Maldita lesión

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Daño, perjuicio, detrimento, en definitiva: lesión. Esa es la definición que otorga nuestro Diccionario de la Lengua, al que tan a menudo suelo dirigirme para encontrar las palabras precisas con las que referirme a un vocablo y que en esta ocasión me ha hecho mirar en su interior para buscarla a ella, a la lesión. Término al que yo defino como un fantasma para cualquier deportista, imprevisible la mayoría de las veces y siempre, siempre inoportuna.

Una lesión no supone sólo un paréntesis en la práctica de la disciplina deportiva que practiquemos, ¡ay!, si fuera sólo eso, ¿verdad? No, una lesión es mucho más, puesto que ese paréntesis no es comparable a un simple descanso, ya que a ella siempre va ligada una pérdida de la forma física que se ostenta y el consabido período de recuperación obligatorio no sólo para salir airoso de esa lesión, sino para volver a coger el tono previo a caer en ella.

Mezclando por un momento letras y ciencias, voy a dejar un burdo teorema que vendría a decir algo así como…

Tenemos un sujeto, llamado A, que practica una actividad deportiva, llamada B, como parte importante de su día a día, obteniendo con ella una serie de beneficios en su organismo, tanto de tipo físico y psíquico, llamados C y D. Esto nos lleva a poder decir que:

(1) A + B = C + D

Sin embargo, la introducción de una variable de carácter aleatoria, llamada n, entre los dos primeros sumandos altera el resultado de la anterior ecuación, hasta el punto de igualar a ésta a cero:

(2) A + B + n = 0

Dicho de otra manera, si hacemos una equivalencia entre ambas expresiones matemáticas (1) y (2), podremos ver claramente que:

(C + D) + n= 0

Lo que nos indica de manera evidente y por simple despeje matemático que la variable aleatoria, llamada n, es igual a:

n = – C – D

Es decir, que el resultado de dicha variable, dotada de ese carácter aleatorio y probabilístico es sencillamente una pérdida o disminución de los beneficios físicos y psíquicos que van asociados a la suma de un individuo y una actividad física. Dicho vulgarmente y como corolario de este teorema, si a esa variable la denominamos lesión podremos decir con absoluta certeza que:

Una lesión nos jode física y mentalmente

Vulgaridades y desvaríos matemáticos a un lado, lo que está claro como el agua es que una lesión es un parón físico en el deporte que practiquemos y una faena de tres pares de narices en el efecto terapéutico que su práctica nos reporta. Y, lógicamente, dentro de tantos deportes mis ojos se detienen en este que nos une y que tiene como elemento principal a un par de zapatillas.

Correr pertenece a ese grupo de deportes en los que su práctica es algo puramente personal, donde no se necesita de compañero alguno con el que, ni contra el que practicarlo, por lo que una lesión sólo afectará en exclusiva a quien lo realiza, esto es, a nosotros. Es decir, aquí no hay un grupo que pueda quedar mermado por nuestra baja temporal, no, ni mucho menos, aquí sólo hay uno que lo sufre y ese, sabéis quién es, ¿verdad?

Tal vez sea por ese carácter personal o por la propia naturaleza que tiene este deporte en concreto, pero lo cierto es que cuando un corredor se lesiona es como si diese un paso más allá y el dolor provocado por la lesión se vuelve completamente insignificante si lo comparamos con el hecho en sí de no poder correr. Eso último sí duele y mucho. Quizá por eso, por ese dolor que no se puede cuantificar y que sólo otro corredor puede entender, existe ese miedo a caer lesionado, de la misma manera que existe ese carácter tozudo del que solemos hacer gala todos los runners (o casi todos).

Una tozudez que nos impedirá detener nuestra carrera cuando sintamos un pinchazo o una fuerte molestia, a pesar de ser diferente de cualquiera con las que estamos familiarizados… “va, seguro que no es nada, además sólo quedan 18 kilómetros… o que nos hará atar nuestras zapatillas y echarnos a la calle, tras varios días de reposo para curar una lesión que a todas luces sabemos que es insuficiente para hacerla desaparecer… “vamos a probarnos, seguro que esto está ya… joder, que llevo cuatro días parado y no me duele ya…”. En la mayoría de los casos, la lesión estará ahí, nos guste o no.

Por pura lógica matemática y sin volver a perderme en teoremas, quien no se lesiona es aquel que no practica deporte alguno, por lo que tarde o temprano alguna lesión nos vendrá a visitar y siempre, siempre, tendrá la virtud de hacerlo cuando menos la esperemos o cuando mejor en forma nos encontremos… bueno, tampoco será así, lo sé, pero coincidiréis conmigo en que nunca, nunca nos vendrá bien, eso seguro.

Sin embargo, esa certeza de padecer una lesión no nos libra de ser disciplinados y sensatos a la hora de correr, evitando someternos a esfuerzos por encima de nuestras posibilidades, exponiéndonos a kilómetros y kilómetros de manera alocada y sin un fortalecimiento gradual y progresivo de nuestras articulaciones. Así, deberemos combinar diferentes tipos de entrenamientos que nos permitan potenciar tanto la resistencia como la intensidad y alternar días de descanso y tonificación muscular que nos ayuden a ir asimilando poco a poco nuestro querido deporte.

En cualquier caso, estemos preparados, sobre todo psicológicamente, para ser capaces de llevar de la mejor manera posible una lesión y no olvidemos que por mucho que nos duela (la lesión no, sino el estar lesionado) lo mejor es ser cautos, sensatos y recuperarnos como es debido y a su tiempo“bueno, ahora en una semana recupero la forma y de nuevo estoy corriendo a 5,00 el kilómetro, fijo…”, ¿a que sí?

No dramaticemos y tengamos presente que una lesión no es el fin del mundo y que sí, aunque no lo creamos, hay vida después de ella y sí, volveremos, volveremos a correr. Sin duda, lo mejor es tomárselo con humor… aunque a ver quién es el guapo que estando lesionado no jura para sus adentros en arameo diciéndose aquello de:

Maldita lesiónpost_lesión2bis

¿Crees que exagero al referirme a una lesión tal y como lo he hecho?, ¿te parece que los runners somos tozudos? Anímate, deja tu punto de vista y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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