Locos de todos los colores

Post locos

Sucedió mientras me encontraba inmerso dentro de una sala de medianas dimensiones, rodeado de enormes imágenes que se proyectaban a modo de secuencia continua. La luz y los colores de esas escenas fijas me envolvían y una potente, pero agradable megafonía, vestía con una sutil y acertada banda sonora el momento.

Rojos, amarillos, verdes, granates, azules, marrones, ponían el color a aquellas fotografías que, a pesar de su condición inerte, parecían cobrar vida ante mis ojos. Retratos, paisajes rurales, escenas costumbristas, noches estrelladas, bodegones de girasoles, campos de trigo. Trazos gruesos, marcados por las huellas de la paleta; grotescas pinceladas en perfecta armonía, que parecían bailar al son de las notas de un acordeón que sonaba, que lloraba, como única compañía.

Arte, simples sentimientos transformados en pintura; arte, refugio elegido para dar rienda suelta a los delirios bohemios de un loco que no busca tener cura; arte, tan solo un grito, un estruendo ensordecedor, emitido sin decir una sola palabra. Arte o locura, líneas paralelas que ni tan siquiera en el infinito son capaces de cruzarse. Locura, ¿cordura?

Estoy cuerdo porque así me ves tú o porque así quiero que me veas. Me escondo detrás de una camisa que no fuerza, pero viste y protege. Te miro y no sabes qué pienso, no imaginas qué escondo, ni tampoco qué busco. Estás cuerdo, porque así lo creo y no me importa si hay algo que guardas a tu espalda y finges con esa mueca que todos llamamos sonrisa; allá tú con tu locura, como allá él con la suya… yo también estuve cuerdo.

Locos de todos los colores, para pintarlos… tantos, como locos de todos los sabores, para probarlos. Benditos locos, capaces de dejar el recuerdo de su locura, de contagiar una demencia convertida un día en permanencia. Azul, para los poetas; rojo, para los enamorados; amarillo, para los atrevidos; verde, para la aceituna; negro, para el carbón; y rosarosa para el viento, que todo lo mece, que todo lo mueve, como ideas que van y vienen… locas ideas.

Qué delgada la línea que separa cordura de locura, o ¿era locura de cordura? ¿Acaso nacemos todos cuerdos y nos volvemos locos o tal vez, nacemos locos y nos volvemos cuerdos? ¿Quién sabe? ¿Y qué más da? Todos estamos locos, aunque solo unos pocos nos atrevamos a expresarlo, aunque solo unos pocos podamos observarlo. Locos sin atar, sin necesidad de encerrar al abrigo de cuatro paredes, incapaces de enseñar, de mostrar, de contagiar su locuralocos estériles, preñados de abortos que guardan con celo en sus entrañas.

¡Adelante!, no seáis cobardes, sacad, parid vuestras locuras y enseñad que sí, que todos estamos locos. Contagiémonos de nuestras locuras, mandemos a hacer puñetas tanta compostura, tanta amargura y enloquezcamos un poco más cada día… que mueran de tedio los aburridos, de miedo los cobardes, de envidia los avaros… de lástima los penosos. Que la vergüenza esté erradicada, que el ingenio sea venerado y que el mundo entero gire alrededor de un sol jamás imaginado.

Locos, necios, estúpidos pirados o simples enfermos apasionados, de esos que prefieren, como dijera el artista, morir de pasión antes que hacerlo de aburrimiento. Y mientras vivan, antes de fallecer víctimas de sí mismos, siembren y contagien, ajenos a su conciencia, la locura, la genial locura de su estúpida realidad, de su única verdad, sin importar…

No importa que nadie te vea,

o, ¿acaso naciste para ser contemplado,

para ser alabado?

Burla la razón,

desnuda tu verdad, y

esputa con rabia lo que engendras en tu interior.

Comparte esa vida,

sin saber

quién te entenderá,

quien te escuchará.

Quizá seas solo un loco más,

un jodido loco más,

pero es tu locura

la misma en la que,

mañana,

otros mirarán y se verán,

incapaces de reconocer,

en su silencio,

que ellos también lo son.

Solo son

unos locos más.

Y seguí inmerso dentro de aquella sala de medianas dimensiones, rodeado de enormes imágenes que se proyectaban a modo de secuencia continua. La luz y los colores de esas escenas fijas me envolvían y una potente, pero agradable megafonía, vestía con una sutil y acertada banda sonora el momento…

miraba, me veía y en silencio descubrí que, yo también, soy un loco más.

Post locos

Locos

¿En qué momento ahogamos nuestra voz, en qué instante empezamos a esconder nuestra luz? Una simple, pero genial exposición de pintura me acercó un poco a la locura, esa que todos vemos pero que en nosotros quizá no reconocemos, sin darnos cuenta de que en el fondo todos somos unos simples locos. Si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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