Marcando la meta rumbo a Sevilla: Diciembre…

Diciembre

Un largo diciembre, es el título de una de esas canciones que un día escuchas y sin saber por qué se cuelan directamente dentro de ti… al menos así me pasó a mí con ella y es precisamente su título el que encaja a la perfección para resumir lo que ha sido él, diciembre, en mi preparación, en mi camino, hacia esa meta llamada Sevilla, y su maratón.

Diciembre comenzó con ese sabor dulce que había dejado el mes anterior, prolongándose casi hasta mediados de mes, concretamente hasta después del medio maratón corrido en Torre Pacheco, donde pude evidenciar que todo seguía saliendo bien y los frutos del trabajo y la constancia se dejaban sentir sin grandes esfuerzos. Pero fue precisamente un esfuerzo estúpido, concretamente el realizado durante la última de una tanda de 15 series de 300 m. unos días antes, cuando noté que me había sobrepasado en exceso, llevado sin duda por la confianza y el buen estado de forma en el que me sentía, al apurar más de la cuenta y cargar sobre mi zona lumbar el peso del último esfuerzo de esos trescientos metros.

En ese instante supe que me había hecho daño, pero imaginé que no sería nada serio de lo que preocuparse y las buenas sensaciones y el resultado de días después, durante los 21K de Torre Pacheco, así me lo hicieron creer. Sin embargo, estaba equivocado. La aparente sobrecarga que sentía en mi cuádriceps izquierdo, achacada a la acumulación de kilómetros, no lo era tal y reflejaba la respuesta nerviosa de mi columna vertebral, en esa zona que supone mi verdadero Talón de Aquilés.

La siguiente semana vino plena de entrenamiento, pese a las molestias sentidas en cada zancada, que día a día fueron haciéndose más acusadas. Con todo ello, el miércoles-20 me vi obligado a parar a penas veinte minutos después de haber iniciado un nuevo entreno. La respuesta nerviosa de mi espalda se manifestaba en una cojera inevitable al intentar correr y comprendí que continuar empeñándome en correr era lo menos inteligente que podía hacer.

A partir de ese día comenzó el verdadero mes de diciembre en mi camino hacia esa meta situada en Sevilla. A la enfermiza obsesión habitual que suele tener todo corredor por no poder correr, se unió esa otra inevitable y lógica preocupación: la de echar a perder parte del trabajo realizado y el temor a truncar ese sueño, abonado a diario desde meses atrás.

El trabajo físico de interrumpió por completo y la parte psíquica se vino abajo, de la misma manera como un castillo de naipes se desmorona por el efecto de una leve brisa. Los miedos y fantasmas de hace dos años volvieron a aparecer, y la ilusión y las ganas de transformaron en desilusión y desánimo. La siguiente semana fue de parón total y absoluto, algo así como una depuración corporal y mental, una transición para calmar los ánimos y mirar sin pesimismo las semanas que están por venir… algo así como un pequeño reseteo para escuchar las palabras de ánimo de amigos y compañeros, y comprender que pese al parón puede que no esté todo perdido.

La segunda quincena de diciembre se hizo larga, excesivamente larga y la sensación de estar sin correr se volvió exponencial a los días reales parado. Una semana después, comprendido que el mundo no había terminado, comencé de nuevo a andar en ese camino rumbo a Sevilla, aunque en esta ocasión no fuese corriendo. La última semana de diciembre la completé con días entrenamiento combinados con elíptica, natación y caminatas, sin olvidarme de mis diarios y rutinarios ejercicios de estiramientos, mucho más importantes en esta etapa. Poco más que hacer, poco más que pretender.

Las uvas, las doce uvas, pusieron el punto final a diciembre y un año que deportivamente ha tenido sus altibajos y que desde agosto venía siendo favorable. La incertidumbre por la duración de este alto en el camino ha dejado de asfixiarme, pero resulta inevitable querer tener la respuesta de cuándo podré volver con esa rutina y esa senda hacia tierras hispalenses. De momento queda saber el resultado de la resonancia magnética que debo hacerme, escuchar a mi cuerpo y no forzar más allá de donde no deba. Dos semanas puede ser un tiempo perdido irrecuperable o el descanso forzoso de un cuerpo que reclamó ser escuchado.

Sea como fuere, la realidad es la que hay y el imprevisible diciembre, sin avisar, me dejó una parte de la preparación que a veces también tiene un maratón: la de enfrentarte a un imprevisto y quién sabe si ser capaz, si estar a tiempo de superarlo y dejarlo atrás o, si por el contrario, llegar a ese momento de comprender que esa meta no estaba escrita para mí. Mientras tanto seguiremos mirando a Sevilla y seguiré acercándome a ella, pero esta vez sin correr… eso lo dejo para el próximo mes.

Sí, el camino quizá sea largo y pese a los meses empleados en recorrerlo puedes tener la sensación de que no duró tanto como habías imaginado, tan solo por tener la visión completa de él, por saber dónde empezaba, por saber dónde terminaba y por saber cuáles eran las etapas por las que pasarías. Sin embargo, la incertidumbre y el desconcierto de un imprevisto pueden hacer que unos días o unas semanas se conviertan en un período de tiempo largo, eterno, simplemente por esa necesidad de saber… de saber dónde estás. Hacia donde me dirijo lo sé, pero ahora, recién terminado diciembre me resulta inevitable preguntarme si llegaré y algo casi tan importante o más, ¿cómo llegaré?

Mientras tanto, tú no te muevas, que no he dejado de mirar a ti, aún no he dejado de pensar en ti…

Espérame, Sevilla.

Diciembre

Un largo diciembre.

Si algo dije desde que comencé esta preparación fue que estaría cada día con los dedos cruzados, como si de un talismán se tratase… no sé en qué momento del pasado mes de diciembre dejé de mantenerlos es esa posición; no importa, es algo que de nada vale ya, tan solo queda confiar, esperar y como siempre, no dejar de trabajar. Si te has visto alguna vez en esta situación en tu camino hacia un maratón, anímate y cuenta tu experiencia, y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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2 comentarios a Marcando la meta rumbo a Sevilla: Diciembre…

  • Mike Manitas  dice:

    Ánimo Paco. Sin duda Sevilla te espera con los brazos abiertos, sigue mirándola que llegarás. Un saludo!

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Mike! Muchas gracias por esos ánimos y cómo no, por leerme. Espero que así sea y que el próximo 25 de febrero esté pisando y corriendo las calles de Sevilla… hasta entonces seguiré pensando e ilusionándome con ello, gracias, sin duda, a ánimos como los tuyos.

      Un placer “verte” por aquí. Un abrazo.

      Paco.-

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