Lo que pienso mientras corro (VI): De jazmines y galanes

mientras hayan jazmines y galanes

Correr, pensar: así es como suelo comenzar las entradas que agrupo bajo este título… correr, pensar. Otra vez se dispararon mis pensamientos, dejándose ver y acompañándome mientras hacía un nuevo entrenamiento.

Si alguien me preguntase si hay algún olor con el que identifico la estación más calurosa del año, no dudaría ni un segundo y respondería que tanto el aroma del jazmín, como el del galán de noche van ligados a esta estación estival. Dos fragancias grabadas en mi recuerdo, en mi memoria, en mi vida.

Por mis características físicas, soy del tipo de corredor que me encuentro mucho más cómodo y rindo más cuando salgo a correr con frío, de ahí que en estos meses me prodigue más en salidas a horas muy tempranas, antes de que el día haya amanecido, para evitar así el efecto de un sol que por estas tierras se deja sentir con ganas. Por ese motivo suelo acompañarme de esa soledad nocturna

Cuando corres en el silencio y la quietud de la noche, ésta te regala tranquilidad, sosiego, te sientes más cerca de ti y es como si durante esos instantes todo cuanto sucede a tu alrededor dejase de existir. Como suelo decir siempre en estos casos, es como si el tiempo se detuviese, como si atravesaras una puerta que sin alejarte de la realidad, te hace compartir momentos que creías olvidados.

Llevaba cerca de quince minutos de carrera, acaba de pasar esa barrera de “sufrimiento” que siempre aparece cuando empiezas a correr y que se desvanece una vez que rompes a sudar y tu cuerpo ha asimilado a la perfección el armónico y continuo gesto de cada zancada. No lo llegué a ver, pero mi olfato quedó borracho de su perfume; debí pasar junto a un galán de noche y su olor me hizo girar la cabeza queriendo buscarlo, pero fue inútil y ajeno a ese propósito, mi pensamiento se fue, voló…

Era una nueva sesión doble, como casi cada noche, con un bocadillo de jamón, una empanadilla y un plátano dentro de una bolsa de plástico. Todo liado papel de aluminio, para que el botellín de agua fresco no humedeciera, estropeando, toda la cena. En verano, el cine era para las tardes como la playa lo era para las mañanas, dos citas que cada día tenía un sabor especial, aunque hicieras lo mismo una y otra vez… aquella oscuridad, con las caras iluminadas por el reflejo de la pantalla, bajo un cielo estrellado y una suave brisa que en ocasiones olía a ese eterno galán: aspiraba profundamente, como queriendo guardar parte de su cuerpo en el mío, mientras Bud Spencer repartía mamporros a diestro y siniestro.

Su olor, dulce e intenso, permaneció en mi sentidos durante buen rato después, desvaneciéndose lentamente, sin poder precisar qué me hizo dejar de percibirlo, si la lejanía de dónde se encontraba o el paseo por mis recuerdos, que lejos de la realidad me llevaban por días pasados, días guardados en cajones de la memoria y que de repente se abren, como por arte de magia, mostrando renglones escritos sobre cuadernos de hojas amarillentas.

Mis zancadas continuaban su ritmo y la noche comenzaba a recoger su equipaje, ante la insistente llamada de un nuevo día, cuyo fulgor tornaba en anaranjado el azul oscuro de las horas pasadas. De nuevo la brisa, caprichosa, volvió a perfumarse para mí y añadió a su frescor el olor a jazmín, haciéndose aún más fresca, aún más agradable. Esta vez sí pude ver dónde estaba y los restos en el suelo me hicieron desviar mis pasos para no pisar ninguna de estas pequeñas flores.

La entrada en la calle, poco iluminada, siempre la hacía corriendo, rápido, a toda prisa, tanto como me daban las piernas. Me abría paso entre el improvisado corro que cada noche se reunía en animada tertulia, hasta llegar a ellas, para saludarlas en forma de abrazo y de besos. Mi madre, con su protectora pregunta… “¿te has comido todo el bocadillo y la fruta?” y mi abuela, con su sonrisa y ese brillo en los ojos que siempre tuvo en su mirada, alumbrando sus palabras de cariño… “hermoso”; sus palabras y aquel improvisado broche de jazmines que solía poner en su solapa, perfumando todo su alrededor y haciendo que me quedara pegado a su regazo, como queriendo robar para siempre toda esa fragancia.

El entrenamiento de nuevo tocaba a su fin, casi había amanecido. Por delante tenía todo un largo día y detrás, tras mis zancadas, otra vez había vuelto a dejar recuerdos y pensamientos que tal vez volaron con la temprana brisa o tal vez quedaron al amparo de esas dos flores, cuyo olor me enamoran… no lo sé, pero de lo que no tengo duda es que esos dos perfumes son una parte de mi, como aquellas escenas que desempolvadas volvieron a ocupar su lugar insustituible dentro de mi memoria.

mientras hayan jazmines y galanes

Entre jazmines y galanes

¿Reconoces el aroma de estas dos flores?, ¿hay algún olor especial cuya percepción te recuerde inevitablemente a esta calurosa época del año? Si te ha gustado este escrito, compártelo. Muchas gracias.

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4 comentarios a Lo que pienso mientras corro (VI): De jazmines y galanes

  • Manolo Gallego  dice:

    Muy bonito Paco, lo cierto es que en nuestra tierra a pesar que el calor se hace insufrible a ciertas horas del día, tiene otras muchas otras maravillas y una de ellas es ese olor característico que a todos nos evoca o nos hace retroceder a la infancia.
    Veo que no fallas en tus publicaciones, todavía me tienes pensando en la del jueves pasado y preguntándome por qué corro? y hoy, al abrir tu blog, me encuentro este dulce relato con olor a jazmín y espero con entusiasmo con que nos sorprenderás esta tarde con la publicación de hoy jueves, un abrazo.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Manolo! Gracias nuevamente, por tus comentarios. Sin duda, a pesar del calor, hay otras cosas que nuestra querida tierra nos regalada cada día y una de esas son los olores, por eso me gusta compartirlo. Espero que a estas alturas y ayudado por la fragancia del jazmín y el galán de noche hayas descubierto ya por qué corres y si no es así, no dejes de pensarlo, pero sobre todo no dejes de correr, tras ese mundo de zancadas, de esfuerzo, de sufrimiento y de satisfacción, hay todo un mundo de ilusiones, de sueños y de metas por conseguir.

      Muchas gracias por tu presencia y tu seguimiento.
      Un abrazo.

      Paco.

  • Cristina  dice:

    Hola Paco :
    Otro de tus maravillosos post, que me han dejado con la boca abierta , unas palabras lindas de admirar y un relato digno de leer , además de que has sido capaz de que venga a mi mente esa rica fragancia a jazmín , que por cierto es una de mis plantas y aromas favoritos y se perfectamente cual es su aroma ya que en mi terraza tengo varias y puedo asegurarte como bien dices en tu post ,que te hace girar y buscar o que bien enamora y perdura en el olfato y la mente de uno .
    Gracias por tus palabras y hasta otra ..
    Un abrazo .

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Cristina! Muchas gracias por tus palabras; me alegra saber que compartes ese gusto por la fragancia de esa pequeña, pero olorosa flor: el jazmín. Desde siempre me ha enamorado y cada vez que lo huelo no puedo evitar el transportarme a muchos años atrás. No mencionas el galán de noche, si no tienes identificado ese perfume, te aconsejo que intentes hacerlo, porque es otro aroma que enamora.

      Un abrazo y gracias por leerme.

      Paco.-

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