Lo que pienso mientras corro (XI): Descanso y vuelta a empezar

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El pasado fin de semana debía estar de descanso o al menos eso marcaba mi plan de entrenamiento, puesto a priori como siempre desde primeros de cada mes y que en esta ocasión sólo contemplaba esa opción, tras la prueba disputada en Valencia el domingo anterior. Y es que dentro de la disciplina deportiva tan importante es el entrenamiento como dar el merecido y necesario descanso al cuerpo, que le permitirá recuperarse y prepararlo para seguir rindiendo como de él esperamos.

Durante toda la semana mantuve mis zapatillas en reposo y con ellas mis piernas, puesto que ambas se habían ganado ese descanso y como tal debía respetarlo. Así, bañador, gafas y gorro de baño se instalaron en mi mochila a principio de semana y han sido los fieles compañeros durante estos días, donde nadar ha sido la mejor alternativa para disfrutar de un descanso sin dejar de hacer algo de ejercicio físico, suave eso sí, pero ejercicio físico al fin y al cabo.

Sin embargo llegó el viernes y la idea de afrontar el final de la semana sin la posibilidad de hacer unos kilómetros despertó el deseo en unas piernas cuyo descanso aún no estaba concluido. Piernas que pensaron en sus inseparables y silenciosas amigas de salidas y a las que no pudo evitar hacerles un guiño para que también ellas dejaran su descanso y salieran juntas a disfrutar de un rato de “libertad”.

Y así fue, el sábado despertó con un cielo gris, una temperatura fresca y un ambiente que invitaba a perderse corriendo. Todo parecía aliado para romper con el descanso prescrito y ya no había nada que me hiciese permanecer parado, por lo que me puse la ropa que había dejado preparada la noche anterior, por aquello del “por si acaso”, cogí mi cronómetro y rescaté a mis zapatillas de su efímero letargo: “Toca salida”, les dije, a lo que correspondieron con una amplia sonrisa y un “Vámonos”.

No sabía muy bien hacia dónde dirigir mis pasos, pero tenía claro que sería una salida suave, sin ninguna pretensión y con el único objetivo de saborear ese momento de carrera en solitario. Y para encontrar esa soledad qué mejor destino que hacerlo por el monte, alejado de tráfico, de ruidos y de señales, sólo rodeado de olor a pino, tonos marrones y silencio, todo bajo el gris de un cielo inofensivo, sin anuncio de lluvia alguna.

Corría por el simple hecho de correr, sin nada más allá de ese rato de entretenimiento y me pregunté dónde me encontraba exactamente; pero no dónde me encontraba físicamente, sino en dónde me encontraba dentro de la rutina y disciplina de entrenamientos, de carreras, de metas… estaba terminando una semana de descanso tras una periodo de duro entrenamiento destinado a correr un maratón y ahora tocaba empezar otra vez de nuevo o mejor dicho continuar, porque no creo que haya sido un punto y aparte, sino más bien un punto y seguido.

Cuando no consigues alcanzar una meta, es como si te zarandeasen, sientes ese revés como una inyección de coraje y de motivación, que te hace buscar con más empeño el siguiente objetivo. Sin embargo, cuando sí alcanzas aquello por lo que has trabajado, puedes caer en la relajación que acompaña a la complacencia y darte un atracón de confianza que puede arruinar todo lo conseguido hasta entonces.

Por eso, mientras corría bajo la atenta y callada mirada de cuantos árboles se abrían a mi paso, me di cuenta de algo que aprendí hace tiempo y que una vez más vuelve a colocarse sobre la mesa, en esa mesa del día a día, donde se mezclan las obligaciones diarias, los deberes adquiridos y los deseos o sueños que nos ayudan a movernos cada nuevo despertar:

De nada vale lo que hemos conseguido si nos paramos, puesto que se convertirá en un descanso definitivo, haciéndonos vivir únicamente del pasado y cortando las alas a un futuro que sólo nosotros, con nuestras ganas, nuestro trabajo, nuestro deseo y nuestra fe seremos capaces de trazar con el paso del tiempo. Para ello sólo debemos seguir con lo mismo que hemos estado haciendo tiempo atrás y continuar poniéndonos metas que nos marcarán el camino a seguir y nos ayudarán a no bajar la guardia.

Otra vez las “metas”, las recurrentes, manidas y repetidas “metas”, dejándose ver nuevamente, preparando esa “vuelta a empezar”, esperando a que finalice el obligado descanso y cogiendo ya posiciones para ayudar a que la vuelta a los entrenamientos sea motivadora, sin dar opción a pensar, simplemente a preparar el terreno para que sólo haya que correr, sin más.

El tiempo volvió a escaparse sin apenas ser visto y tras sesenta minutos volví al punto de partida, completando de esa manera un entrenamiento “extra” cuyo valor fue más emocional que físico y en el que, a pesar de haberle robado parte del tiempo al descanso, me ayudó para poner mis pies en una nueva línea de salida y fijar la vista en un nuevo horizonte, ese en el que espero y confío pueda conseguir nuevas satisfacciones y si no es así, como siempre digo, seguro que habrá merecido la pena hacer esa travesía.

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Descanso y vuelta a empezar

Tras un periodo de descanso, de mayor o menor duración, ¿has sentido esa sensación de tener que hacer un “reseteo” para saber en qué punto deportivo, físico, te encuentras?, anímate y deja tu punto de vista. Si te ha gustado este escrito, compártelo. Muchas gracias.

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Un comentario a Lo que pienso mientras corro (XI): Descanso y vuelta a empezar

  • Cristina  dice:

    Hola Paco:
    Merecido descanso eh!!! Bueno somos la leche los Runners eh!!! No descansamos todo lo q deberíamos ni hartos , Jajajaja…
    Bueno espero Q tus piernas se hayan recuperado y a seguir haciendo km ok .
    Besos y saludos .

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