Lo que pienso mientras corro (VIII): Los años cumplidos

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Ayer, lunes, comencé el día y la semana haciendo algo que llevo repitiendo muchos días, desde hace años: corriendo. Otra vez me até las zapatillas cuando la noche aún era cerrada y todavía restaban unas dos horas para amanecer, dos horas para que el día se pusiese en marcha, para que todo despertase.

No importa las veces que haya salido o vaya a salir, porque cada vez tiene algo de especial, algo que la hace diferente a la vez anterior o a la siguiente. Unas veces es el tiempo climatológico el que marca la diferencia, otras los pensamientos que rondan la cabeza, en ocasiones las sensaciones del estado físico en el que me encuentro, que me hacen ser más optimista de cara a mi evolución y otras, simplemente la fecha del día en sí.

En esta ocasión esa fecha coincidió con mi cumpleaños y mientras me entregaba al ejercicio, mientras intentaba perderme en mis pensamientos, acompañado de una música tranquila, aparecieron en la noche recuerdos de años pasados, de años que parecían lejanos, empolvados y que sin embargo se asomaron para decirme que siguen estando ahí, tal vez dormidos, tal vez callados, pero no olvidados.

Después del largo entrenamiento del pasado sábado, tocaba un rodaje suave de sesenta minutos de duración, con el que mis piernas volvieran a recuperar un poco el tono muscular y al mismo tiempo les ayudase a descargarse del esfuerzo de las más de dos horas de carrera. Por dicho motivo, afrontaba esa salida con un ánimo relajado, tan diferente de esos rodajes en los que debes mantener un ritmo más elevado y has de estar pendiente continuamente de algunas de las variables que entran en juego en cualquier carrera: tiempo, velocidad, distancia y pulsaciones.

Cinco velas iluminaban aquella tarta blanca, hecha de bizcocho bañado en almíbar y cubierta de merengue. Una silla como improvisada mesa, sobre la que descansaba aquel dulce con cinco años, representados en aquellas cinco pequeñas figuras esbeltas de cera blanca, adornadas con cintas de color rojo, azul y verde. Cinco llamas que temblaban esperando la llegada del aire de un soplido que las apagase, de un soplido que les concediese el paso automático de realidad a fantasía, a deseo, a sueño. Puuuffffff…

Pasaron los años, las velas fueron aumentando y junto a ellas los deseos, los sueños, fueron cambiando. No tardaron en llegar el conocimiento y la responsabilidad, tan pronto como el destino quiso que mi rey mago se marchara para siempre, dejando un hueco que hasta muchos años después no he sido capaz de descubrir.

Llegaron los amigos y con ellos los cumpleaños de cervezas y patatas bravas, años de gomina y paquete de Marlboro, risas, música y tascas llenas de gente. Años de carrera universitaria, entre cálculos infinitesimales, leyes de física y termodinámica, de redes geodésicas y resistencia de materiales. Años, más años y más velas que se apagaban. Puuuffffff…

Pasaba la media hora, la música seguía sonando y algún coche que otro se cruzaba en mi camino. El frescor, al pasar junto a algunos bancales de huerta, me dejaba ver claramente que el verano ha quedado atrás hasta el próximo año y octubre, con su delicadeza, ya ha comenzado a desplegar todo su encanto, tiñendo de gris el cielo, haciendo más cortos los días e invitando al recogimiento, al abrigo, al arrullo, a la nostalgia, al recuerdo.

Y como quien salta un charco, mi mente obvió muchos años intermedios y me vi apagando las velas de mis treinta y cinco años. Dos velas sobre una pequeña tortada, cuya luz iluminaban la sonrisa y el brillo de unos ojos, grandes, preciosos, alegres, que dos años antes habían encendido la luz de un nuevo faro en el mar de mi existencia. A mi lado, otros dos pequeños ojos dormían, con apenas seis meses de vida, ajenos a su bautismo y cultivando en su silencio el encanto y la belleza de una gota de rocío.

Y pasaban los años y me vi, dando zancadas, perdido en la noche, como quien se pierde mientras duerme entre las sábanas, en busca de sueños que algún día llegue a alcanzar o que tal vez queden en el deseo, para siempre. No pude evitar que mi piel se erizara, tal vez por todos esos años cumplidos o tal vez por todos esos años que faltan por cumplir.

Un nuevo salto en el tiempo, otro charco imaginario en medio del camino me hizo volver atrás, muy atrás, tanto que no recuerdo cómo fue aquel día, sólo la instantánea de una pequeña foto, en blanco y negro, y el conocimiento de una historia tantas veces contada, me hacen poner imagen a una escena donde el contador de mis días se estrenaba. El tercero y último en llegar, tal vez algo tardío o incluso no premeditado, pero allí estaba y , generosa por naturaleza, me diste tu luz y me regalaste el soplo de vida… el mejor regalo que se puede recibir, que vale exactamente eso, toda una vida y del que te estaré eternamente agradecido: todo a cambio de nada.

Terminé de correr y empecé un nuevo día, el primero de un nuevo año, que espero venga cargado de muchos y pequeños momentos, de esos que pueden pasar desapercibidos, pero que se cuelan directamente en ese bolsillo que todos llevamos guardado y en el que se mezclan, unos con otros, removiéndose unas veces, reposando otras y algunas, dejándose ver, sin saber por qué.

Mañana saldré de nuevo a correr y quizá vuelva a pensar en velas, en cumpleaños y en años que caprichosos vienen y van o tal vez no piense en nada de eso y mi vista tan sólo se pierda al mirar las montañas, esas que cada mañana esconden el sol, hasta que éste, perezoso, decide perder la vergüenza del nuevo día y regalarnos su luz.

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Los años cumplidos

Los años pasan rápidos, demasiado rápidos, por eso no pienso dejar de correr con ellos, intentando ganarles una carrera que a sabiendas tengo perdida, pero que me hace mantener la ilusión en unos sueños que están por llegar… si te ha gustado este escrito, aunque sea demasiado intimista, compártelo. Muchas gracias.

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Un comentario a Lo que pienso mientras corro (VIII): Los años cumplidos

  • Cristina  dice:

    Hola Paco:
    Felicidades !!! Atrasadas pero bueno se dice que mas vale tarde q nunca , no???.
    Me alegra que te vayas recuperando , y que razón tienes cuando dices que los años se pasan volando eh!!.
    Bueno entonces a disfrutar a tope y un fuerte abrazo !!
    Hasta pronto.

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