lo cercano y cercano lo lejano, poniendo cordura, ahogando la impaciencia y marcando el punto de partida de un nuevo trayecto que me lleve lejos, muy lejos.

No podía evitarlo, mi mente me pedía correr y por un instante estuve tentado de hacerlo: quise comenzar a dar zancadas, rápidas, muy rápidas, esprintar y gracias a ellas sentir el sabor de mi sangre en la boca, la falta de aire en mis pulmones y por un momento liberarme del lastre que durante un tiempo cercano al infinito me tiene anclado a mis propios recuerdos. Recuerdos que ya están lejos, demasiado lejos

Levanté mi vista al cielo y durante un instante se desnudó ante mí, dejando a un lado las nubes que la ocultaban y comprendí que lo importante no es cuán lejos está de nosotros todo lo que nos rodea, sino cuánto llegamos a estarlo nosotros de ello y lo más importante, cuánto lo estamos de nosotros mismos. Esa es la única y verdadera distancia que nos debe importar y esa noche, sintiéndome lejos de todo estuve más cerca que nunca de Ella.

Sesenta minutos, apenas siete kilómetros de distancia y no fueron precisos estiramientos… tan solo quedaron estos pensamientos.

*  *  *  *  *

¿Acaso importa no correr para creer estar haciéndolo?, no, claro que no, aunque con ello jamás consigamos esa comunión entre cuerpo y mente, y nuestros pensamientos queden atados a nosotros, incapaces de volar lejos de nuestra realidad y hacednos soñar. Solo son sensaciones, puntos de vista de un corredor en estado de abstinencia, que la pasada noche se sintió, pese a todo, tan lejos como para comprender que no se había movido del lugar donde se encontraba.

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Lejos de todo (cerca de Ella)

Lejos o cerca de todo, seguiremos corriendo y cómo no, seguiremos pensando… si te ha gustado este escrito compártelo y sobre todo que nunca importe lo lejos que te halles si allí siempre estás . Muchas gracias.

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2 comentarios a Lo que pienso mientras corro (XXVI): Lejos de todo (cerca de Ella)

  • marisa  dice:

    Pronto esas sensaciones serán un mero recuerdo que has dejado plasmado y volarás y no podrás evitar sonreir cuando te encuentres de nuevo corriendo hacia lo mas alto y la luna se aleje de ti en cada zancada.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Marisa! Muchas gracias por tu compañía en este rincón y por dejar un comentario tan bonito, motivador e ilusionante. Espero que tus palabras sean pronto una realidad y como bien dices, sonría al recordar este período apartado de este querido deporte. Un período que se me está haciendo más largo de lo deseado y que de una u otra manera se ha repetido demasiado a menudo durante todo este año… pero bueno, como dijo aquel: “No hay mal que cien años dure” (“Ni cuerpo que lo resista”, apostilló otro). Espero que la próxima entrega de esta familia tenga ya un aire más alegre, reflejo de los kilómetros que espero seguir haciendo y que la misma no tarde mucho en ver la luz.

      Gracias una vez más por tus palabras, Marisa. Besos.

      Paco.-

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