Lo que pienso mientras corro (XXXVI): En compañía de Fallas

post fallas

El tremendo bullicio del día anterior aún resonaba en mi cabeza, el olor a pólvora y la imagen de cientos de figuras permanecían en mis sentidos… las Fallas me acompañaban. Se habían despertado conmigo y allí, en el silencio de la mañana temprana, rodeado de pinos, creía sentirme sumergido en las calles de la capital del Turia.

Eran poco más de las ocho de la mañana, mis piernas arrastraban el cansancio de la larga jornada de caminata, casi ininterrumpida, del día anterior y ante mí, callado, el monte me esperaba con sus brazos abiertos, para acogerme entre sus entrañas y dejarme perder por sus caminos y sendas, con sus subidas y bajadas. En silencio y en soledad, en una nueva manera de sentir los kilómetros, en un paso más allá de esa relación que desde hace tantos años me une a él… comencé a correr.

El ritual se repetía, como antaño, como siempre, aunque ahora el resultado sea diferente, aunque ahora el objetivo no se centre en perseguir metas, sino simplemente en estar ahí, en sentir la libertad de correr. El asfalto se ha vuelto un compañero peligroso, mis escarceos juntos apenas me permite llegar a los sesenta minutos de carrera y sus secuelas me impiden repetir entreno al día siguiente, de ahí que el monte se haya convertido en un aliado compasivo, que ha sabido ganarme su confianza y con el que cada domingo puedo correr y sentirme cerca de .

La pendiente del terreno aumentaba por momentos y el desnivel positivo era constante, como en cada salida. Mi respiración se fatigaba, mis piernas se quejaban y mi cabeza se recreaba…

Los barrios, alejados del centro, respiraban tranquilidad. Despertaban. Sus coquetas y modestas Fallas se erguían en medio de cruces de pequeñas calles, orgullosas de mostrarse a todo el que por allí transitase. Chiquillos jugando con pequeños petardos, mayores preparando mesas y sillas para el mediodía, fuentes con verduras, bolsas de arroz, carpas vacías, descansando de la noche anterior. Olor a fiesta, sentimiento reflejado en las miradas, orgullo valenciano que calaba en cada paso… caminaba entre Fallas.

Casi seis meses después volvía a tener constancia de , de mis zancadas, volvía a pensar, volvía a dejarme llevar, volvía a soñar, aunque la conciencia me hablase de un tiempo finito, de kilómetros acotados, no importaba. Corría. El suelo pregonaba la falta de agua, la tierra se lamentaba de estar cada vez más endurecida, el polvo se levantaba, mis piernas se maquillaban y el sol, perdido en una estación que no era la suya, se gustaba y calentaba. Corría.

El aumento de gente indicaba de la proximidad del centro; balcones engalanados, banderas, falleras, puestos de churros y buñuelos, Fallas en las intersecciones, calles cortadas, calzadas tomadas por transeúntes, policía, recogidos en el pelo. La Plaza del Pilar, la Plaza de Toros, la Estación del Norte, la Plaza del Ayuntamiento, el Miguelete, el Mercado Central, luminosos apagados esperando la caída de la tarde, sonido de petardos. El sol ascendiendo hasta los más alto y en el suelo, cientos, miles de ninots irguiéndose casi de manera mágica hacia el cielo que los cubría. Arte en cartón piedra, imaginería, colores, grotescas muescas, sátira, ironía, burla y respeto… pura magia.

La pendiente llegó a su punto álgido, me sentí como ese montañero que hace cima y sin dejar de correr miré a mi alrededor: la ciudad a mis pies y mis pies, mientras tanto, por las nubes, esas que esa mañana habían decidido viajar lejos, muy lejos de allí, dejando todo el protagonismo al azul de un cielo sin ecos de invierno, marchito de lluvia y rendido al empuje de una primavera que empieza a hacer saltar todo por los aires. Corría, comenzaba a bajar.

El tiempo pasó ligero, ágil, entretenido, mientras cientos, miles de personas nos arremolinábamos frente al Ayuntamiento. Los balcones de poblaban, la sombra de lugar elegido aliviaba el calor y los ánimos de contagiaban. La expectación aumentaba, la hora se acercaba y la curiosidad por presenciar, por fin, una mascletá, me embargaba. Las dos de la tarde llegaron serenas, sin prisa, como si su parada fuera una estación más de un paseo en el tiempo y con ellas se prendió la mecha

[

Un estruendo armónico, pura sinfonía de pólvora mimada, la melodía de un sentimiento convertido en rugido, en grito lanzado al cielo. Cuatro minutos de magia inimaginable, seda explotada, delicadeza reventada en el aire… indescriptible, grandioso, colosal, apoteósico instante culminado con un último tronar brusco, tajante, que arrancó el aplauso y la admiración de cientos, miles de almas que creímos volver a nacer. Lágrimas para enjugar una emoción inolvidable… Fallas.

]

Mis piernas, contagiadas por el recuerdo, se movían ágiles, ligeras y en el descenso parecían hallar el anhelo de sus deseos. La alegría me inundaba, el rodaje se completaba y la satisfacción de volver a correr enmudecía el recuerdo de los meses pasados y omitían la realidad de los meses futuros. Corría.

La tarde dio paso al encendido de las luces que adornaban las calles, la multitud volvió a inundar la ciudad y el tumulto ayudó a calentar el ambiente, cuya temperatura empezaba a refrescar tras el ocaso solar. Un torrente de luz artificial bañaba las Fallas, cuyos colores parecían entonces distintos a los mostrados en la mañana, tomaban una nueva vida, se vestían de noche, se mostraban presumidas, majestuosas, desbordantes ante los miles de miradas que las contemplaban…

Valencia bullía, la ciudad entera enamoraba… las Fallas gobernaban y todo el mundo se entregaba.

Completé mi salida dominical, noté el sudor en mi espalda, acusé el cansancio de la carrera… bendito cansancio… volví a oler a pólvora quemada y por un momento me vi, de nuevo, caminando entre Fallas.

post fallas

Caminando entre Fallas

El recuerdo del día anterior activó el entrenamiento de la mañana y entre kilómetros comprendí por qué Valencia y sus Fallas son mucho más que una fiesta nacional, una inmensa puerta al mundo, un espectáculo para visitar y admirar. Y tú, ¿has paseado por sus calles repletas de esos incomparables monumentos? Si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

Deja una respuesta