Marcando la meta rumbo a Sevilla: Enero…

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Comenzó enero y con él un nuevo año… momento ideal, como suele ser habitual, para hacerse nuevos propósitos, pedir nuevos deseos, marcarse nuevos retos o simplemente proponerse la continuación hacia la consecución o el alcance de metas ya marcadas. Claro que también hay quien según le marchan las cosas puede decir aquello de Virgencica, Virgencica, que me quede como estoy.

En cuanto a mí y en el caso que nos ocupa, motivo por el cual estoy con la quinta entrega de este serial rumbo a Sevilla, una de mis peticiones para este nuevo año fue tan solo la pronta recuperación de la lesión sufrida durante la segunda quincena de diciembre. Sí, ese fue, deportivamente hablando, mi único deseo para el recién estrenado 2018.

Quienes me habéis seguido desde que empecé mi camino hasta el maratón sevillano, allá por el mes de septiembre, de sobra conocéis la ilusión y las ganas puestas en esa nueva meta, por lo que resulta del todo innecesario volver plasmar en estas líneas algo que tan solo sería repetir lo que he venido manifestando desde meses atrás.

Enero, con sus treinta y un días era un período de tiempo más que suficiente para afrontar el parón repentino en los entrenamientos, recuperarme y volver a retomar el camino marcado, por lo que pese al contratiempo inicial me mentalicé en ver esa lesión como una buena oportunidad para levantar un poco el pie y dejar recuperar el cuerpo, que como suele decirse es sabio y es el que nos obliga a parar cuando estamos sobrepasando el límite que es capaz de aguantar.

De esa manera, dejé aparcadas mis zapatillas y cambié el asfalto y la pista de atletismo por el frío y metálico ambiente de la sala de un gimnasio, repleta de aparatos para fortalecer cualquier músculo de nuestro cuerpo y poder subirte a máquinas con las que andar, correr o pedalear. En mi caso, como ya empecé a hacer la última semana de diciembre, la máquina sobre la que he pasado subido una hora a diario ha sido la elíptica, viéndola como la opción ideal para perder el tono muscular lo menos posible, sin perjudicar mi lesión. Como complemento, una posterior sesión de nado, para descargar la musculatura y equilibrar el cuerpo.

Todos los días la misma rutina, sin olvidar realmente lo que era más importante de todo, saber qué había provocado exactamente la lesión que me había obligado a parar. Tras la oportuna visita al trauma y la realización de las pruebas que estimó convenientes, se llegó a la conclusión: atrapamiento o pinzamiento del nervio femorocutáneo. Consecuencias: a nivel muscular/motor no existe lesión alguna, tan solo a nivel sensitivo, que es lo que provoca la sensación de calambrazo en la zona de mi cuádriceps, debilitando la pisada y haciendo imposible mi zancada.

Sesiones de rehabilitación, cadencia lenta pero imparable del paso de los días y poco a poco todo un mes tirado por la borda, con la ansiedad que origina el deseo de querer correr ante la inminencia de una fecha, de una importante fecha, que se acerca y la impotencia por ver que intentas trotar pese a la mejoría sustancial evidenciada y notas como poco más de cien metros son examen más que suficiente para evidenciar que la lesión, pese a verse minorado, sigue estando ahí.

Como tantas veces he manifestado, resulta doloroso estar sin correr más por el hecho en sí de esta parado que por el dolor físico de la lesión. Esa es una verdad que cualquier corredor afirmará de manera rotunda sin pestañear, pero si a ello sumamos que esa lesión es capaz de privarte de un objetivo, de una meta marcada y que esta, además, está en el horizonte desde hace un año, resulta aún más doloroso y como último agravante, si añadimos que ese objetivo te mantenía a unido al grupo de corredores, compañeros, amigos del club que formas parte, el resultado es del todo desalentador.

Sevilla y su maratón han mutado su forma, su ilusión y soy plenamente consciente que a día de hoy, mientras escribo estas líneas, son una meta inalcanzable para mí. Sé que no podré correr esos 42.197 metros épicos, pero aun así no descarto la posibilidad de estar presente en esa fiesta corriendo una parte del mismo, ya sea de principio o de final. Deseo participar de su ambiente, de su magia y sentirme maratoniano durante una parte de su recorrido, convirtiendo un simple entrenamiento en algo más que eso. Sin embargo…

Sevilla y su maratón han mutado su forma, su ilusión y soy plenamente consciente que a día de hoy, mientras escribo estas líneas ni tan siquiera sé si para el día 25 seré capaz de haberme recuperado para correr.

Como me dijo hace un par de días un amigo, un compañero de club y de kilómetros, un maestro en eso de las estadísticas, no todos los que comienzan la preparación de un maratón llegan a correrlo y yo, por caprichos del azar o porque tal vez físicamente así debía ser, he sido uno de esos elegidos… sí, Sevilla no me verá completar la distancia reina, pero confío que me vea mirarla haciendo un puñado de kilómetros por sus calles, rodeado de sus gentes y de su luz.

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Cuestión de azar.

La preparación del maratón sevillano ha entrado en su recta final y yo, ajeno a él, lo miro con nostalgia, rabia, impotencia y las mismas ganas con las que empecé allá por el mes de septiembre… ha pasado enero y tengo ganas de correr, tan solo ganas de correr. Si te has visto alguna vez en esta situación en tu camino hacia un maratón, anímate y cuenta tu experiencia, y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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2 comentarios a Marcando la meta rumbo a Sevilla: Enero…

  • Miguel  dice:

    Ánimo!, mierda de estadísticas

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Miguel! Muchas gracias por asomarte, por leerme… sí, las estadísticas son puñeteras, caprichosas y en esta ocasión me han elegido a mí. El azar es así, pero en la próxima ocasión lo esquivaré, jajajaja.

      Encantado de tenerte por aquí. Un abrazo.

      Paco.-

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