Lo que pienso mientras corro (XIX): Berlín

Berlín

Berlín, Berlín y otra vez Berlín… inevitable, completamente inevitable su presencia en mi cabeza, en mis pensamientos, en cada una de mis zancadasBerlín, una y otra vez… inevitable, Berlín.

Han pasado diez meses desde que en noviembre del año pasado empezara a fraguarse el sueño de poder correr el Maratón de Berlín. Diez meses de los cuales los últimos cuatro han sido sólo y exclusivamente para prepararme de cara a esa cita, en los que cada uno de los días que he entrenado lo he hecho con la mirada puesta en una meta que se vislumbraba muy lejana, pero que poco a poco ha ido acercándose en el tiempo, con el paso de los días y con el paso de los kilómetros.

Esta mañana, como tantas y tantas de las mañana en las que suelo salir a correr, a esa hora en la que el amanecer queda aún lejano y la oscuridad de la noche muere a manos de las luces artificiales, no me he parado a mirar al cielo, como otras veces, ni siquiera me he fijado en qué parte del firmamento se hallaba una luna que de nuevo empieza a crecer, no, no lo he hecho. Esta mañana simplemente he empezado a correr

Solo y en silencio, hoy sentía que necesitaba más que otras veces esa soledad que tanto me ayuda, en la que tantas veces me refugio y sabedor de ello he ido provisto de mi frontal, lo que me ha permitido dirigir mis pasos hasta el monte, donde perdido entre pinos me he colado en la noche, como un culpable que intentaba escapar de su fechoría… la luz colocada sobre mi frente me permitía abrirme paso y en silencio corría.

Atrás han quedado muchos días cargados de kilómetros bajo el calor de un verano especialmente sofocante, largas semanas de entrenamiento sin apenas descanso, pero que no dejan de ser parte de lo normal que debe hacer todo aquel corredor que decide preparar un maratón, con el “aliciente” de hacerlo a lo largo de todo un verano. Nada nuevo, ningún arco de iglesia por hacer, nada extraordinario que aplaudir, pero que inevitablemente pasa una y otra vez por la cabeza mientras se va acercando la fecha de esa cita para la que te estás preparando.

Oscuridad, silencio, sombras de formas extrañas proyectadas por mi luz… olor a pino y a tierra fresca por la bajada de temperatura en la primera madrugada de un recién estrenado otoño, que esta vez ha llegado dos días más tarde de lo que en él suele ser habitual. En esta ocasión no ha habido música con la que acompañarme, sólo mis pasos, mi respiración y mis pensamientos, que parecían hablarle a la noche.

Las piernas se han movido muy lejos de su alegría habitual, soportando molestias en gemelos, tobillo derecho, rodillas, hombros e incluso la respiración se ha vuelto anormal, desacompasada, elevando las pulsaciones a valores extrañamente elevados. El equilibrio y el orden habitual de carrera han parecido saltar por los aires, provocado por la ansiedad, los nervios y unas ganas excesivas que han bloqueado la realidad… una realidad muy próxima a Berlín, demasiado cercana, y que ha cortocircuitado todo mi autocontrol.

Cientos, miles de luces bajo mis pies, en el horizonte, alumbrando las calles de una ciudad dormida casi por completo, con cientos, miles de sueños escapándose en la noche, ascendiendo y perdiéndose en un camino que tal vez los convierta en realidad o tal vez queden perdidos para siempre, ocultos en un abismo donde tantos y tantos sueños nunca llegan a ver la luz.

Y he levantado mi cabeza para mirar al cielo, proyectando el haz de mi luz al infinito, como queriendo acariciar alguno de esos pequeños puntos luminosos situados sobre mí, esos que muchos artistas pintan colgados de hilos invisibles y que cada noche adornan ese cielo bajo el que vivimos y respiramos. El cielo sobre Murcia, he pensado, ese mismo cielo que en apenas veinticuatro horas continuará recogiendo sueños y precipitando oscuridad… pero en ese caso será un cielo algo diferente, porque será el cielo sobre Berlín.

Mi entrenamiento se ha ido consumiendo poco a poco, el último entrenamiento antes de poner mis pies en suelo berlinés, antes de acercarme de nuevo a la distancia reina, esa que te juzga sin piedad, esa a la que no le importa cuánto hayas entrenado, ni cuantas veces te hayas enfrentado a ella, porque sólo ella es capaz de someterte y zarandearte igual que a un pelele en algún momento a los largo de sus cuarenta y dos mil metros.

No he podido evitarlo, como tampoco lo he podido evitar tantos días atrás, por un momento me he imaginado entrando en meta, llegando al final de una carrera que empezó hace meses y que en Berlín reflejará solamente eso, el final. Puede ser un final dulce o un final amargo, pero sea como sea, sólo representará la punta de un iceberg bajo el que se oculta y se esconden muchos números, muchos anhelos, muchos pensamientos, junto con los ánimos y las palabras de todos los que de una manera u otra habéis sido testigos de esta pequeña travesía hasta llegar a este nuevo maratón.

Todo cuanto ha quedado durante este camino rumbo a Berlín va guardado en esa maleta que no precisa facturarse, ni someterse a controles de policía, en esa maleta que todos albergamos en el pecho y que en los momentos de soledad son nuestro sustento, nuestro alimento, el argumento que nos permite llegar allá donde nos proponemos, en definitiva, nuestra motivación.

Sesenta minutos han marcado el final de mi entrenamiento y al parar el cronómetro ha sido inevitable, un escalofrío ha recorrido mi cuerpo y mi piel se ha erizado… todo está hecho, el ensayo ha terminado y ahora toca actuar. El escenario serán las calles de Berlín, las protagonistas mis piernas y el premio, la satisfacción por superarme una vez más… con su permiso y sin perderle jamás el respeto, un respeto que si siente faltado te lo hace pagar, sin remisión… con tu permiso, Sr. Maratón.

No, aún no había amanecido, las calles continuaban vacías y en mi cabeza se ha detenido todo, como si un portazo hubiese cerrado una sala, dejando únicamente un eco sordo tras ella… una puerta que se abrirá la mañana del próximo domingo, en Berlín, sí en Berlín, donde sólo valdrá correr, donde sólo tendrá sentido correr y donde daré todo cuanto llevo dentro solamente para eso, para:

Correr… esta vez en Berlín.

Berlín

Berlín

Mucha suerte para todos lo que os estéis preparando para correr un maratón u otra carrera, ya sea en Berlín o en cualquier otra ciudad. Esta vez mis pensamientos reflejan un torbellino de sensaciones, un cúmulo de deseos que espero controlar hasta el final, para entonces darles rienda suelta como se merecen. ¿Crees que exagero en mis pensamientos o por el contrario te has sentido identificado?, anímate y deja tu punto de vista. Si te ha gustado este escrito, compártelo. Muchas gracias.

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2 comentarios a Lo que pienso mientras corro (XIX): Berlín

  • Angel Armesto  dice:

    Buenos días,que buena reflexión del entreno premaratón,me he sentido plenamente identificado con tus palabras,ahora recuperar y seguir entrenando.
    Nos vemos en la próxima,seguiré tu blog.
    Un fuerte abrazo,del compañero de Xabier,encantado de haber compartido ésta magnifica experiencia,sois otra parte que se quedará en el fabuloso recuerdo de ésta carrera.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Ángel! Muchas gracias por asomarte por este rincón y dejarme tus amables palabras. Me alegro que te hayas sentido identificado con mi reflexión previa a esta importante cita, algo que tal vez sólo llegue a comprender aquel que se prepare para una cita como ésta, en cualquier caso, son sÓlo los pensamientos de un corredor que ha encontrado en este deporte algo más que eso, que deporte.

      Me alegro mucho de haberos conocido, tanto a ti como a Xabier, y espero que en un futuro no muy lejano coincidamos con las zapatillas puestas y kilómetros de por medio.

      Un fuerte abrazo y muchas gracias, de nuevo.

      Paco.-

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